(Por Janaina Strozake: del MST de Brasil)

En la imagen: Contra el golpismo en Venezuela.
Recibido de Javier Arjona, internacionalista, corresponsal de Prensa Indígena.org - 24 de enero de 2019.- Acompaño intranquila lo que ocurre hoy en Venezuela. En las noticias de la tele, toda la gente habla de que el golpe de estado que Estados Unidos intenta aplicar se fundamenta en “movilizaciones espontaneas” que han tomado las calles del país.
No dejé de sorprenderme con la expresión “movilizaciones espontáneas”, como si las protestas nacieran de la más sencilla y legítima indignación de la gente.
Pero, ¿serán realmente espontáneas? ¿No habrá nada ni nadie por detrás, que tenga otros intereses nada que ver con democracia y derechos humanos?
Protestas espontáneas hubieron en Inglaterra, en el siglo XVIII, para defender la comida local, para proteger la gente contra las leyes endurecidas que facilitaban la construcción del modo capitalista de producción.
Eran protestas y rebeliones locales, guiadas por el hambre y la defensa de lo que E. P. Thompson llamó “economía moral” de los pobres.
Sin embargo, las protestas en Venezuela me hicieron recordar las movilizaciones en Brasil, en 2013, que abrieran paso al golpe contra Dilma Roussef – no olvidar nunca que la primera presidenta brasileña es inocente y ni siquiera hubo ninguna acusación de que ella hubiera practicado algún crimen.
En aquel entonces el discurso era el mismo: librar Brasil de una dictadura de izquierdas que estaba llevando el país al naufragio económico y al caos social, recuperar la libertad y la democracia. Teóricamente eran protestas espontáneas, organizadas a través de las redes sociales.
Hasta que salió a la luz que quienes estaban por detrás de las protestas eran principalmente los Koch Brothers, dueños de la Revista Times.
Que se dedican a industrias del petróleo y gas, oleoductos, refinaría, producción de derivados químicos y fertilizantes, en un abanico que llega hasta la producción de toallitas de papel.
Ocupan el segundo puesto como mayor empresa privada de Estados Unidos, con una influencia política garantizada por el poder económico y por la red de entidades suyas, como Americans for Prosperity, Charles Koch Institute o Cato Institute.
Entidades formadoras y educativas que mantienen, como por ejemplo el Students for Liberty, el Atlas Economic Research Foudantion – patrono del Leadership Academy.
El Institute for Humane Studies, o entidades a las que apoyan, como la Freedom Partners Chamber of Commerce, o The LIBRE Initiative. Además financian a grupos que niegan la existencia del cambio climático.
Los Koch están judicialmente procesados por el robo de cinco millones de barriles de petróleo de una reserva indígena. El Greenpeace les acusa de 300 derrames de petróleo.
Sí, esa gente estaba por detrás de las manifestaciones “espontáneas” que han quitado de la presidencia a la primera mujer que Brasil había elegido.
Una mujer que no había cometido ningún crimen, sino estaba defendiendo a la soberanía del país. En ese momento, en manos de la extrema derecha, Brasil se convierte en un paraíso de rebajas para el capital extranjero, muy al gusto de los hermanos Koch.
Una de las palancas de esos grupos neoliberales es la insatisfacción de personas que ven sus privilegios amenazados por el avance de la igualdad. Uno de los jóvenes coordinadores de las movilizaciones para derribar a Dilma decía que “el PT te culpa por ser hombre, blanco o heterosexual”.
Ello atrajo a hombres que estaban teniendo que cuidar mejor las palabras y las acciones que dirigían a las mujeres.
A personas blancas que ya no podían disfrutar de chistes que herían la dignidad de personas de otros colores; a personas hetero que ya no podían apalear impunemente a personas que no se encajaban en esa norma.
Y la gente fue a la calle, diciendo que combatía la corrupción y la dictadura, cuando en realidad solo pensaban en mantener sus privilegios.
Porque en un mundo capitalista, privilegio se confunde con derecho y derechos se confunden con favores.
Ahora miro a Venezuela, golpeada por el capital transnacional y por Estados Unidos, queriendo que el mundo se alce en defensa del pueblo venezolano. No olvidemos que en septiembre de 2018, Trump ya sugirió el golpe de estado contra Maduro.
Me admiro de cómo se esgrime, desde derechas e izquierdas, la situación de pobreza que vive el pueblo venezolano, para justificar la salida de Maduro de la presidencia. ¿Acaso esa situación se genera y se soluciona simplemente por un presidente?
¿No tiene relación con la situación en el mundo? ¿No hay unas fuerzas externas que tienen interés en que haya miseria y caos en Venezuela? Además, ¿no hay en el mundo otros países con más pobreza y miseria?
¿No hay países en donde los derechos humanos son papel mojado? ¿No hay países en donde niños y niñas de cinco años son encerrados en jaulas como animales, apartados de sus familias? ¿Por qué no hay declaraciones sobre esos otros países?
Todo eso, Brasil, Venezuela, América Latina, me recuerda los muchos golpes de estado patrocinados por Estados Unidos a lo largo del mundo y de la historia.

En 1964 los militares tomaron el poder en Brasil, y EEUU tenía preparada la Operación Brother Sam, para garantizar armas y combustible a los golpistas, caso la población se resistiese en una guerra civil.
Nada es espontáneo en Venezuela. No cerremos los ojos a los intereses de empresas transnacionales y de Estados Unidos. Defendamos el pueblo y su derecho de autodeterminación.
Si Trump y Bolsorano han reconocido a Juan Guaido, es una buena señal de que debemos permanecer al lado de Maduro y de los movimientos sociales de la izquierda venezolana.
Asturias de lluvia y nieve, 24 de enero de 2018<>