Prensa Indigena Inicio

  • Ref15.jpg
  • Otro4a.jpg
  • Yu13c.jpg
  • Dia9.jpeg
  • Deba16a.jpg
  • Debe16.jpeg
  • Unde15.jpg
  • Comun15a.jpg
  • Sau5b.jpg
  • Terro15.jpg
  • Sec12.jpg
  • Vida7b.jpg
  • Vio12.jpeg
  • Abo1.jpg
  • Tan5.png
  • Ayu15b.jpg
  • Mu9.jpg
  • 13re15.jpg
  • Losin1b.jpg
  • Der19.jpg

(Por Rodrigo Arce Rojas)*

Foto: Nuestra Voz.
Servindi, 3 de julio, 2019.- El hecho que tengamos lenguajes polisémicos o ambiguos provoca que no todos entendamos lo mismo cuando se convoca una palabra, más allá de lo que pueden decir los diccionarios o las estandarizaciones que se quieran dar, por esas razones no nos entendemos aún dentro de un mismo idioma, señala el autor del artículo.
Nuestras palabras definen el alcance de nuestro pensamiento lo que implica que nuestro pensamiento está en función de nuestro vocabulario y el grado de significación que le demos a cada palabra.
Diversas razones de carácter lingüístico, sociocultural, político y económico que llevan a que los significados varíen incluso en los niveles personales, familiares, comunales y geográficos.
Diversas culturas, historias, percepciones, expectativas e intereses hacen que no todos estemos entendiendo lo mismo cuando se convoca una palabra…
Más allá de lo que los diccionarios, enciclopedias o las estandarizaciones que se quieran dar desde la institucionalidad, la ciencia, la academia, los medios de comunicación, la calle o el pueblo quieran darle. Todo ello repercute para que tengamos lenguajes polisémicos y ambiguos.
Si bien es cierto hay un significado que podríamos llamar promedio, promovido por la normalización institucional, educativa o comunicacional, los significados se desplazan tanto hacia el lado derecho como del lado izquierdo de la campana de Gauss.
Por esas razones nos encontramos a situaciones en las que no nos entendemos aún dentro de un mismo idioma.
Diversas culturas, historias, percepciones, expectativas e intereses hacen que no todos estemos entendiendo lo mismo cuando se convoca una palabra, más allá de lo que los diccionarios, enciclopedias,,,
O las estandarizaciones que se quieran dar desde la institucionalidad, la ciencia, la academia, los medios de comunicación, la calle o el pueblo quieran darle. Todo ello repercute para que tengamos lenguajes polisémicos y ambiguos.
Desde el modelo hegemónico de sociedad, economía, civilización y cultura, por ejemplo, hay una serie de palabras que están “normalizadas” que quiere decir que están ampliamente aceptadas en cuanto a su significación y no se requiere más discusión al respecto.
Nosotros, que también estamos en este sistema cultural dominante, los aceptamos, actuamos y reflexionamos, o pretendemos hacerlo, desde esta acotación significativa.
Pongamos como ejemplo algunas palabras o frases “estandarizadas” tales como productividad, competitividad, eficiencia, crecimiento, progreso, desarrollo, desarrollo sostenible, recursos naturales, entre otras.
Ponerlas en cuestión es motivo de escarnio, de descalificación y hasta de acusación de ignorancia o incluso de apelación a coloridos motes.
Pero para sorpresa de quienes comulgan con estas palabras o frases solución, también hay un fuerte movimiento emergente que cuestionan la consistencia o pertinencia de estas palabras-conceptos.
Estos cuestionamientos vienen de la academia crítica, de los movimientos sociales, de la diversidad de culturas que no forman parte de la tradición greco-romana. Todo ello ha dado a pie a lo que Boaventura de Sousa Santos y seguidores llaman “epistemologías del sur” (Santos, 2018).
Pongamos el caso específico del concepto de desarrollo sostenible, concepto cumbre de la modernidad que refiere ahora no sólo a la integración entre lo social, ambiental y económico sino incluso a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.
