(Por José Diez)

Recibido por una gentileza del autor, 21 de enero de 2019.- El negocio es un mambo organizado desde el siglo XVIII; pero tan viejo que acredita muchos siglos antes de la era.
El negocio es el fruto cosechado sin indulgencia para los ingresos caudalosos y efectivos. Es el festín de las ilusiones cuando genera la multiplicación de las monedas o la desilusión cuando entra en crisis con ropa y todo.
El negocio posee un abanico de colores de lo más surtido en cuestiones de ganancia. Obra con negligencia y no se amarra con nadie para producir descontento, sangre y mala fe.
Perder significaría perder la brújula, los esfuerzos por lo que se ha invertido para cosechar sus fines.
Si el autor del Capital no hubiera existido tampoco hubiese existido el desenfreno capitalista.
Los textos del libro abrieron los ojos a los estudiosos en métodos que generaran mayor cantidad de capitales.
Es difícil creer que un sociólogo en esta materia sea versado en el área de las ciencias económicas, visto desde el punto abstracto de esa corriente y teniendo al metal oro como reserva bancaria y representado en papel moneda de cambio y comercio que de algún modo origine capital.
Hoy por hoy esta forma de embarcación dirige su rumbo hacia el infierno.
La memoria puede envejecer con la historia pero no con los acontecimientos; en el fondo el re ordenamiento económico sí puede ser complicado en sus funciones, por eso fue llevado en hombros por los economistas europeos para tragarse las naciones con el paradigma del mercado esclavitud, préstamos y robos sobre la codiciada materia prima.
Si proyectamos en ese tiempo las ideas de Nietzsche su contemporáneo, era desafiante a las ideas del kamikazi del célebre prole-tariado mundial que solo fue el causante de llevar hacia el eclipse ideológico la utopía sangrienta por los confines del planeta.
Nietzsche nunca se mostró partidario de esa ideología política.
Por eso que el negocio es macabro desde sus inicios de esclavitud y feudalismo y que, jamás tuvo pensador o filósofo para la ma-quiavélica doctrina del absurdo.
Smith no era un pensador, era un pragmático de las aplicaciones sobre el desarrollo de la industria.
Hacer del dinero una filosofía, hay que tener el cerebro cuadrado.
El kamikazi era un pensador escolástico que imprimió una doctrina basada en fe y acto revolucionario, teniendo al proletariado como elemento marginal del sistema.
Combatir una fe es volverlo adicto a la creencia. Sucedió con los cristianos que se organizaban en catacumbas, los sacrificaban en los coliseos, para llevarlos a la cruz y a la hoguera.
La religión ha durado más porque toca el espíritu, tradición y familia. No es doblegar físicamente al cuerpo, no, también es hacerse dueño del alma por quienes la imponen. No es el verdugo que castiga o mata, él es la representación de esa cúpula de hierro que ordena y condena, o sea, el vaticano y las monarquías.
El negocio tiene rostro visible por fuera pero por dentro la directiva es algo macabra. Es un pelotón ejecutando las raras transacciones del flujo, mercadería, cantidad y valor de los productos.
A los Camellos se les debe las travesías por el desierto donde los asaltos tenían voz y voto. Hablo de unos tres mil quinientos años atrás.
LA CIVILIZACIÓN DE LOS NEGOCIOS cruzaba el Asia y el Oriente igual que “cristo” por el ojo de una aguja, según el paisaje de la parábola. Esta ansiedad farisea se incorporó tardíamente en la Europa Central y, cerebro y mentalidad hicieron suya al personaje bancario cuando tomaron por descubrimiento un continente puro en todo el aspecto real de la palabra.
No existían los arcabuses porque no eran necesarios. Ni corazas ni espadas porque no llegaban a esa barbarie religiosa. Los asaltos que tenían voz y voto mostraron diferentes sus colmillos con la invasión y usurpación de las tierras en ese largo delirio por la propiedad continental.
Todo el océano cósmico de la crueldad fue volcado sobre la arena insospechada de este mundo. Abrieron la tierra con lujuria para arrancar los frutos a la semilla por la más atroz e indecente doctrina capitalista con la manipulación genética.
LA MALDICIÓN DE LOS DIOSES es el resumen de esta historia de crímenes, robos, evoluciones relámpago, drogas, desprecio, prostitución, ambición y traiciones; que muy claramente se observa en la televisión por los líderes de la mafia política.
El fracaso de la historia es todo lo que nos muestra la modernidad llena de bombas inteligentes y exterminadoras.
El paraíso que buscaron lo encontrarían y lo convertirían en el infierno habitual todo el siglo XX. La dinamita, la bomba atómica y el juicio final que se aproxima por culpa del brillante señor de los negocios.<>