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Mundo: “Divide y reinarás”

(Por Norma Estela Ferreyra)

Barómetro Latinoamericano, 22 de enero.- En forma muy general y a grandes rasgos, vamos a recordar cómo se organizaba social y políticamente el hombre, primitivo. Al principio, deambulaba de un lugar al otro hasta que se encontraba con alguien y ya no se separaban, porque entendieron que necesitaban estar juntos para defenderse, porque la naturaleza era un verdadero peligro.
Si los hombres hubieran podido advertir a los demás, hubieran puesto un cartel colgando de un árbol que dijera. ¡Cuidado con la naturaleza!
Al comienzo, los seres humanos nos refugiábamos en cuevas y éramos nómades, hasta que un día comprendimos que debíamos afincarnos en un lugar para organizar mejor la defensa y sentirnos más seguros, tener un techo estable, procurar el alimento, el agua, etc.
Cuando el hombre fue perdiendo el miedo, cambió de hábitos y comenzó a ver a la naturaleza como un todo , había estaciones, animales mansos que se podían criar y sirvieran de alimento, aprendió a cultivar las semillas, a conocer las fases de la Luna, de las mareas, el tiempo de las siembras, del uso de las aguas, etc.
Al progresar en capacidad y calidad de alimentación, también avanzó en conocimientos, hasta formar una cultura en común, con un número mayor de personas que los llevaron a formar un sistema más complejo de organización.
Entonces, necesitaron elegir un jefe que debía ser el que tenía más condiciones para dirigirlos y la sabiduría necesaria. Su mandato dependía de ello, ya que duraría en ese cargo, todo el tiempo mientras fuera útil y conservara esas cualidades, de otra manera, sería reemplazado por otro.
Aparece ya, en aquella sociedad, el derecho del pueblo a la revocatoria y si bien su mandato era temporal, es decir, no era para siempre, ni hereditario, como después fue la monarquía, la duración del mismo, no tenía un plazo determinado.
Hoy el recambio de mandatarios se estimula, porque todos quieren sentarse en el sillón presidencial, aunque sabemos que eso no garantiza aptitud en el gobierno y esto de la revocatoria es a lo que hoy tienen miedo los Poderes mundiales, porque ellos ponen sus garras en un gobernante obediente y no les conviene que pueda ser revocado antes de tiempo, por el pueblo, en cualquier momento.
Así surge la democracia, como un sistema de organización natural en esas sociedades primitivas, donde todos eran iguales y tenían los mismos derechos para elegir y ser elegidos. También existía la división del trabajo.
Algunos se encargaban de la defensa, otros tenían otras funciones, las mujeres, criaban a todos los niños de la comunidad y atendían a los enfermos y heridos, siguiendo en este caso lo aconsejado por los curanderos que luego, se convirtieron en hechiceros o brujos, ya que se creía que tenían poderes mágicos para vaticinar el futuro, basados en los astros o en símbolos, algo que era común en esos tiempos.
En la elección del jefe no se votaba levantando la mano, ni a voz alzada, ni de ninguna otra manera de las que hoy conocemos, sino que resultaba del diálogo y el sentido común, o sea, por consenso espontáneo.
Quien dijo una vez, que la democracia, como organización política surgió después de la monarquía, sin dudas, se equivocó.
La solidaridad, el espíritu gregario o de formar grupos, la igualdad de derechos y esta democracia espontánea, nacieron de nuestro razonamiento humano, de nuestra lógica, como una necesidad para poder sobrevivir.
Esa forma primitiva, estaba guiada por la lógica de un hombre en estado natural sin los vicios que vemos hoy, con ambiciones de riquezas personales, donde “el otro” no importa y donde la solidaridad, existe muy poco.
Las sociedades primitivas, fueron perfectas. De no ser así, el ser humano hubiera desaparecido en ese mundo hostil y adverso. Pero gracias a su lógica innata, pudimos llegar a superpoblar al planeta, tal como se encuentra hoy.
Pero cuando el hombre satisfizo sus necesidades básicas y perdió el miedo a la naturaleza, comienza a pensar en otras cosas, como el trueque de productos con otras tribus y allí comienza el comercio, que a medida que crece, los hombres dedicados a esa actividad, van tomando importancia, dentro de la división del trabajo.