El tema está, que aunque trate de lograr la aspiración del equilibrio y la ponderación de todas estas dimensiones, en el fondo no logra remover su sesgo economicista.
Aunque han tomado nota de las sistemáticas y fundamentadas críticas sobre las debilidades en las consideraciones sociales y ambientales, finalmente quedan subordinadas al poder de la razón económica.
Tampoco hay un cuestionamiento a sus bases ontológicas y epistemológicas que están marcadas por la ontología de la separación entre el ser humano y la naturaleza y la epistemología del paradigma simplificante.
De ahí que existan movimientos que hablan de decrecimiento, alternativas al desarrollo o enfoques transicionales que están en la búsqueda de futuros alternativos al modelo civilizatorio actual que ha provocado una profunda crisis global.
Desde el propio capitalismo también cobran fuerza propuestas como economía circular, economía del bien común, economía azul, entre otras que buscan mayor coherencia aunque no todas reconozcan que la economía es entrópica.
En este contexto aparecen propuestas que ponen al centro la vida. Se pretende superar un antropocentrismo fuerte que ha consagrado la supremacía del ser humano sobre otro tipo de manifestaciones de la vida.
Así como hay una gradación entre antropocentrismo fuerte hasta un antropocentrismo débil también hay una escala entre biocentrismo débil y biocentrismo fuerte.
Poner la vida como eje y sentido de la existencia es profundamente transformador y un gran reto. Esta perspectiva se plasma en propuestas como el Biodesarrollo, la Bioeconomía, la Biopolítica, la Bioética, la Ética Ambiental, entre otras (Maldonado, 2018). Sus premisas fundamentales son:
Todas las manifestaciones de la vida en el planeta son dignas de respeto independientemente de la utilidad humana.
<>La vida es la medida de todas las cosas.
Una de las razones por las cuales todas las expresiones de vida son importantes refiere a la sintiencia:
Sintiencia es la capacidad de sentir, percibir o experimentar subjetivamente y es un atributo que no es exclusivo de los seres humanos como hasta ahora nos lo habíamos creído. Una de las tantas ficciones de la sociedad occidental.
En la naturaleza también existe la sintiencia, innumerables testimonios dan cuenta de ello. Si los seres de la naturaleza, especialmente aquellos con sistemas nerviosos desarrollados o equivalentes, también sienten, también sufren ¿Por qué no sentimos nada cuando los agredimos o dañamos?
¿Está en consonancia con nuestro carácter “superior de sintiencia? Si aceptamos este hecho tendremos que revisar muchos aspectos que en nombre de la cultura, gastronomía…
Entretenimiento o simplemente por pensar que más importante que la sintiencia de cualquier ser es la satisfacción personal o el incuestionable crecimiento económico.
Cuánto daño estamos causando impunemente y ni cuenta nos damos o simplemente no queremos ver, cuánta arrogancia nuestra pensar que los seres de la naturaleza son recursos naturales explotables y que podemos actuar con ellos como se nos plazca.
Cuántas extinciones, cuántas agresiones a individuos y poblaciones de los ecosistemas. La naturaleza no es idílica en el sentido que no haya sufrimiento pero es el curso natural.
El problema es cuando Homo sapiens actúa más como Homo depredador o un Homo que aplica convenientemente la sintiencia.
Aunque es una propuesta de cambio profundo que está más acorde con la ética de la tierra, la ética del cuidado, las ontologías que no hacen diferencia entre seres vivos humanos y seres vivos no humanos, todavía hay muchos temas que requieren ser discutidos.
Primero que no es fácil definir lo que es la vida. A lo máximo se trata de diferenciar los seres vivos de los elementos no vivos esto no es tan sencillo como parece. Una de las principales concepciones de la vida es la que presentan Maturana y Varela como autopoiesis.
Razeto- Barry (2012) define un sistema autopoiético como: “…una red de procesos que produce todos aquellos componentes cuya producción interna es necesaria para mantener operando la red como una unidad’.
