• In3.jpg
  • Dequi12.jpeg
  • Rel9.jpeg
  • Ele17.jpeg
  • Xok4c.jpg
  • Desta7.jpg
  • Mic5a.jpg
  • Lare31.jpg
  • As11.jpg
  • Dem3.jpg
  • Dic8.jpg
  • Xok4b.jpg
  • Mic5c.jpg
  • Pre5a.jpg
  • Ai2a.jpg
  • Hacia12a.jpg
  • Loo10.jpg
  • Elmu4a.jpg
  • Elmu4b.jpg
  • Loque5.png
Recibido de Javier Arjona, corresponsal de Prensa Indígena. 20 de marzo.- A la Buenaventura. Nos levantamos muy temprano para salir antes de las 6am a Buenaventura. Esto debido a que los transportistas comenzarían nuevamente a levantar barricadas por la mañana, luego del asesinato de dos de sus compañeros la noche anterior.
Así fue que salimos en dirección al principal puerto colombiano, por donde pasa el 70% del comercio internacional, de las importaciones y exportaciones.
 
Buenaventura ha estado en las noticias debido a horrendos hechos: la ciudad está totalmente dominada por el paramilitarismo en complicidad con las fuerzas del Estado. Algunas personas dicen que si desaparecieran las guerrillas, el Estado no tiene entonces ninguna excusa para aterrorizar y reprimir a la población.
Esta es una lógica que no se sostiene en la realidad colombiana, ya que el Estado no necesita de ninguna excusa para violentar masivamente a la población. De hecho, la violencia ha recrudecido desde que el movimiento guerrillero fuera derrotado en esta ciudad por la alianza del Estado con el paramilitarismo en el 2001.
Las noticias recientes señalan con alarma la existencia de Casas de Pique, mataderos para humanos a los cuales los paramilitares llevan a sus víctimas (alguien que no aceptó ser extorsionado, alguien de una banda rival, un activista social o el hijo de alguno de los anteriores) y las atan a una mesa de carnicero donde los descuartizan de a poquito, con machetes, hachas y motosierras.
Todo el vecindario escucha la gritadera menos la policía. Muchos dicen que la fuerza pública está detrás de estas abominaciones.
Ahora que la prensa ha revelado la existencia de estas casas, el alcalde ha ordenado demoler algunas y, nuevamente, cómo dice la gente (que ahora tiene acceso a cosas como el facebook), para deshacerse de la evidencia y relocalizar los paras en otras zonas.
Recibimos algunas fotos de estas casas. El 20 de Febrero, unas 70.000 personas se movilizaron en Buenaventura para condenar esta brutal práctica, demostrando que el silencio nunca jamás será eterno.
Salimos con la gente de NOMADESC hacia el puerto, ciudad a la que nadie nos recomienda ir pero precisamente la clase de lugares que nuestra delegación debe visitar.
La vía no es excesivamente larga, de unas dos horas, en las cuales se ven toda clase de climas colombianos: el Valle, totalmente copado por los señores de la caña, la vegetación de altura cuando se sube la montaña, climas más templados donde abundaban las plantaciones de piña, y, finalmente, la selva tropical.
También se ven las diferentes dinámicas territoriales del conflicto: las tierras altas en el Dagua controladas por el frente 30 de las FARC-EP, y a medida que se desciende, el control paramilitar se vuelve absoluto aunque se fracciona en bandas que a veces chocan entre sí.
En las zonas controladas por el paramilitarismo, aparecen caseríos improvisados, aparecidos de la nada, en los cuales se sobrevive con la minería del oro. La llegada a Buenaventura no es agradable. Es un lugar agreste. Es caliente y la humedad se pega a la piel.
Todo parece que está a punto de derrumbarse. Todo son escombros, no hay agua potable (pese a estar rodeada de ríos que desembocan en el Pacífico), casi no hay cobertura de alcantarillado y el terror es algo que se respira en el aire.
 Uno pone un pie y ya quiere salir corriendo por donde vino. Hay un 80% de desempleo y un número idéntico de personas viviendo bajo la línea de la pobreza.
El costo de la vida es extraordinario porque los comerciantes pagan todos las vacunas a los paramilitares y descargan este costo adicional en el lomo de los consumidores.
La población local habla de la existencia de barreras invisibles entre las comunidades controladas por bandas paramilitares que más bien parecen jaurías que se mordisquean constantemente entre sí, impidiendo el libre tránsito de las personas.
No existe manera en que uno pudiera imaginarse que éste es, de hecho, el puerto más dinámico del país. Nos encontramos con gente del Proceso de Comunidades Negras, con el sindicato de pescadores artesanales y con la Pastoral. Todos estaban de acuerdo en el balance crítico de la situación.
 
