(Por Ilka Oliva. Corresponsal de Resumen Latinoamericano en Estados Unidos)

(Valla Melilla)
Resumen Latinoamericano, 8 de junio.- No se trata de la canción de mis adorados Los Tigres del Norte aunque el nombre es representativo de la misma y de una vorágine de migración indocumentada que está haciendo que los más vulnerables salgan a buscar en suelo estadounidense la oportunidad que les negó el país de origen.
Generalizando el tema de la migración forzada también tiene su dosis  particular que no entiende de fronteras y con la que cualquier persona con conciencia, se puede identificar.
 
Hablemos de la valla de Melilla, de los mares que dividen a la elegante Europa de la legendaria África Subsahariana, hablemos de esos incontables muros de materiales y formas habidas y por haber, de túneles, desiertos, ríos, balsas.
¿Qué tal si hablamos de añoranza? Desilusión, ¿qué tal si por un instante dejamos las remesas y pensamos en el corazón?
Creo firmemente que cuando se hace algo genuino y con honestidad, la vida lo agradece y retribuye con honra laureada y sobradamente, el esfuerzo de aquellos que fueron llamados locos…
Gracias a la demencia de quienes tuvieron la sensibilidad de ver a los invisibles del trayecto migratorio, La Jaula de Oro nos nombró, nos dio voz, nos dignificó y logró que miles a los que les éramos indiferentes voltearan la vista y por primera vez  nos contemplaran desde la  tribulación humana y realizaran con nosotros el trayecto: de sobrevivir la frontera.
¿Por qué fue tan apoteósico el éxito de esta cinta?¿Quién es  este director? ¿De dónde salió tan inteligente y humana propuesta? ¿Por qué tan cruda y veraz? ¿Por qué tantos premios a una cinta que nada tiene de ficción, ni de mercadeo? 
Primero porque el filme expone la realidad de millones, en cada escena hay miles de vidas que se ven reflejadas en el  trayecto, la adversidad y  la crueldad humana.
Porque atravesar territorio mexicano sin la documentación que asegure el tránsito legal, convierte al emigrante en un valioso objeto para mercaderes de la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral y ni qué decir del aventajado tráfico de órganos. Pero no sucede solo en México, eso lo sabemos.
En América Latina son los países centroamericanos los que más empujan a sus hijos fuera de sus fronteras en busca de Estados Unidos, el sistema corrupto, gobiernos tomados por bandas delictivas que responden a intereses de un puñado que negocia con las voluntades, la tierra, la justicia y la impunidad, quitando con esto a su pueblo toda vía de progreso.
La migración indocumentada es forzada y por ende se ve obligada a ser clandestina. De lo que se aprovechan claramente las autoridades policiales y gubernamentales del país de transito que, en contubernio con carteles de droga y tráfico de personas se adueñan de las vidas de los migrantes.
Juan –Brandon López. – un nombre común y que revela la identidad de miles de niños y adolescentes que crecen en los honrados arrabales, que la sociedad clasista se empeña en ensuciar y denigrar, los mismos que el sistema trata constantemente de aniquilar.
La zona 3 guatemalteca, legendaria por su sobrevivencia tiene tanta historia por contar. Salir de ahí para intentar llegar a Estados Unidos es una acción titánica. Nos la muestra Juan.
Sara –Karen Martínez – que personifica a tantas niñas, adolescentes y mujeres que dan por sentado que serán violadas en el trayecto y se toma la pastilla para no procrear. Tan cruda como la realidad misma. Sara tiene la ilusión de llegar a Estados Unidos pero no cuenta con que será secuestrada.
Así mismo les sucede a miles que desaparecen y que jamás son encontrados ni sus cuerpos. Queda entonces en el imaginario colectivo el final que tienen  todas estas mujeres que desaparecen en el camino.
Son las más vulnerables de los indocumentados por ser la presa fácil y por lo rentable que resulta el negocio de hacer de sus sexos un depósito de lasciva… La pregunta es, ¿qué están haciendo las autoridades competentes para encontrarlas para detener esta barbaridad?
Nada, recordemos que tanto el país de origen, de traslado y de llegada, son culpables y se benefician de esta tragedia humana. ¿Por qué tratar de detenerla si esto implicaría millonarias pérdidas para quienes se mueven en la impunidad que da estar al frente de un sistema manipulado?
El encantador Chauk –Rodolfo Domínguez– pinta la realidad del desplazamiento masivo que está suscitando en los pies de los pueblos originarios, cada día son más y más los que emigran y se ven en la desventaja de no saber hablar español lo que les dificulta la locomoción, son después de las mujeres, el grupo más vulnerable.
La Jaula de Oro, a mano dibuja la perversidad de los secuestros masivos, del abuso de las autoridades migratorias, policiales y estatales, la tristeza, decepción, añoranza y los sueños de cruzar… El lóbrego desencanto cuando se llega a Estados Unidos y nada es lo que se pensaba, o lo que nos contaron.
Y con la misma entereza y gratitud hace visibles a los defensores de derechos humanos que arriesgan sus vidas minuto a minuto para proteger las de los indocumentados.
Se puede disfrutar de la participación del enigmático sacerdote Alejandro Solalinde y las hermosas y arrechas Patronas. El nombrar los refugios que son serenidad entre tanta perversidad.
La Jaula de Oro compacta en el tiempo de su duración, las penas que han vivido millones durante décadas.
Y es en la mirada de cuatro adolescentes que logramos advertir el trayecto, ¿por qué adolescentes y no adultos?, porque cada día emigran más niños, la juventud es la que se está yendo. Son parvadas las que se ven en el lomo de La Bestia, durmiendo en albergues y en las vías del tren.
Atravesando desiertos, túneles, saltando muros, nadando ríos. Los que deben ser el futuro prometedor del país son los que  están emigrando. ¿A qué Gobierno le interesa? Qué se larguen, ¡así envían más remesas!
La mirada humana, sensible y concienzuda del director Diego Quemada-Diez, que tuvo los arrestos de arriesgarse y relatar la amargura del indocumentado en su trayecto por México hacia Estados Unidos, dignifica e inmortaliza a la legión a la que pertenecemos quienes llevamos las cicatrices de frontera, en la piel y en el alma.
Respecto a los actores: el talento de arrabal es genuino y audaz. Proezas son los alienados que se atreven a soñar.  Los marginados que respiran dignidad.
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