El tema se complejiza con el transhumanismo pues se diluye la separación entre naturaleza y artificialeza.
Desde el campo de las ontologías relacionales se da cuenta otras formas de concebir la relación humanos-naturaleza donde se presentan casos de unidad, conversión de humanos a naturaleza, conversión de naturaleza a humanos o simplemente no existe la naturaleza (Escobar, 2014; 2005).
Pero la separación ser humano de naturaleza no es tan tajante como se pudiera pensar convencionalmente. Somos holobiontes por lo que tenemos que reconocer que el ser humano es una simbiosis con las bacterias.
Sin esas bacterias no es posible concebir la vida humana (Maldonado, 2018: 82). Aunque los libros de ecología clásica o de hidrología no lo reconozcan formamos parte de los ciclos biogeoquímicos, del ciclo hidrológico.
La vida humana está estrechamente interconectada con la vida de las plantas. Sin las abejas o polinizadores en general la propia vida humana se pone en serios aprietos.
Un problema fuerte radica en el reconocimiento de las cadenas tróficas. Si bien es cierto que hemos avanzando en cuanto al respeto a los animales domésticos esta lógica aún no se traslada en toda intensidad a lo que consideramos son nuestros alimentos.
Los veganos ya optaron por no ser parte de las torturas y crueldades con las que se sacrifican a muchos de los animales que forman parte de nuestra dieta. Pero el tema no termina ahí porque ahora sabemos que las plantas también tienen niveles de sensibilidad y comunicación intra e interespecífica.
Con todos los dilemas existentes necesitamos repensar nuestra relación con la naturaleza y religarnos con ella.
La cosificación de la naturaleza y la visión de recurso han provocado que agredamos los ecosistemas sin ningún tipo de consideración ética y estamos acelerando dramáticamente la extinción de las especies.
Seguramente habrá que remover patrones culturales fuertemente enraizados como por ejemplo las corridas de toros o peleas de gallos y todo tipo de prácticas culturales que impliquen dolor y sufrimiento a los animales.
Lo mismo aplica a la gastronomía aunque consideremos el carácter sagrado de nuestros alimentos.
Reconozco que este cambio de paradigma no es fácil. Pero es importante profundizar en la búsqueda de propuestas de convivencia y armonía que contribuyan a una genuina sustentabilidad para poder revertir el proceso de deterioro planetario. De continuar con una visión de desarrollo que ve a la naturaleza como una canasta ilimitada de recursos y que cree optimistamente que con tecnología y dinero lo superamos todo no hay biocapacidad de la tierra que pueda resistir. No hay un planeta alternativo. Sólo la capacidad de reflexionar y actuar con sensatez.
<>Referencias bibliográficas:
Escobar, A. 2014. Sentipensar con la tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia/ Arturo Escobar --Medellín: Ediciones UNAULA, 184 p. (Colección Pensamiento vivo).
Escobar, A. 2005. El “postdesarrollo” como concepto y práctica social. En Daniel Mato (coord.), Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, pp. 17-31.
Maldonado, E. 2018. Política+Tiempo=Biopolítica Complejizar la política. Bogotá: Ediciones desde abajo. 272 p. Recuperado de:
https://www.researchgate.net/profile/Carlos_Maldonado2/publication/324845407_Politica_Tiempo_Biopolitica_Complejizar_la_politica/links/5ae7aff745851588dd7f8abe/Politica-Tiempo-Biopolitica-Complejizar-la-politica.pdf?origin=publication_detail
Razeto-Barry, P. 2012. Autopoiesis 40 years later. A review and a reformulation. Origins of Life and Evolution of Biospheres 42: 543–567.
Santos, B. 2018. Epistemologías del Sur. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Coímbra: Centro de Estudos Sociais. 470 p. Recuperado de:
http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20181124092336/Epistemologias_del_sur_2018.pdf
* Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
https://www.servindi.org/actualidad-noticias/03/07/2019/poniendo-la-vida-en-el-centro-de-la-accion-humana <>