Hay toque de queda paramilitar desde las 8pm en la mayoría de los barrios, después de lo cual nadie puede estar en las calles: esos mataderos aterrorizan a cualquiera, donde se despedaza a personas vivas, siendo la mayoría de las partes desmembradas desaparecidas pero dejan que algunas partes aparezcan flotando en los manglares o en las calles de la ciudad.
¿Por qué no desaparecer totalmente a estos cuerpos? Porque la idea es generar temor. Se necesita ver el descuartizamiento, la mutilación para que se convierta en físico miedo y no en una mera vaga ansiedad.
¿Por qué este salvajismo?  Según los activistas locales, porque quieren deshacerse por desplazamiento de la población local para abrir campo a sus planes de desarrollo -gracias a los acuerdos de libre comercio, quieren expandir los puertos, los muelles, construir aeropuertos.
El problema es que toda esa área está habitada por unas 400.000 personas y, siendo Colombia, les queda más fácil desplazar por terror que negociar estos proyectos de manera justa para la población.
Una persona de la Pastoral nos decía que se culpa a los jóvenes de la violencia pero nadie se pregunta quien les paga, quien les provee las pistolas, o por qué el ejército y la policía toleran este estado de cosas. Dedos y piernas cercenados aparecen a escasos 30 metros de estaciones de policía.
La gente está emberracada porque los paramilitares llegaron a la ciudad gracias a la colusión de algunos comerciantes, y ahora que los cuerpos mutilados flotan en las aguas y las vacunas se han salido de control, entonces ahora sí que apoyan las protestas y se suman a las voces que piden que el paramilitarismo se vaya.
En opinión de los organizadores, no tiene derecho a hablar tan duro. Una nueva protesta se ha convocado  para el 12 de Abril y esperan que más gente salga a las calles para enfrentar al terror paramilitar. Esperamos que así sea.
Una de las vainas de Colombia es que, sin importar cuán tenaz sea la represión, siempre hay esperanza, y la fuerza de quienes luchan por una Colombia mejor es realmente inspiradora.
Lo más increíble de Colombia es que cuando uno está acá, pareciera como si ese otro mundo que sabemos que es posible, se volviera real, tan real que uno casi que lo puede tocar con la punta de los dedos.
Pero en Buenaventura reina el temor y la desesperanza, y esto es lo que la hace excepcional del resto del país... digo esto y pienso que hay una tenue luz de esperanza cuando uno de los Afros en la reunión, proveniente de zonas rurales, se levanta para decir que de sus territorios no los mueve nadie, que resistirán porque es lo único que saben hacer.
Y pienso, qué bien. Luego habla el compañero del sindicato de pescadores, quien además hace parte de la Marcha Patriótica, y me hace pensar que, pese a todo, aún hay esperanza, hermanos y hermanas.
Al menos yo, salí de Buenaventura con una sensación incómoda, pero con la certeza de que hay que apoyar y acompañar con todo la marcha del 12 de Abril y ayudarles a re-crear la esperanza, la resistencia, la capacidad de soñar, de imaginar un mundo mejor.
 
En el camino, compré una botella de trago, de Arrechón, vendida en las orillas de la carretera. Trago tras trago traté de desembarazarme de esa sensación de espanto que penaba a la delegación.
Tuvimos que tomar el camino más largo, por Buga, unas 4 horas, para evitar los bloqueos de los transportistas y así alcanzar el vuelo que nos llevaría a nuestra próxima estación: Cartagena.
http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/10da-a-la-buenaventura.html