(Por Richard Ruiz Julién)*

Recibido de María Victoria Eraso, corresponsal de Prensa Indígena.org - Canberra, 13 de noviembre (PL).- Los primeros pobladores de Australia están, de acuerdo con expertos, entre las poblaciones humanas que hasta ahora se han visto poco representadas en los estudios genómicos.
 
Tras una primera lectura del genoma de 83 aborígenes de aquel continente, y otras 25 personas de Papúa-Nueva Guinea, los especialistas lamentan no haber prestado atención a una comunidad que ahora definen como un tesoro científico.
Los aborígenes australianos difieren entre sí tanto como un español de Cádiz difiere de un chino de Pekín, dicen los estudiosos.
Eso implica que esos grupos han ocupado Australia desde hace mucho, mucho tiempo, tanto que es la población viva más antigua del planeta, y que salieron de África antes que el resto de la humanidad.
Saber cuántas veces salió la humanidad de África, cuándo ocurrieron esas migraciones y qué fue de ellas es una de las preguntas esenciales sobre el pasado de nuestra especie.
Los científicos presentaron recientemente en cuatro investigaciones en Nature la mejor respuesta que permite el conocimiento actual.
La comparación de los genomas aborígenes con los del resto de los habitantes del planeta, incluidos sus vecinos asiáticos y oceánicos más próximos, muestra que 'emigraron de África antes' que los demás humanos modernos, hace 60 000 años o más, cuando las actuales Australia y Papúa-Nueva Guinea estaban unidas en un solo continente.
Muchos milenios después, cuando la crecida del nivel del mar aisló Guinea de Australia, los dos grupos interrumpieron su flujo genético -dejaron de tener sexo, con el resultado de que su distancia genética es ahora similar a la que separa a europeos y asiáticos orientales.
Aún así, ni siquiera la de los aborígenes fue la primera migración de humanos modernos fuera de África.
«»En sus genomas.
En otra investigación, el Biocentro Estonio de Tartu muestra que los actuales habitantes de Papúa-Nueva Guinea portan en su genoma signos apreciables (más de un dos por ciento del ADN) de una población humana más antigua aún, un grupo humano que se separó de los africanos antes de que lo hicieran los eurasiáticos.
Los científicos estonios deducen que esos fragmentos genómicos provienen del sexo que debió darse entre los ancestros de los papuanos y una migración que hizo el mismo recorrido mucho antes: una migración que había salido de África hace unos 120 000 años.
Las cuatro investigaciones que se presentan en la revista especializada, firmadas por equipos de 35 países, incluida España, revelan la creciente complicación que la genómica imprime a la historia del Homo sapiens, como ya hizo previamente con nuestros ancestros los homínidos.
La Universidad de Harvard presenta también en Nature los genomas de 300 personas de 142 poblaciones que, al igual que los aborígenes australianos, estaban poco o nada representados en estudios de la variedad humana; su principal hallazgo es muy notable: demuestra que los humanos actuales empezamos a divergir hace 200 000 años.
Eso cuadra a la perfección con la fecha de datación de los primeros cráneos iguales que los nuestros. Y confirma que nuestros primeros padres no se extinguieron, sino que siguen viviendo en nuestro genoma.
El equipo de Harvard exhibe su sofisticación matemática con un dato asombroso: que la velocidad de mutación genética ha aumentado en un 5 por ciento desde que salimos de África.
La explicación es bien curiosa: el tiempo entre generaciones ha disminuido desde entonces, es decir, que tenemos hijos cuando somos más jóvenes que nuestros ancestros africanos.
Cuanto más se reproduce uno, más oportunidades de mutación le da a la descendencia.
De ahí que los virus sean los maestros de la evolución en la Tierra.
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