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Recibido de Javier Arjona, corresponsal de Prensa Indígena. 24 de marzo.- Desde Barranquilla regresamos el Río Magdalena en dirección a Aracataca -Magdalena-, nos esperan líderes comunitarios y afectados por el desplazamiento y los asesinatos de la FINCA TRANQUILANDIA.
Una eterna recta regularmente pavimentada sigue a pies juntillas el monocultivo bananero durante algo más de dos horas hasta llegar al pueblo natal del maestro Gabriel García Márquez.
 
Mientras nos allegamos, a ambos lados de la carretera, esparcidos entre las polvorientas cunetas se van agrupando de cuando en cuando míseros ranchitos que deberían de sacar  los colores a cualquier político decente de aquí y a cualquiera de allá que viniera a hacer negocios aquí.
La entrada en Aracataca representa la de tantas otras de tantos otros lugares de este país, algunas luces indican que ya está el puestico de tinto (café) y empanadas abierto, el olor intenso a acpm (combustible) nos avisa de que la hora de moverse para buscarse la vida o para rebuscársela ya va adelantada.
Escolares uniformados e impolutos nos miran de reojo mientras recogemos las maletas del bus.
Arrancamos al interior del pueblo, calles destapadas, polvorientas, temperaturas por encima de los treinta y tantos, en busca de un centro de estudios donde nos reuniremos con líderes campesinos/as principalmente afectados por los horrores ocurridos en TRANQUILANDIDA: desapariciones forzosas, asesinatos, desplazamientos...
Cuando llegamos al centro, ­­estaba cerrado, con un guachimán a la entrada que nos hizo varias preguntas y tuvo que comprobar por teléfono que era cierto que allí había actividad. "Ganas de joder...." nos dijo nuestro acompañante, "esto viene ocurriendo un día sí y otro igual... hemos reservado la sala tres veces, compañera, tres veces...".
Tal vez a los financiadores del centro no le seamos gratos. A la izquierda de la garita del guachimán podemos ver a DRUMONITO... el icono del centro de estudios, apoyado más abajo por una placa que recuerda que DRUMOND- carbón a cielo abierto y el Presidente Uribe financiaron e inauguraron la sede poco tiempo atrás.
En la sala, del mismo color y sabor que las calles  y caliente muy caliente por todo y por todo, nos esperaban decenas de personas que venían haciendo camino a nuestro encuentro; algunos durante dos días, consiguiendo para el pasaje de donde han podido y "es que los desplazados de Tranquilandia estamos regados por todo el país".

Hay ganas de contar y de ser escuchado... los testimonios más tímidos al principio y a varias voces más tarde - porque son patrones repetidos de crueldad y atrocidad que muchos han sufrido incluso en varias ocasiones- se vuelven una sola historia. Entraron los paramilitares y nos tuvimos que ir hace 14 años para preservar la vida, se llevaron hasta los cables de energía.
Con el común de haber perdido a sus familiares de las formas más crueles que un humano pudiera pensar y mucho menos practicar, algunos pusieron denuncia, otros no... tal vez adivinaban que jamás recibirían respuesta alguna por parte de las instituciones del Gobierno Colombiano. 14 años de espera y desplazamiento sin respuesta, en la más absoluta impunidad.
Lo que desde luego asombra es sentirles organizados, con la misma rabia que cuando sufrieron despojo, con la decencia de seguir adelante retornando en algún caso, muy pocos, todavía, con infructuosos resultados por ausencia de créditos, por dificultades administrativas con el INCODER.
Sobre titularidad de tierras, por el miedo, porque aunque oficialmente los grupos paramilitares ya no existen en este país, y así nos reiteran cínicamente las autoridades del ejército que nos hemos encontrado, "Aquí, señorita, los tenemos todos: Urabeños, Paisas, Rastrojos, Águilas Negras... " - comenta Pedro Julio.
Las amenazas continúan para que no reclamen, para que no se reúnan, para que no se organicen, para que se mueran en la ignominia y en la miseria porque resultó que Tranquilandia parece que es un goloso yacimiento de petróleo, y eso...no es para campesinos ni campesinas...eso tiene dueño....
Sin embargo, siguen determinados a seguir avanzando hasta recuperar sus lugares... "yo soy de allí, estuve en la ciudad 8 años...he regresado, allá me moría" - comenta Tulia.
Han vuelto,  aunque la mayoría se han acercado, 56 familias se han acogido a la ley de restitución de tierras...han procedido administrativamente a exigir la verdad, justicia y reparación que merecen.
De nuestra parte, la X Delegación Asturiana, han recibido la solidaridad y nuestro compromiso de continuar en el seguimiento del proceso, además se han recogido los datos necesarios y concretos para menesteres necesarios a efectos de denuncia y redacción del X Informe, así como para trasladar a las autoridades pertinentes.

En la tierra de las bananeras, de la masacre de las bananeras de la Fruit Company, recordada también en un rincón de la casa réplica de aquella que alojara los primeros años de Gabo, hemos compartido un mañana de tragedia, rabia, dignidad y esperanza.
http://www.pachakuti.org/textos/campanas/paracos/10da-aracataca.html