(Por Al Ronzoni)*

SinPermiso, 26 de noviembre de 2018.- Este año es el 200 aniversario de la primera edición de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley (1797-1851). En la mitología griega, Prometeo fue el titán al que se atribuye la creación de la especie humana a partir de arcilla y que desafió a los dioses robando el fuego y dándoselo a la humanidad.
Zeus, el rey de los dioses, condenó al titán al tormento eterno por su transgresión. El Prometeo inmortal fue atado a una roca, donde cada día un águila era enviada a alimentarse con su hígado, que vovía a crecer para ser devorado de nuevo al día siguiente.
La trágica historia de Prometeo estuvo muy presente en la mente de May y su marido, Percy Bysshe Shelley (1792-1822), que comenzó a escribir Prometeo liberado, un drama lírico en cuatro actos basado en el mito, el mismo año en que Frankenstein fue publicado.
Mary Shelley era hija de la radical Mary Wollstonecraft (1759-1797), autora de Vindicación de los derechos de la mujer, una de las primeras obras de feminismo.
Como Charlotte Gordon señala en su excelente introducción a la reedición de Frankenstein en el bicentenario del texto original de 1818 en Penguin, aunque Wollstonecraft murió sólo diez días después de dar a luz a Mary, la niña creció bajo la influencia profunda de las ideas de su madre.
Un gran retrato de Wollstonecraft colgaba en la pared de la casa familiar. Cuando era una niña, Mary lo miraba intensamente, comparando con su madre y tratando de encontrar similitudes.
El padre de Mary, William Godwin (1756-1836) fue uno de los primeros exponentes del utilitarismo y también se le considera uno de los fundadores del anarquismo filosófico.
Godwin consideraba a Wollstonecraft como un ideal en todos los aspectos. Incluso enseñó a la joven Mary a leer trazando las letras en la lápida de su madre.
Debemos recordar hasta qué punto las mujeres estaban oprimidas hace doscientos años y lo dura que fue su lucha por los derechos que hoy se dan como normales, aunque todavía hay mucho trabajo por hacer. Gordon escribe:
“Los expertos declararon que las mujeres eran inferiores a los hombres en todas las áreas del desarrollo humano y no podían ser educadas más allá de cierto nivel rudimentario.
Mientras los hombres poseían la capacidad de la razón y la rectitud ética, las mujeres eran consideradas tontas, volubles, egoístas, ingenuas, astutas, poco fiables e infantiles. Las esposas no podían tener propiedades o solicitar divorcios. Los niños eran propiedad del padre.
No sólo era legal que un hombre golpease a su esposa, sino que se alentaba a los hombres a castigar a cualquier mujer que considerasen rebelde. Si una mujer trataba de escapar de un marido cruel o violento, se la considera fuera de la ley y su marido tenía el derecho legal de encarcelarla”.
A medida que crecía, María leyó y releyó el libro de su madre Vindicación y estudió también otros libros de Wollstonecraft, incluyendo su celebración de la Revolución Francesa, a menudo aprendiendo las palabras de memoria.
Cuando tenía dieciséis años, Mary se encontró con Percy Bysshe Shelley, de veintiún años de edad.
Shelley era otro radical que se había distanciado de su familia rica y aristocrática debido a sus puntos de vista económicos redistribucionistas, que estaban influenciados por Godwin, a quien visitaba con regularidad.
Mary y Percy comenzaron a reunirse en secreto ante la tumba de su madre en el cementerio de St. Pancras, descrito por Gordon en su libro, Romantic Outlaws: The Extraordinary Lives of Mary Wollstonecraft & Mary Shelley, “más como un prado que un cementerio”.
Aunque Shelley ya estaba casado pronto se fugaron a Europa, junto con la hermanastra de Mary, Jane Clairmont, que cambió su nombre por el de Claire y nunca volvió a la vida burguesa a la que su propia madre la había intentado forzar en Inglaterra.
Dada su crítica a la institución del matrimonio, Mary y Percy creyeron que su padre apoyaría su relación, pero cuando regresaron a Inglaterra, Godwin se negó a hablar con su hija. La sociedad era implacable.
Mary era una puta y Percy un sinvergüenza. Claire Clairmont se mantuvo fiel a ellos, pero era un arma de doble filo, porque como Clair y Shelley se habían hecho también tan cercanos, Mary sospechaba que tenían una aventura.
