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(Por Eduardo Ibarra Aguirre. FORUMENLINEA)
Argenpress, 27 de junio.- Paradojas no de la vida sino de la política. Ayer fue celebrado en toda la aldea global el Día Internacional de las Naciones Unidas en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, declarado el 12 de diciembre de 1997 por la Asamblea General con vistas a la erradicación total de ésta.
Y también el jueves 26, el titular del Ejecutivo federal presentó, con 18 meses de retraso, el Programa Nacional de Derechos Humanos 2014-2018.

 

La ceremonia presidencial fue ocasión para que políticos dedicados de tiempo completo al quehacer público dijeran verdades indiscutibles, como el rector José Narro, quien cada vez más es harina de todos los moles (Eduardo López Betancourt dixit):

 

El que sostenga que en materia de derechos humanos en México no se ha hecho nada, “falta a la verdad; quien crea que todo se ha cumplido, comete una irresponsabilidad o vive una fantasía”.

 

También para que Miguel Osorio confunda la hechura de un programa nacional con la existencia de una política de Estado. Si el hidalguense tuviera razón, México poseería políticas estaduales para todo, con tanto programa aprobado en este y anteriores gobiernos.

 

La grandilocuencia y la gana de quedar bien con el jefe sexenal en turno, arrojó frases para el bronce que lamentablemente Carlos Monsiváis ya no puede rescatar:

 

Es “un paso decisivo en la historia de la promoción y defensa de los derechos humanos, por primera vez México cuenta con una política de Estado en esta materia”.

 

Más mesurado, Enrique Peña Nieto subrayó que “ha habido avances importantes en la defensa de estas garantías fundamentales”, pero aún “hay un trecho por avanzar para su plena vigencia”.

 

Raúl Plascencia Villanueva, quien busca afanosa y hasta facciosamente la reelección en la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, reconoció que el gobierno del mexiquense de Atlacomulco “ha aceptado todas las recomendaciones que emitió la CNDH en 2013.

 

Esto era algo que no se observaba desde hacía más de una década”. Y por si no fuera suficiente dijo que “han disminuido en 50 por ciento las quejas en contra de las fuerzas armadas”. ¿Importa en México, donde 97 por ciento de los presuntos ilícitos no son denunciados? Los derechos humanos universales, indivisibles e imprescriptibles al servicio de la carrera política de unos cuantos.

 

La oratoria oficialista está tan desligada de la realidad, que en latitudes académicas exclusivas y comprometidas como es el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana se calcula que la tortura se quintuplicó desde el gobierno de Felipe Calderón hasta nuestros días, aunque advierte José Antonio Ibáñez que no existe la posibilidad de tener cifras exactas.

 

La tortura mexicana “es institucional” pues se tiene como estructura automática, a pesar de que “‘no hay razón política, económica, social o estratégica” que la justifique, sostiene Ibáñez Aguirre; pero afirma que no es una (sub)cultura nacional porque los mexicanos no la tienen arraigada.

 

Y perjudica a los más pobres pues tienen menos medios para defenderse y seguir una denuncia. La justicia clasista, pues.

 

O como reportamos aquí el 9 de mayo. Una docena de días de visita a México fueron suficientes para que Juan E. Méndez, relator especial de la ONU sobre Tortura y otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes, concluyera que son un fenómeno generalizado.

 

Finalmente, refrendo mi obligación solidaria con la revista semanal Contralínea, Miguel Badillo Cruz y todo su equipo, con motivo del asalto a sus oficinas en el Distrito Federal, la noche del 23, y que acaso forme parte de la cadena de agresiones de funcionarios públicos y de empresas gaseras que comenzaron el 5 de agosto de 2007.

 

http://www.argenpress.info/2014/06/mexico-derechos-humanos-discurso-y.html