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(Por Gustavo R. Vega)

Recibido del autor, 3 de abril.- La destrucción de los árboles de la avenida General Paz. Quienquiera que por estos días transite desprevenidamente por la avenida General Paz, se encontrará con un espectáculo muy desagradable, por no decir francamente deprimente.
Los árboles de esta tradicional avenida parquizada que separa a la Capital Federal de la provincia de Buenos Aires han comenzado a ser talados. ¿El motivo? El ensanchamiento de la avenida, so pretexto de un incremento importante en el tráfico y la circulación de automóviles.
 
Los árboles (eucaliptos, ceibos, jacarandáes, laureles y sauces criollos, palos borrachos, tipas, álamos, aguaribays, acacias, casuarinas, gingko bilobas, plátanos, pinos, etc.) están siendo cortados con motosierras cuando no derribados directamente por bulldozers.
Uno ve cómo se les ha podado el follaje y sus ramas cercenadas brutalmente en cortes rectilíneos, lo que le dan a estos seres inmóviles un lastimero aspecto tortuoso, casi espectral.
Mientras muchos árboles han sido violentados y despojados de sus follajes y ramas, otros (algunos de los cuales se encuentran en plena floración) están esperando que les llegue el turno -que las bendiciones del "progreso" caigan sobre ellos.
Realmente es muy triste constatar cómo se están tratando a los mayores bienhechores del mundo (1), ante la mirada indiferente (o tal vez resignada) de la mayoría de los automovilistas, de los motociclistas.
De los pasajeros de los atestados colectivos y de los transeúntes que circulan por la avenida, absortos seguramente en pensamientos más "productivos" o quizás algunos preocupados cuando no alterados (comprensiblemente) por otros tipos distintos de inseguridad.
Originalmente "la General Paz", como se conoce habitualmente a esta importante avenida, había sido concebida como una "avenida jardín". Ya a mediados de la década del '30 del pasado siglo, el ingeniero Pascual Palazzo decía que…
"…Buenos Aires es pobre en parques, por lo tanto la Avenida será también un parque jardín, un nuevo pulmón de la ciudad, en cuyas inmediaciones se plantarán 70.000 árboles de especies diferentes, con hojas permanentes y caducas, algunas exóticas.
Se instalarán juegos infantiles y entretenimientos, una nota de particular atractivo para el viajero…" Uno recuerda a la antigua General Paz, anterior a la remodelación de 1996 (2).
Es cierto que en aquel momento la reestructuración de la avenida era necesaria debido al incremento del tráfico automotriz, que ocasionaba atascamiento de tránsito durante las horas pico sobre todo en los principales cruces y accesos.
Pero tampoco es menos cierto que bajo las miles de toneladas de pavimento que se vertieron para las ampliaciones se perdió mucho terreno fértil y vegetación.
El hermoso jardín urbano de la Park way nacional, con sus bellos árboles y las pintorescas casitas "alpinas" de los cuidadores, adonde acudían las familias argentinas a tomar mate, andar en bicicleta, pasear sus mascotas, remontar barriletes, observar aves.
O simplemente a pasar el día y disfrutar de la fresca sombra de los árboles en los calurosos días de verano, empezaron a desaparecer para dar lugar a una autopista más moderna pero también menos "verde".
Mientras el humo tóxico portador de gases de efecto invernadero y la polución ambiental se incrementaban, uno de los pulmones verdes de Buenos Aires se resentía y comenzaba su gradual y casi inexorable desaparición.
Refiriéndose al espíritu con que el ingeniero Palazzo había diseñado la "avenida parque" y su concepción de "pulmón verde", en el estudio sobre impacto ambiental realizado por el Departamento de Transporte de la Facultad de Ingeniería de la UBA (2008).
Se reconocía que "esta afirmación sigue siendo vigente y no sólo en la mentalidad de los vecinos de la avenida y por lo tanto consideramos que el talado de árboles durante la etapa de construcción será una de las actividades más conflictivas y de mayor impacto sobre la comunidad" (3).
