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(Por Elmer Antonio Torrejón Pizarro)*

InfoRED, Servindi 27 de febrero,- Hace un par de meses escribí un análisis sobre el Proyecto Hidroeléctrico Chadín 2 que respondía a la visión de desarrollo de un país grande como el Brasil y donde demandaba diálogo y participación democrática de los involucrados para conocer los impactos sociales, ecológicos, económicos, climáticos, etc.
Revisando literatura sobre hidroeléctricas en América, me encuentro que en los últimos años y décadas, se han promovido grandes represas para paliar la demanda de energía y agua.
Aproximadamente existen más de trescientos proyectos de este tipo en nuestra América, la mayoría construidas sin procesos que respeten la sostenibilidad ambiental y garanticen la participación pública de los involucrados.
Ello ha conllevado que se produzcan serios impactos negativos a nivel ambiental y sobre los derechos humanos de las personas y comunidades.
En la Cuenca del Marañón se está proyectando construir una veintena de represas para usos energéticos principalmente; y en Amazonas específicamente, se busca construir hidroeléctricas como Chadin 2, Cumba, Rentema, entre otros.
Las organizaciones e instituciones que apoyan estos proyectos como el gobierno Regional de Amazonas y Odebrecht, anuncian en todos los medios, con millonaria publicidad (incluyen comerciales radiales de niños dialogando sobre las “bondades” de estos proyectos) los impactos positivos.
Más no los impactos negativos de la puesta en marcha de estos proyectos. Veamos las experiencias*.
1. Yacyretá: Proyecto binacional entre Argentina y Paraguay de los años 80 sobre el río Paraná con 3,200 MW de capacidad.
Desde su inicio el Banco mundial y el BID ya habían identificado los daños sociales y ambientales que afectó gravemente a miles de personas, y las medidas de compensación y mitigación todavía están pendientes. A pesar de ello, los gobiernos buscan ampliar el nivel de la represa.
2. Río Madeira: Ubicado entre Bolivia y Brasil con 3,300 MW de capacidad. Contempla varias hidroeléctricas a implementarse sobre comunidades indígenas y campesinas vulnerables. Proyecto dentro de la Iniciativa de Integración de Infraestructura Regional de Sur América (IIRSA).
3. Baba: Proyecto ubicado en el Ecuador entre los ríos Baba y Toachi con una capacidad de 42 MW. La Corte Constitucional de este país ha pedido revisar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) debido a las graves fallas y la falta de consulta e información apropiada con las comunidades afectadas. Lamentablemente el proyecto continúa.
4. Chan-75: Este proyecto se está desarrollando en Panamá dentro de los territorios de las comunidades indígenas Ngöbe. Ubicada sobre el río Changuinola y con una capacidad de 223 MW.
Las comunidades indígenas no han sido consultadas ni informadas apropiadamente; más aún, el proyecto afectará al Parque Binacional La Amistad declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO debido a su biodiversidad.
5. La Parota: Proyecto ubicado en México que se ubica sobre el río Papagayo y con una capacidad de 900 MW. Serán afectadas comunidades indígenas y campesinas en un total de 25,000 personas. Proyecto con fallas en los procesos de consulta, EIA y posibles riesgos sísmicos.
El gobierno mexicano ha suspendido la construcción del proyecto por la presión popular y acciones legales de las comunidades. Son cinco experiencias de grandes represas hidroeléctricas que afectan a comunidades campesinas, nativas y el sistema ecológico de los espacios donde se están desarrollando.
Grandes proyectos que al igual que en el Marañón, tienen y tendrán los siguientes impactos negativos, y que lamentablemente eso no se informa y la población muy poco la conoce:·
La calidad y salubridad del agua empeorará tanto río arriba como río abajo ya que se modificará artificialmente las cuencas hidrográficas, bloqueando el curso natural.
Se degradarán los ecosistemas acuáticos y conllevará impactos a la biodiversidad; por ejemplo, se afectará la migración de los peces y animales terrestres. También se deforestará grandes hectáreas de bosques y la pérdida de sus elementos bióticos y abióticos.
A nivel climático aumentará la emisión de gases invernadero causados por la descomposición de materia orgánica inundada por la obra e impacto en la seguridad y productividad de las represas por cambios drásticos en precipitaciones y sequías.
