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Recibido de Javier Arjona, corresponsal de Prensa Indígena. 14 de julio.- Somos árabes, pero ante todo somos palestinos: con una historia e identidad común, con recuerdos familiares, con sueños y sobretodo, con inmensas ganas de poder construir nuestro futuro y el de nuestros hijos, sin que nadie lo decida por nosotros.
En respuesta a “Carta abierta a todos los árabes en Chile”
Sabemos que probablemente nunca nadie se los ha dicho y que, en la mayoría de los casos, no existe una mala intención por detrás. Estamos conscientes de que los seres humanos son el producto del entorno en el que se desarrollan y de las personas con las que interactúan.
Lo sabemos, porque nosotros mismos nos hemos visto siendo moldeados por nuestro ambiente, nuestros padres, nuestros profesores y nuestros amigos.  No los culpamos por no saber que para nosotros, existe una gran diferencia entre que nos llamen  árabe y palestino.
No los culpamos porque, quizás, han crecido pensando en que somos sólo un grupo de personas sin rostro y no han tenido la oportunidad de mirarnos cara a cara.
Sólo así podrían darse cuenta de que sí, somos árabes, pero ante todo somos palestinos: con una historia e identidad común, con recuerdos familiares, con sueños y sobretodo, con inmensas ganas de poder construir nuestro futuro y el de nuestros hijos, sin que nadie lo decida por nosotros.
Sabemos que ustedes conocen este sentimiento: el sentir que para otros, sus vidas son tan solo un número. Sentir que su pueblo está siendo masacrado y que el mundo, mientras tanto, permanece impávido.
Entendemos, como nadie, el dolor que sus antepasados sintieron alguna vez y por lo mismo, es que nos extraña que ustedes, los más jóvenes de la comunidad judía, no estén llevando hoy la bandera de lucha de los derechos humanos con nosotros.
Debemos ser justos, todos nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer judíos que se han atrevido a pronunciarse, así como a alzar la voz con nosotros.
Ellos se han ganado nuestro respeto y admiración, porque no sólo han sido capaces de empatizar con el dolor ajeno, sino que han dado un paso más allá: han aprendido de su propia historia personal.
Ellos han entendido que denunciar actos inhumanos, no es importar el odio, sino que importar la justicia. Ellos entendieron que los palestinos que viven bajo ocupación israelí no pueden dar esta batalla por sí solos y que nosotros debemos ser la fuerza que a ellos les falta.
No se trata de odiarlos a ustedes, sino que de amar a los nuestros y de sentir la responsabilidad moral de querer que vivan en mejores condiciones.
Tal vez, en el pasado, se hubiesen podido evitar muchas masacres si es que alguien se hubiese atrevido a ser la “voz de los sin voz”. El “ahora” siempre será el momento preciso para actuar. De eso estamos convencidos.
Después de todo, hay que comenzar a trabajar por la paz y esa es una tarea que sólo vamos a poder construir juntos. Sabemos del dolor que han sentido como comunidad durante los últimos días, lo sabemos porque, lamentablemente, nosotros recibimos noticias así casi a diario.
Entendemos que tras de cada joven fallecido hay una familia, hay una madre  y un futuro que ya no será más. Hemos condenado enérgicamente el asesinato de los 3 jóvenes secuestrados, sin siquiera saber realmente qué fue lo que les pasó.
Lo lamentamos profundamente porque sabemos que todas las vidas son valiosas y porque, tras más de seis décadas de ocupación, hemos aprendido a valorar más que nadie los Derechos Humanos y el respeto por la vida.
Pero, por favor, no nos pidan que no denunciemos lo que sucedió tras el secuestro. No nos pidan que ignoremos que ejércitos armados entraron a las casas de nuestras familias a hurguetear sin ningún respeto.
No nos pidan que callemos que, en la búsqueda, murieron siete personas y fueron detenidas masivamente, otras cuatrocientas.  No nos pidan que callemos, porque el silencio no genera cambios. Y Palestina, a pesar de lo necesario que resulta, hace ya 66 años que no ve cambios.
En efecto, tenemos la posibilidad de transmitir que podemos vivir juntos y revueltos en un mismo espacio. Que para esto, es necesario garantizar derechos y libertades equivalentes para todos, lo cual no puede suceder en un régimen de ocupación y desposesión como el que maneja la vida de los palestinos.
En Chile no hay conflicto porque ninguno impide al otro retornar a sus hogares, o controla hacia dónde y cuándo puede viajar, o coloniza sus tierras, o secuestra a sus hijos.
Es cierto, debemos mostrar que podemos vivir sin odio y sin ocupación; pero sobre todo, que el camino hacia la paz y la fraternidad no es el sometimiento, sino que la justicia y el reconocimiento mutuo.
Los necesitamos a ustedes en esta misión.
#OjoPorOjoyAcabaremosTodosCiegos #ExportTheJusticeandThePeace Alaikum Assalam. Aleijem Shalom.
«»Firman:
Stephanie Rabi – Vicepresidenta de Comunicaciones UGEP-Chile. Marcelo Marzouka – Ex presidente UGEP- Chile. Diego Khamis – Presidente  Directorio Juvenil Club Palestino. Javiera Abu-Ghosh – Directorio Juvenil Club Palestino. Isidora Gutiérrez – Juventud Belén 2000. Francisca Khamis – Juventud Belén 2000.
«»Fuente: Carta abierta a los jóvenes de la Comunidad Judía de Chile
Foto: Víctor Pérez / AgenciaUno.
Jóvenes chileno-palestinos.
http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=51290