Nosotros decimos, no solamente durante los tres años en que se ha proyectado concretar la ampliación, sino que los efectos negativos en el clima y el paisaje serán permanentes y representarán una degradación in crescendo de la calidad de vida de las personas de las zonas aledañas.
Así como una disminución en la biodiversidad de la región (4), ya impactada negativamente con ese descomunal bloque de cemento y mal gusto que es "Tecnópolis" (5).
El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) incluye, según los datos del Censo 2001, una población de aproximadamente 12 millones de habitantes. Esto la convierte en una de las grandes aglomeraciones urbanas del mundo y la tercera en tamaño de América Latina, después de las ciudades de México y San Pablo.
Mientras la población de Buenos Aires se incrementa exponencialmente ante la inexistencia de una política oficial de control de la natalidad y con las oleadas masivas de inmigrantes que provienen en su gran mayoría de países de la región (Paraguay, Bolivia, Perú.
Aunque también de China y el África negra) y con el incremento del "parque automotor" que tan exultantes pone a los economistas y a las autoridades, los parques, las plazas y los pocos espacios verdes que van quedando retroceden y se achican ante el cemento impune, los asentamientos legales e ilegales, la impunidad de los brockers inmobiliarios y los planes de urbanización.
Buenos Aires y la Argentina "crecen", sí, pero de un modo hipertrofiado e insalubre. Que la otrora Reina del Plata se convierta en un nuevo México D.F. sólo es cuestión de (muy poco) tiempo.
El trato que se le da a los árboles de la General Paz ejemplifica el tratamiento que se le da al mundo natural en esta Argentina grotesca de la "década ganada". Ni el grueso de la población actual parece estimar demasiado a la Naturaleza, ni los árboles y reservorios (santuarios) de diversidad biológica tampoco están en la prioridad de las autoridades gobernantes.
Los árboles son seres inmóviles, y encima, mudos; por lo tanto no les interesa a la clase político-empresarial. No "reditúan", no arrojan divisas. Tampoco dan votos, claro, por lo que su protección no le interesa al Estado (6).
Por otra parte, es cierto que en una época "rápida y furiosa" como la actual, la gente debe circular en sus automóviles sin mayores demoras. La velocidad y el "ganar tiempo" es de la mayor importancia para la mayoría.
Las "fuerzas vivas", los militantes, los estudiantes, los empresarios, los ingenieros y los trabajadores deben movilizarse incesantemente para seguir construyendo febrilmente esta nueva Argentina cumbiera de fracking.
Concreto, minería a cielo abierto, transgénicos, fútbol y –al parecer también- narcotráfico "para todos" y nada debe oponerse a que los agentes del cambio y la transformación circulen velozmente.
La misma presidente da cátedra al respecto prefiriendo el uso del helicóptero al del automóvil para recorrer los catorce kilómetros que median entre la Casa Rosada y la quinta presidencial de Olivos, aunque ello signifique gastar una fortuna en combustible o la ausencia de un ejemplo de austeridad pública en tiempos de inflación rampante.
Apretar a fondo el acelerador lo es todo para muchos, pero no quizás para los más sabios (7).
Mientras la masividad y la rapidez son importantes en un mundo que marcha cada vez más apresuradamente hacia el abismo, unos pocos -muy pocos-, pensamos que mucho más importante que colaborar con la construcción de un mundo tecnomórfico es cuidar al mundo real -al mundo viviente tal como lo formaron durante edades sin cuento las formidables fuerzas geobiológicas de la Madre Naturaleza.
Proteger al mundo, al agua, al aire, a la fertilidad de la tierra, a nuestras montañas, a la flora y la fauna, y proteger a la población, no fomentando el incremento demográfico de una población desmesurada que haga imposible la convivencia saludable en una antropósfera que debería estar armónicamente integrada a la biósfera es estar en línea con la recta razón de las cosas.
