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(Por Rafael Flores)*

Recibido por una gentileza del Autor, 10 de abril.- …Para derrotar definitivamente la contumaz determinación del imperialismo estadounidense y europeo, que pretende someter una vez más a su dominio a la República Bolivariana de Venezuela.
 
La Revolución Bolivariana puede derrotar la agresión paramilitar que Estados Unidos ha preparado contra Venezuela, tras el fracaso de sus intentos para legitimar, en la Organización de Estados Americanos OEA, la intervención directa de sus fuerzas militares regulares.
Pero para que nuestro triunfo sea posible, es necesaria otra estrategia, que profundice la severidad de la JUSTICIA contra el traidor y reciba al invasor como merece, no como a un turista indeseable, a quien se le suministra boleto para el viaje de repatriación.
Es necesaria otra estrategia, que neutralice la guerra imperial contra la economía de Venezuela y el desabastecimiento deliberado de alimentos y medicinas que sufrimos los venezolanos.
Escribo neutralizar, no derrotar; toda vez que, el lapso para lograr soberanía alimentaria, para producir  una mayor proporción de los alimentos que consumimos, desde el 2003 hasta el presente, no ha sido suficiente.
Durante esos catorce años han sido enormes los esfuerzos para reconstruir la agricultura venezolana, destruida por 40 años de gobiernos subordinados, que le permitieron al imperialismo hacer a Venezuela dependiente de la importación de alimentos.
14 años no fueron suficientes para formar el recurso humano hábil en tareas agrícolas y repoblar el campo, desarrollar ciencia y tecnología, crear industrias para fabricar máquinas y herramientas, sustituir la industria procesadora de alimentos, cómplice en el desabastecimiento para favorecer el propósito imperial contra Venezuela.  
No es ni será fácil superar el hecho de que nuestros ancestros fueran obligados a abandonar aceleradamente el campo en las cuatro décadas siguientes a la caída de Pérez Jiménez, para borrar de nuestra memoria la vocación agrícola venezolana y destruir las iniciativas del Dictador para modernizar la  agricultura.
Durante esos cuarenta años nuestra cultura agrícola se sumergió en cinturones de miseria alrededor de las ciudades, donde, a decir de Alí Primera, “la miseria es más divertida”.
La estrategia actual del Gobierno Bolivariano, de resistencia pacífica y dialéctica frente a las agresiones imperiales, de contraataque electoral y democrático, no dispuso del tiempo necesario para superar esa vulnerabilidad, que nos afectó gravemente  el 6 de diciembre de 2015, cuando la Revolución Bolivariana sufrió su mayor revés electoral.
Insistir en la misma estrategia sería abandonarnos a otra derrota, ahora definitiva, y perder nuestra libertad reconquistada el 6 de diciembre de 1998, luego de 168 años de Berruecos y Santa Marta. Maduro tiene a disposición otra estrategia y él es el hombre para ejecutarla.
Con Maduro no se repitió la tragedia de 1830: seguimos siendo libres. La elección que Dios Todopoderoso hizo de Maduro, para sustituir al Comandante, no fue en vano. Corresponde a Maduro ser él y liderar una nueva estrategia.
*Capitán de altura y productor agrícola.