Recibido de Javier Arjona, corresponsal de Prensa Indígena. Xixón, 10 de febrero.- Hace ya una década que vivimos indignadas quienes sufrimos directamente las consecuencias de la crisis y las políticas de recortes y de austeridad.
Hace ya una década que nos quitan derechos y los sustituyen por la incertidumbre y el miedo. Ahora, diez años después del estallido de la crisis, nos dicen que ya estamos saliendo de ella.
Sin embargo la realidad es bien distinta. Las relaciones laborales se han roto y se ha producido un retroceso en materia de derechos y conquistas sociales inimaginable hace tan sólo unos años.
Pero la precariedad no es sólo laboral sino que se ha convertido en un nuevo modelo de vida impuesto.
A través de la precariedad nos impiden el acceso a una vivienda, a una sanidad, a una educación digna y a unos servicios públicos de calidad, nos privan de la cultura, del deporte y el ocio, y atentan contra el medio ambiente y nuestro patrimonio natural. La precariedad afecta a todas las esferas de nuestra vida.
Por eso somos de nuevo nosotras, las personas afectadas por la crisis, las que queremos acabar con esta situación. Porque no vamos a permitir que nos impongan un modelo laboral y social en el que el saqueo de unos pocos sea la precariedad para la mayoría.
Somos las mujeres que enfrentan la precariedad en lo personal y en lo profesional, invisibilizadas por las desigualdades del patriarcado. Somos las personas con convenios precarios, las que sufrimos los impagos de nuestros salarios.
Somos la gente trabajadora a la que le impiden tener un trabajo digno. Somos las trabajadoras de los servicios públicos, que sufrimos externalizaciones, y a las que nos quitan cada vez más recursos para ofrecer un servicio de calidad a la gente.
Somos las jóvenes que encadenan despidos encubiertos en periodo de prueba. Somos las hijas e hijos que viven peor que la generación de sus madres y padres. Somos las personas mayores cobrando una pensión de miseria.
Somos las paradas y parados, las autónomas y falsas autónomas. Somos las personas a quienes las multinacionales condenan a la precariedad.
Somos las desahuciadas y desahuciados, a quienes roban sus viviendas, quienes no podemos pagar la luz ni la calefacción. Somos las que perdieron las becas, las ayudas a la dependencia, las que esperan en las listas y salas del hospital.
Somos las personas con diversidad funcional, silenciadas y precarias. Somos las que migramos por no tener oportunidades en nuestro país. Somos las que dedicamos muchas horas a los cuidados sin que se reconozcan nuestros derechos.

 

Somos la gente de la cultura, artistas de lo precario, y quienes no tienen acceso a ella. Somos las personas que están hartas de vivir precarizadas, sin haber elegido esta forma de vida.
Hoy ponemos en marcha el espacio NO + PRECARIEDAD. Un espacio unitario para hacer frente, en común, a las distintas situaciones precarias que estamos sufrimos. Porque no nos resignamos a seguir siendo invisibles.
Porque solamente juntas y juntos seremos capaces de conseguir una vida que merezca la pena ser vivida. Si su herencia es la precariedad, la nuestra es la esperanza en un futuro digno.<>