El Estado debería ocuparse medularmente de estas cosas, además de darle a la gente una verdadera cultura y fomentar una verdadera civilización. El Estado debería combatir sin reservas al crimen y proteger al mundo.
Un verdadero Estado no puede desconocer que estamos en una época de calentamiento global. Que la temperatura promedio del planeta suba tan sólo uno o dos grados significa que la sangría de las especies que desaparecen no cesará.
Por ello un Estado que prioriza los automóviles y el cemento a los árboles, el mero peso muerto de la masa demográfica a una población jerárquicamente educada, el dióxido de carbono al oxígeno, las inversiones capitalistas al cuidado de nuestros ríos y montañas, de la flora y la fauna terrestre y marina.

Y las interminables "transformaciones" ambientales, culturales y sociales al resguardo celoso de lo que constituyen los fundamentos ecológicos y ontológicos de nuestra patria (antropológicamente, con raíces profundas en el biocéntrico mundo precolombino).
No es un "Estado" en el auténtico sentido de la palabra, es una entidad política surgida al amparo de las tinieblas de una edad intelectualmente sombría.
Buenos Aires, 3 de abril de 2014.
«»NOTA:
(1) Sobre la inmensa importancia de los árboles véase el artículo de Jim Robbins, http://www.clarin.com/zona/Plantar-arboles-ayuda-salvar-vidas_0_959904092.html  .
(2) Efectuada por Autopistas del Sol, la remodelación de la avenida General Paz consistió en la ampliación de los cuatro carriles centrales a los seis carriles que posee ahora más las dos calles colectoras.
(3) Véase el informe completo en 
http://www.occovi.gov.ar/concesiones/pdf/gral.paz/impacto_ambiental_gral_paz.pdf
(4) En los alrededores de la General Paz se han detectado una gran riqueza de especies vegetales, animales y otros organismos.
Se encuentran en esta área alrededor de 1.600 especies de plantas superiores, con una gran variedad de pequeñas herbáceas típicas del pastizal pampeano y árboles como el ombú, el aliso, el ceibo o el sauce criollo, además de los juncos, epífitas y plantas acuáticas que se reconocen en los ambientes húmedos de la región.
Del mismo modo, entre las especies animales existe una notable diversidad representada por unas 270 especies de aves, 19 de roedores, 24 de anfibios, 30 de reptiles, 10 de murciélagos, y numerosos tipos de peces, moluscos, insectos y arácnidos entre otros grupos.
(5) Tecnópolis nunca tendría que haberse emplazado en ese lugar, pues los terrenos pertenecientes al ex batallón 601 de Villa Martelli constituían una reserva natural del Partido de Vicente López.
Era un mojón de 60 hectáreas de pura pampa bonaerense que se venía salvando de la manía por rellenar todo con cemento. Fue el ex intendente radical Enrique García quién –con miras de cerrar un pacto electoralista con el kirchnerismo- traicionó al Municipio cediéndole deslealmente el terreno a la Casa Rosada para que esta construya su propia versión del porteño "centro de exposiciones".
Sobre la Reserva Natural Urbana y las especies de flora y fauna que albergaba véase http://naturalezayculturaargentina.blogspot.com.ar/2010/07/un-lugar-poco-conocido.html  
(6) El Estado argentino destina 1.800 millones de pesos anuales para una actividad inicua pero sumamente demagógica como es el fútbol (programa "fútbol para todos") frente a los 340 millones que destina para la protección de los Parques Nacionales.
(7) Se preguntaba el filósofo alemán Martin Heidegger: "Cuando el tiempo sea sólo rapidez, instantaneidad y simultaneidad volverán a atravesar todo este aquelarre como fantasmas las preguntas: ¿para qué?, ¿hacia qué?, ¿y después qué? "
http://www.urgente24.com/sites/default/files/no%20a%20la%20tala%202.jpg