Así va a surgir la ambición por la riqueza, como fuente de poder y nace la guerra con otros pueblos, para apoderarse de una tierra más fértil, ampliar sus fronteras, hacer conquistas con sus guerreros, conseguir esclavos para que trabajen por ellos, etc.
El hombre, se convierte en lobo del hombre. Y el guerrero, pasa a tener demasiada importancia.
Desde épocas muy remotas hubo Imperios esclavistas y guerreros, donde la conquista era un modo de saqueo por parte de los Imperios dominantes. Eran algo así como el poder mundial neoliberal, oligárquico del mundo actual, pero sin las armas poderosas con que cuentan hoy.
Luego la lucha entre clanes, dio como resultado los reinos y posteriormente, la tiranía y la monarquía fueron las formas más conocidas. Había mujeres como Cleopatra, que reinó en Egipto, que aún conserva obras majestuosas como las pirámides, realizadas por esclavos.
Sin embargo en las Monarquías, el poder del rey, era impenetrable porque no existían los partidos y el pueblo era uno sólo. Hasta que se hizo carne en aquellos que buscaban inmiscuirse para saquear a los países “el divide y reinarás”.
Y las Monarquías se fueron doblegando ante rebeliones populares, instigadas desde afuera y por intereses que el pueblo desconocía., aunque algunas monarquías se mantienen hasta hoy, en sistemas mixtos, o sea, para las fotos.
No obstante, hubo Monarcas sabios, que hicieron la grandeza de muchos países europeos. Y caciques indígenas americanos que lucharon por la libertad durante 4 siglos sin rendirse jamás y que debieron sacrificar a 90 millones de hombres y mujeres, en esa lucha por la libertad, para evitar la esclavitud.
La democracia griega que nos quisieron ocultar y borrar del mapa, por temor a que pudiera pudiera ser imitada en los gobiernos de los países que ellos pretendían dominar.
Entonces, directamente, la sacaron de las páginas de la historia política del mundo. Es más, siempre la desprestigiaron usando su nombre en las repúblicas representativas, que nada tenían de democráticas, como las actuales.
La revolución Francesa, especialmente, tuvo ese propósito. Había que destruir a las Monarquías porque en ellas, el pueblo no se podía manipular desde afuera, ni desde adentro, porque el rey era de todos, no de un sector y su mandato era vitalicio y hereditario.
Nadie podía influenciar sobre él, desde otros países, como sucede hoy, con las repúblicas representativas que se disfrazaron de falsas democracias, todas con Constituciones copiadas que provenías de una matriz oligárquica.
Hoy el poder forma una pirámide, donde en la parte superior está el gobierno elegido y en la base está el pueblo y entre ambos están los tres poderes representantes, pero no del pueblo, sino de los partidos. Lo que hay es una “partidocracia” donde a los ciudadanos se los usa para que voten, pero luego, no se los tiene en cuenta para nada.
Y esto es así, desde que se dijo que el pueblo “no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes”, pero los candidatos provienen de una elección realizada por un partido político, no por el pueblo, que por supuesto, no decide nada, ni elige a los candidatos ni siquiera para una interna, porque son los partidos quienes determinan entre quienes se debe elegir.
Pero se le hace creer al ciudadano, que decide cuando vota y ese es “el circo” que realizan a la vista de todos, sin que nadie se dé cuenta.
Entonces, entre los tres poderes y el pueblo, están los partidos que son los que realmente deciden y se entregan al poder mundial, salvo honrosas excepciones, como Venezuela, Cuba, Siria, entre otros, que no llegan a una docena.
Cabe señalar que también hubo algunos buenos gobernantes en repúblicas representativas, pero no por eso se transforman en democracias participativas, con poderes de decisión popular, como en la Atenas de hace 2500 años y que la llevó a la gloria por 400 años.
Es hora de que volvamos a ser un pueblo unido y único, sin partidos políticos y con una nueva Constitución donde se adopte la revocatoria y se le quite al poder ejecutivo el derecho al veto y a decretar, ya que sólo ejecutará lo que el pueblo decida en asambleas legislativas con voto secreto. Hay muchas formas, para lograr la participación popular.
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