Prensa Indigena Inicio

  • Usapo14.jpg
  • Elblo14.jpg
  • Mucha21.jpg
  • Cam3b.jpg
  • Coo27c.jpg
  • Seg9.jpg
  • Cami19.jpg
  • Seen7b.png
  • Dijo8d.jpg
  • Despa9a.jpg
  • Noal13.jpg
  • Usa17.jpg
  • 10-234.jpg
  • Cosa8b.jpg
  • Age22d.jpg
  • Gol7b.jpg
  • Ing23.jpeg
  • Re5.jpg
  • Cu17a.jpg
  • Gol17a.png
Recibido de Javier Arjona, internacionalista, corresponsal de Prensa Indígena.org – 10 de diciembre de 2019.- Cada 10 de diciembre se conmemora la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que tuvo lugar en París en 1948, tras la Segunda Guerra Mundial. Los Derechos Humanos establecen las condiciones indispensables para garantizar la dignidad humana y hacer posible que las personas vivan en un entorno de libertad, justicia y paz. Todas las personas somos iguales en dignidad y en el ejercicio de la misma.

71 años después de su declaración, este marco de referencia al que deberían ajustarse todas las leyes y las actuaciones políticas ha quedado al margen de las prioridades de la sociedad, desintegrándose la frontera de la dignidad humana.
Recordamos que desde la aprobación de la Declaración ha habido periodos de avances significativos pero nunca se ha conseguido la efectividad universal de los mismos.
Cada día somos testigos de situaciones de vulneración y precarización de los derechos: explotación laboral, exclusión residencial, brecha salarial, abandono de la protección de las personas más vulnerables…
Familias que no pueden salir de la espiral de pobreza en la que encuentran, el trato a las personas migrantes en situación administrativa irregular, la ausencia de acogida a los refugiados, violencia de género, etc.
En Asturias, el 20,9% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, 215.000 personas, y el indicador de privación material severa se ha incrementado en el último año del 3,5% al 6% (40Mil personas)…
Lo que evidencia un empeoramiento en las condiciones de aquellas personas que ya se encontraban en una situación más comprometida, y sitúa a Asturias por encima de la tasa estatal (5,4%).
La Constitución Española de 1978 creó dos categorías de los Derechos Humanos: los fundamentales, protegidos al máximo nivel, tanto legislativamente como ante los tribunales, donde podemos acudir si son lesionados, como son el derecho a la vida, a la libertad religiosa e ideológica, a la educación, etc.
Y los llamados “principios rectores de la política social y económica”, con menor protección legislativa y sin acceso directo a tribunales si no podemos disfrutar de los mismos.
El derecho a la sanidad, a una vivienda digna y adecuada, a la protección social, a un empleo, a un medioambiente saludable, etc. son algunos ejemplos de derechos que no se encuentran suficientemente protegidos y que afectan directamente a las personas más vulnerables.

Así como, el derecho de igualdad y no discriminación por razón de género que queda en mera formalidad.
Nuestra Constitución dificulta una protección igualitaria de todos los derechos (económicos, sociales, culturales, ambientales, civiles y políticos), por lo que se hace necesaria una nueva interpretación de los derechos acorde con los tratados internacionales y que equipare ambas categorías de derechos.
La historia nos enseña que los Derechos Humanos necesitan un compromiso real por parte de los estados, las instituciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía, en un contexto democrático donde se puedan ejercer y exigir esos derechos.
Por ello se hace más necesario instar a los titulares de obligaciones y de responsabilidad de su cumplimiento, es decir, a la Administración Pública asturiana, a respetar, proteger y realizar los Derechos Humanos que protegen la dignidad de las personas…
Sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Los principios rectores no pueden estar supeditados a la coyuntura política, económica y social.
La garantía de los Derechos Humanos debe ser la base sobre la que se asiente cualquier acción que afecte a la vida de las personas.
<>Dice la ONU, con ocasión del 10-D:
“Ninguna nación, ninguna comunidad quedará al margen de la emergencia climática, a medida que su intensidad se recrudezca. En la actualidad, ya hemos visto cómo los países y las comunidades más vulnerables padecen daños terribles.
La gente pierde el hogar, los medios de subsistencia y hasta la vida misma. Las desigualdades se agravan y cada vez son más las personas que quedan desplazadas.
Es preciso que actuemos con rapidez y con principios, y velar para que limiten lo más posible los perjuicios que esta situación causa a los seres humanos y al medio ambiente.
Los estragos del cambio climático no se detendrán en las fronteras nacionales –y las reacciones fundadas en el nacionalismo hostil o en consideraciones económicas de corto plazo no solo fracasarán, sino que además desgarrarán el planeta.

La lucha en pro de la justicia climática y los derechos humanos no es un enfrentamiento político. No es cuestión de derechas e izquierdas, es un asunto de derechos y agravios.
El impulso que ha llevado a millones de personas a protestar y exigir medidas al respecto, no se limita a la preocupación por la aceleración de la crisis climática. En todas las regiones, la gente encuentra motivos para expresarse acerca de las desigualdades y las instituciones opresivas.
Nos inspira el valor, la claridad y los principios de todas esas personas, algunas muy jóvenes, que defienden sus derechos pacíficamente, con miras a subsanar los agravios de nuestra época y crear un mundo más libre y más justo. Esas personas encarnan el concepto mismo de derechos humanos.
Los responsables políticos del mundo entero deben escuchar esos llamamientos. Y, en respuesta, deberían elaborar medidas políticas más eficaces, más basadas en los principios universales.
Tenemos derecho a vivir libres de todo tipo de discriminación. Tenemos derecho a la educación, la atención médica, las oportunidades económicas y a un nivel de vida decente. Tenemos –todos nosotros– derecho a participar en la toma de las decisiones que afectan a nuestras vidas.
Esto atañe a nuestro futuro, nuestros medios de subsistencia, nuestras libertades, nuestra seguridad y nuestro medio ambiente. Y no solo a nuestro futuro, sino también al porvenir de nuestros hijos, nietas y biznietos.
Es preciso que nos movilicemos a escala internacional –de manera pacífica, pero firme— para promover un mundo de derechos, dignidad y posibilidades para todos. Los responsables políticos de 1948 comprendieron claramente ese ideario. ¿Lo entienden ahora?
Exhortamos a los dirigentes del mundo a que demuestren una auténtica capacidad de liderazgo y una visión a largo plazo, y a que dejen a un lado los estrechos intereses políticos nacionales, en aras del porvenir de todos, incluidos ellos mismos y sus descendientes.”. (Relatora ONU DDHH)

Poema de Miguel Ángel Arenas:
“Por qué en Paz”
Porque no hay otro camino
si queremos seguir siendo.
Porque las guerras sólo sirven
para hacer más ricos a los ricos.
Porque el odio enferma
y no hay antídoto.
Porque la violencia no soluciona los problemas,
porque es mentira que unos sean más que otros.
Y si lo fueran para eso tenemos cerebro
y un millón de años de historia.
Porque la paz es la paz,
Porque vivimos en el mismo planeta,
Porque podemos pensar,
Porque podemos,
Porque la paz está cerca,
Porque la paz está donde estéis en paz.<>