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(Por Jesús Aldabi Olvera. Prisma Internacional)

Una mujer busca algunas de sus pertenencias en un edificio que fue su hogar en Gaza. Foto: AP / Khalil Hamra.
Proceso, México, D.F., 1 de agosto (apro).- Rojas rosas asoman dentro de latas vacías de gas lacrimógeno. Una mujer mayor las riega con cuidado. Los surcos de una parcela están repletos de ellas.
Al lado del sembradío hay un memorial con una foto traslúcida que la mujer visita a diario. El memorial dice: “Adiós Bassem. Fuiste un amigo para todos nosotros”. A su lado, ondea una bandera palestina. Abu Bassem Rahmeh murió por un impacto de lata de gas en el pecho el 17 de abril de 2009.
Se manifestaba, como cada viernes, en su aldea de Bilin, de escasos mil 500 habitantes, contra la construcción del llamado “Nuevo Muro de la Vergüenza” que el gobierno israelí comenzó a levantar en 2002 con el argumento de evitar ataques contra población israelí.
El muro divide Cisjordania de Israel en alrededor de 721 kilómetros. Si es terminado, 10% del territorio cisjordano quedaría del lado de Israel.
En el caso de Bilín, separaría a los campesinos de alrededor de 200 hectáreas de sus terrenos de olivos. Desde el 20 de febrero de 2005 los palestinos de este pueblo empezaron a manifestarse.
La mujer que planta las flores se llama Subhiya Abu Rahmah. Es madre de Bassem. Después de perder a su hijo, perdió en 2011 a su hija Jawaher, supuestamente por inhalación de gas lacrimógeno.
Las latas de gas sembradas son un memorial para los 18 muertos que como los hijos de Subhiya fueron asesinados durante estos ocho años.
Sin embargo, Bilin logró que a partir de una resolución de la Corte Suprema de Israel en 2007 el gobierno comenzara a desmontar en 2011 el trazo del muro que pasa por su territorio. Varias noticias en la red lo calificaron como: “La Caída del Muro de Bilin”.
Hoy la población sigue esperando a que se le regresen 170 hectáreas, pues el trazo del muro sólo les devolvió 70. El Comité de Coordinación de la Resistencia Popular de Bilín hizo público en 2011 que no terminaría sus actividades hasta la caída del muro y el “fin de la ocupación”.
Al igual que Bilin, otras ciudades de Cisjordania, como Nablus (150 mil habitantes), se han vuelto famosas por su uso de “resistencia civil pacífica”.
En Nablus, ciudad campesina dedicada al cultivo de vid, olivo, cereales y la fabricación de jabón, ha sido invadida por el ejército de Israel en 2002 como parte de la operación Escudo Defensivo en la Segunda Intifada y ocupada en enero de 2004.
Nablus es cuna del movimiento por los presos palestinos. El 26 de mayo, casi un mes antes de que comenzara la actual operación militar Margen Protector, se organizó en Nablus una manifestación que recorrió todo el pueblo.
Y donde los asistentes mostraron sus manos atadas en solidaridad con 100 presos que el 24 de abril habían comenzado una huelga de hambre. En el centro de Nablus se había erigido una acampada permanente para los familiares de prisioneros.
“Los palestinos resisten simplemente por vivir en sus casas, ir a la escuela, comer, vivir. Es por eso que la ocupación colonial quiere a los palestinos rendidos y fuera de su país”, dice el libro Resistencia popular, escrito por Mazim Qumsiyeh, catedrático en las universidades palestinas Bethlehem, Birzeit y Al-Quds.
“Cuando los palestinos van a la escuela mientras son pateados e insultados por colonos y soldados, esto es resistencia no violenta.
Cuando los palestinos pasan horas en puntos de revisión para ir a un hospital, su cultivo, su trabajo, sus escuelas, visitar a sus amigos, eso es resistencia no violenta. Los palestinos han resistido de innumerables formas”, dice el libro.
«»Largas raíces.
El libro recuerda que desde tiempos del dominio turco otomano (1878), pasando por la ocupación británica (1917), los palestinos han usado técnicas de “resistencia popular”; esa resistencia se genera en la población, no en partidos políticos, y ha sido poco abordada por los medios de comunicación.
Igualmente explica que en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta la comunidad internacional y la sociedad civil se involucraron en el tema.
Un artículo de opinión publicado por la oficina estadunidense de Amnistía Internacional en enero de 2010 llamado La resistencia no violenta de Palestina tiene viejas raíces resalta:
“Aunque la resistencia no violenta palestina se va hasta los 1900, la imagen de palestinos violentos y armados todavía prevalece”.
El texto habla del hartazgo que durante décadas sufrieron palestinos ante su desplazamiento. Señala que a partir de los setenta y ochenta empezaron a optar por la lucha armada y las bombas suicidas.
Fue durante las Intifadas de 1987 y 2000 cuando, asevera el texto, prevaleció la imagen en los medios de comunicación de palestinos “violentos”.