En enero de 1816, Mary dio a luz a un niño al que llamó William, como su padre, al que guardaba con cuidado, temiendo que le quitaran al niño. Fue una primavera húmeda y William desarrolló una tos persistente.
Claire sugirió unas vacaciones en Ginebra, donde se suponía que el aire era sano. Tenía también la ventaja de estar cerca de Lord Byron, el más famoso poeta de la época, con el que Claire estaba teniendo una aventura.
Byron había alquilado una gran casa, la Villa Diodati y los Shelley se alojaron en una casa más pequeña cerca. Cuando la prensa se enteró los calificó como la “Liga del incesto.”
El único problema fue el tiempo. 1816 fue conocido como el “año sin verano”. El año anterior, un volcán había estallado en Indonesia, arrojando una gruesa capa de ceniza en la atmósfera, lo que alteró los patrones climáticos en Europa, Asia e incluso América del Norte.
En Suiza, el tiempo era insoportable, frío y tormentoso. Después de semanas de lluvia, el pequeño grupo estaba inquieto.
Byron retó a sus amigos a ver quién podía escribir la historia de fantasmas más terrorífica. Estaba aburrido de los viejos cuentos alemanes que se habían estado contando para entretenerse. Sin duda, uno de ellos podría hacerlo mejor.
Byron y Shelley decidieron probar, pero pronto volvieron a otros proyectos. El médico personal de Byron, John Polidori, escribió el borrador de una historia que se convertiría en El Vampiro, una de las inspiraciones para el Drácula de Bram Stoker.
En su introducción a la edición revisada de 1831 de Frankenstein, Mary escribió que le había costado dar con la idea hasta que una noche la discusión discurrió sobre la naturaleza y el principio de la vida.
“Tal vez se podría reanimar un cadáver” recuerda haber pensado, “el galvanismo había dado muestras de este tipo de cosas”. Se retiró a su habitación después de medianoche. Pero incapaz de dormir, Mary fue poseída por lo que llamó un “sueño despierto”:
“Vi a un pálido estudiante de las artes impías arrodillado junto a lo que había ensamblado. Vi el horrible fantasma de un hombre tumbado que, al funcionar un poderoso motor, mostraba signos de vida y se removía inquieto, con dificultad, medio vivo.
Alarmante debía ser; porque no hay más sumamente espantoso que el efecto de una conducta humana que se burlar del maravilloso mecanismo del creador del mundo”.
Frankenstein fue publicado por primera vez de forma anónima. Cuando se conoció que Mary era la autora cundió la incredulidad. Como señala Gordon, “las mujeres no debían escribir novelas, y mucho menos una novela como Frankenstein.
Los críticos murmuraron que Mary Shelley debía ser tan monstruosa e inmoral como su historia”. Esta es la razón más probable para que inventase su propia dificultad de dar con la idea de Frankenstein. Gordon señala que no hay evidencia para sugerirlo:
“En ningún momento ella o ninguno de sus amigos o familiares menciona ninguna dificultad en la composición de la novela.
De hecho, a partir de las memorias de los presentes allí y de la revisión de los cuadernos en los que María escribió la novela, todo sugiere que la compuso con una fluidez y velocidad poco común”.
La razón más probable de esta discrepancia es que Mary trató de distanciarse de su propio trabajo debido a la desaprobación de la sociedad. Hacia 1831, tanto Shelley como Byron habían muerto y María se enfrentaba a enormes presiones financieras y sociales como madre soltera.
Si podía mejorar sus ventas afirmando que le había costado mucho llegar a concebir la idea monstruosa de Frankenstein, que así fuese.
Después de Frankenstein, Mary Shelley escribió cinco novelas más, incluyendo El último hombre, un cuento post-apocalíptico en el siglo XXI, así como muchos otros relatos y ensayos.
Frankenstein, fue adaptado por primera vez para el teatro en Londres en 1823 y Mary Shelley y William Godwin pudieron verla en escena. Fue en esta etapa cuando la gente comenzó a referirse al monstruo como “Frankenstein”.
Frankenstein pasó a convertirse en una de las mayores franquicias de terror de la historia, generando un sinnúmero de obras de teatro, películas, programas de televisión, cómics, juguetes, juegos e incluso una cadena de gimnasios en los 80. Su lema: “¡construimos monstruos!”
* Al Ronzoni, escritor, historiador y activista político, vive en la ciudad de Nueva York.
<>Traducción: Enrique García.
http://www.sinpermiso.info/textos/mary-shelley-200-aniversario-de-una-chica-rebelde-y-su-frankenstein <>