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Carlincatura de Carlos Tovar, Carlín. Diario La República.
Servindi, 20 de junio.- Reducir las “vallas” para enfrentar la crisis de crecimiento no es la solución adecuada. Existe una tentación facilista de reducir las vallas ambientales para enfrentar la crisis de crecimiento económico antes que buscar soluciones creativas que garanticen y profundicen la sostenibilidad del desarrollo, afirmó el ingeniero forestal Rodrigo Arce Rojas.
Existe la tentación de subordinar las consideraciones sociales y ambientales y “bajar las vallas” de los estándares sociales y ambientales que como humanidad nos ha costando tanto ir construyendo y legitimando.
Los apremios económicos deben conducirnos a ser “mucho más creativos e innovadores” y evitar caer en la tentación de desandar lo andado en material social y ambiental, advirtió.
“No estamos en una situación óptima en cuanto se refiere al respeto de las consideraciones sociales y ambientales pero hay avances importantes que no debemos debilitar. Al contrario, existe la necesidad de seguir fortaleciendo lo andado” agregó.
El Estado tiene en la promoción y práctica del diálogo una importante herramienta para profundizar la democracia y para hacer frente las crisis económicas sin dejar de lado su rol de garante de derechos de las generaciones presentes y futuras.
A continuación el artículo completo de Rodrigo Arce Rojas:
«»Afrontando las crisis económicas con creatividad y criterios de sostenibilidad
(Por Rodrigo Arce Rojas)*
20 de junio, 2014.- Sea que uno se defina como ambientalista o que otros te llamen ambientalista nos vemos en un campo muy grande de sentidos que van desde el reconocimiento hasta la crítica más feroz.
No obstante lo ambiental haya ganado carta de ciudadanía y forma parte ahora de la agenda global de la humanidad existen múltiples formas de entender el ambientalismo dependiendo de la perspectiva de cada actor.
Todos concuerdan que la sostenibilidad implica considerar lo ambiental, lo social y lo económico (aunque hay quienes consideran adicionalmente las variables políticas, institucionales y culturales), no todos concuerdan en el peso en que debe tener cada dimensión (en teoría debería buscarse un equilibrio) y es ahí cuando comienzan a subordinar los planos según su particular visión y sentimientos.
Es aquí  cuando empiezan a levantarse las etiquetas que llevan la partícula “ista” que denota el peso específico que una persona le da a “su plano”.
Por eso es que el epíteto de ambientalista transita entre principista, consecuente, amante de la naturaleza y va transitando rápidamente a retrógrado, enemigo del progreso, iluso, soñador.
Como sabemos todos los planos son importantes y es el diálogo generativo el que nos permite ir encontrando los puntos de equilibrio y sensatez. Privilegiar una sola perspectiva y tratar de imponer tu perspectiva unidimensional no ayuda en el proceso de buscar acuerdos sostenibles y equitativos.
El gran reto que tenemos como humanidad es alcanzar la armonía, la integración, la sinergia en medio de nuestras diferencias.
La mejor forma de celebrar la diversidad es reconocerlo como potentes fuerzas energéticas que contribuyen a configurar colectivamente una nueva realidad compartida por todas y todos.
Muchos quisieran creer que el crecimiento económico puede ser ilimitado y que la ciencia y la tecnología irán superando cualquier dificultad que se presente en este afán de progreso.
Pero la realidad nos va demostrando que esta pretensión es una ilusión y que cualquier desarrollo tiene límites ecológicos, más allá del cual entramos en una peligrosa sensación de crecimiento a costa de afectar los procesos y funciones de los ecosistemas, alterando su biocapacidad.
Esta forma de proceder va dejando una profunda huella ecológica planetaria que cada vez será más difícil de revertir. Frente a las crisis de crecimiento económico, existe no solo la tentación de subordinar las consideraciones sociales y ambientales, sino también la acción política para debilitarlas.
Vemos así medidas orientadas a “bajar las vallas” de los estándares sociales y ambientales que como humanidad nos ha costando tanto ir construyendo y legitimando.
No estamos en una situación óptima en cuanto se refiere al respeto de las consideraciones sociales y ambientales pero hay avances importantes que no debemos debilitar. Al contrario, existe la necesidad de seguir fortaleciendo lo andado.
Apelar al recurso fácil de reducir competencias y funciones de las instituciones ambientales, relativizar el accionar de las instituciones públicas de fiscalización ambiental, poner en incertidumbre los estándares de calidad ambiental.
Ralentizar la aplicación del derecho a la consulta previa a los pueblos indígenas, entre otras medidas, ponen en evidencia que lo que se está buscando es privilegiar los enfoques económicos antes que la sostenibilidad del desarrollo.
El crecimiento económico es necesario y es importante qué duda cabe pero éste tiene que realizarse en el marco del desarrollo sostenible. Las inversiones privadas son también necesarias pero éstas tienen que ser responsables.
El problema está cuando el crecimiento económico está orientado únicamente en agotar el capital natural y se descuida la promoción de alternativas económicas diversificadas y sostenibles.
Las crisis económicas no solo se resuelven afectando las consideraciones ambientales y sociales. Si bien es cierto hay medidas urgentes que tomar no hay que descuidar medidas de mediano y largo plazo que en perspectiva garanticen la sostenibilidad del desarrollo.
En el sector económico existe la necesidad que se profundice los enfoques y prácticas de la gestión empresarial sostenible para aumentar la ecoeficiencia y la responsabilidad para con la sociedad y el ambiente.
Existen ya al interior de las empresas el enfoque de pasar de ser del centro del desarrollo a constituirse en un actor efectivo en la construcción del desarrollo sostenible. Reforcemos estos enfoques antes de debilitarlos con medidas facilistas.
El Estado también tiene grandes encargos como mejorar su eficiencia, una lucha frontal contra la corrupción, inversión estratégica en tecnología y educación, optimización en la gestión del territorio, institucionalización del diálogo y generación de una infraestructura para la paz, entre otras tantas iniciativas.
También es necesario que se superen los enfoques asistencialistas por la promoción de iniciativas de emprendimiento social y económico para realizar grandes transformaciones sostenibles basadas en la creatividad
En la innovación y la manifestación plena de las capacidades, facultades y potencialidades humanas especialmente en los sectores tipificados como pobres y pobres extremos.
El Estado tiene en la promoción y práctica del diálogo una importante herramienta para la profundización de la democracia y para hacer frente las crisis económicas.
El Estado no puede dejar de lado su rol de garante de derechos de las generaciones presentes y futuras, necesita avanzar en la concepción de corresponsabilidad en la gestión del desarrollo sostenible y eso requiere una buena gobernanza.
Que los apremios económicos lleven a ser mucho más creativos e innovadores y que no se caiga en la tentación de desandar lo andado en material social y ambiental. Estaremos vigilantes.
* Rodrigo Arce Rojas es ingeniero forestal. Su correo es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
http://servindi.org/actualidad/107245