Hoy, activistas como Ghassan Andoni, Mustapha Barghouti, Jamal Juma’, Abdallah Abu Rahme, Mohammed Othman y Jean Zarú han desarrollado una serie de iniciativas para expresarse que van más allá de la lucha armada.
Existe, por ejemplo, la Feria de Literatura por Palestina (PalFest), creada a partir del 2008. Han nacido medios de difusión en Internet como Electronic Intifada, que tiene el slogan “Arma de instrucción masiva”.
También existe el movimiento de presos en las cárceles que detonó el nacimiento del Día Internacional del Preso (17 de abril), en el cual se conmemora la huelga de 1985 iniciada, principalmente, para que a los detenidos se les dejara usar utensilios para expresarse, como hojas de papel y pintura.
También está la construcción de campamentos como Bab al Shams (Puerta del Sol) y Bab el Karama (Puerta de la Dignidad) en territorios amenazados por los asentamientos judíos y la fundación de Comités de Coordinación de Resistencia Popular a lo largo del muro que reivindican la lucha no armada.
Incuso, hay esfuerzos económicos como el Arca de Gaza, que intenta cruzar a Egipto con artesanías de la Sociedad Atfaluna de Niños Sordos y acciones en supermercados para promover el boicot de productos israelíes.
En la página personal de Mazin Qumasiyeh existe una lista con contactos de más de 70 organizaciones que son calificadas como “iniciativas populares de resistencia”.
En la lista hay grupos de defensa de derechos humanos, derechos de la mujer, de los niños, iniciativas culturales, centros de investigación independientes y organizaciones de doctores.
“Los medios generalmente ignoran o nunca reportan lo que 99.5% de la población palestina hace cada día en su vida desde los últimos 38 años:
resistir la ocupación con técnicas no violentas”, dice el artículo “La invisibilización de la resistencia palestina en el New York Times”, publicado en Electronic Intifada en 2005.
En una entrevista difundida por la agencia de noticias RT en octubre de 2013, el fotógrafo palestino Khadi Abu Rama, primo de Bassem, habla justo en el lugar donde se encuentra ahora el jardín de rosas dentro de latas de gas:
“El arte de la resistencia hace siempre este tipo de cosas. La resistencia hace arte para que se quiera lo que se está luchando, para cambiar la idea de lo que los palestinos están haciendo”.
«»Resiliencia.
Hasta el viernes 1 más de mil 400 muertos y 8 mil heridos ha dejado la operación militar Margen Protector desde que comenzó el 8 de julio, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad en Gaza.
Según datos de la Organización de Naciones Unidas, 747 edificios residenciales han sido destruidos o dañados y 240 mil palestinos han buscado refugio en escuelas del organismo y del gobierno.
El 30 de julio la cadena árabe Al Jazeera difundió un reportaje llamado “Palestinos cocinan el pastel de la resistencia”. El relato se adentra en la escuela al-Huda, operada por la ONU, durante la realización de la “celebración del sacrificio”, en la que los musulmanes recuerdan al profeta Abraham.
El reportero recopiló los siguientes testimonios entre las 40 mujeres que preparaban el pastel tradicional para la celebración. Dos de ellos:
Elzanin Abu: “El pastel significa resiliencia y resistencia”.
Nawal Abu Asi, cocinera de pasteles refugiada por la destrucción de su barrio en Shujayea: “Mientras más nos desplacen, más permaneceremos. Mientras más nos asesinen, plantaremos felicidad en los corazones de nuestros niños”.
Diversas marchas se han realizado en territorio palestino e israelí en solidaridad con los habitantes de Gaza. Activistas de partidos de izquierda israelí han participado en manifestaciones en Tel-Aviv y Haifa.
El pasado 12 de julio algunos de los manifestantes fueron atacados por grupos de extrema derecha. Cinco días después, 40 palestinos pertenecientes al movimiento secular Abnaa el-Balad fueron detenidos en una manifestación en la Colonia Alemana. A la fecha siguen saliendo a las calles.
Los pueblos y ciudades cisjordanos de Bilín, Nabrus, Jerusalén han salido a las calles, como lo han hecho siempre.
Contra ellos también el ejército israelí ha usado balas de goma y de municiones dejando un saldo de diez muertos y más de 600 heridos en las manifestaciones que se dirigían a los puntos de control de Husan, Qalandiya, Beit Ummar, Al Arroub, Beit Fajjar y Huwara Jalama.
En Nablus, donde se encuentra Huwara Jalama, se han dado enfrentamientos nocturnos. El joven Mohammad Qasem Hamamreh fue asesinado este 23 de julio.
Al igual que el homenajeado Bassem de Bilín, Mohammad murió por el impacto de una lata de gas lacrimógeno.
En la entrevista hecha a Khadi Abu Rama en el jardín de su primo Bassem, el fotógrafo recalca: “Tenemos mucha rabia, pero podemos mostrar lo que se puede hacer: que la vida salga de estas latas de gas, que matan gente, a los humanos”.
La entrevista termina con la frase: “Plantamos las flores para mostrar al mundo que tenemos que cambiar esta violencia”.
http://www.proceso.com.mx/?p=378601