Efectos sísmicos pueden producir alta presión del agua del embalse o derrumbes, reactivando las fallas geológicas a los alrededores del proyecto.
Se afecta los derechos de las personas de comunidades campesinas y nativas. Derechos consagrados en el marco jurídico de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos. En su mayoría estos proyectos desconocen las normas del derecho internacional ambiental y los derechos humanos.
Represar agua afecta directamente a la salud produciendo enfermedades debido a la acumulación de sedimentos tóxicos, transmisión de enfermedades como dengue o malaria por agua acumulada e insectos.
Se pierde las fuentes de alimentación y formas de vida tradicionales porque los peces migrarán o desaparecerán; la biomasa animal migra y desaparece en muchos casos en las zonas afectadas, la agricultura de la zona se desplaza; en suma, se modifica la vida a los alrededores del proyecto.
Otro impacto son los desplazamientos forzados de personas y comunidades enteras, vulnerando sus derechos humanos a la libre circulación, propiedad, vivienda y fuentes de alimentación.
Implementación de manera inadecuada de las evaluaciones de impacto ambiental y social de manera integral, que limita la identificación, análisis y posteriormente reducción y eliminación de posibles daños ambientales y sociales.
En estos proyectos lamentablemente, no se permite a las comunidades afectadas la oportunidad de participar activamente, de manera real y objetiva; es decir, no hay o es limitada la consulta y participación pública.
Muchos de los pobladores y comunidades afectadas, no tienen conocimiento de estos proyectos o es limitado el acceso a la información.
Estas acciones negativas, son estrategias de las empresas constructoras y gobiernos involucrados, pero están estas instituciones para prácticas “asistencialistas” con regalos y dádivas a la población como una manera de “esconder” los impactos negativos y solicitar la “aceptabilidad” social.
También durante la construcción de las represas, se asentarán cientos de trabajadores que generarán depredación de bosques y contaminación, como también negocios ilegales alrededor de la zona como la minería ilegal, prostitución y trata de personas.
Más aun, se podría producir “criminalización de la protesta social”, debido al hostigamiento o procesos judiciales contra los pobladores que protestan o reclaman la violación de sus derechos y la destrucción sistemática de su ecología.
Como observamos, este artículo intenta mostrar la “otra cara de la moneda”, aquella cara que no tiene publicidad millonaria, ni apoyo de las autoridades nacionales o regionales. Cara que muy poco es conocida por la población y sus comunidades afectadas, o que intencionalmente no se les quiere hacer conocer.
La construcción de hidroeléctricas quizás no sean negativas si son económicamente viables, socialmente aceptables y; cultural y ecológicamente sostenibles; o que respondan a la visión del de desarrollo del país y nuestros departamentos. Lamentablemente esto no ocurre, según las experiencias analizadas.
Menos mal que las grandes represas no son las únicas opciones para atender la demanda de energía ya que existen múltiples alternativas para la producción de energía de manera viable, aceptable y sostenible como el uso eficiente de energía en hogares, empresas e industrias; uso de energías renovables como la energía solar, eólica, geotérmica o pequeñas hidroeléctricas.
Los amazonenses ya estamos advertidos, y tenemos otras alternativas para conocer los impactos de las hidroeléctricas. Igual que en mi artículo anterior, solicito Debate Regional, donde participen los pobladores y comunidades afectadas principalmente, y toda la población amazonense para conocer estos megaproyectos. No es una exigencia, es nuestro derecho como amazonenses.
* Para el análisis de este artículo se ha tomado como fuente primaria el informe: “Grandes Represas en América. ¿Peor el Remedio que la Enfermedad?, de Jacob Kopas y Astrid Puentes Riaño.
* Elmer Antonio Torrejón Pizarro es antropólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Posee una maestría en Estudios Amazónicos en la UNMSM, con Post Grado en Proyectos de Inversión Pública (UNMSM) y Gobernabilidad y Gerencia Política (PUCP).
Ha dictado clases en las universidades de San Marcos, Alas Peruanas y Ricardo Palma. Asesor en Ministerios y Programas Sociales. Consultor Social e Investigador Cultural.
Ver video en: http://servindi.org/actualidad/102034