Recibido de Javier Arjona, internacionalista, corresponsal de Prensa Indígena.org – 4 de enero de 2019.- En la conferencia del historiador Antonio Muñoz con el Ateneo Obrero (Xixón-3 enero 2019) el profesor interpelaba sobre Leonor, de Mieres: ¿Sabrán los escolinos de Mieres de su existencia?
¿Tal vez habrán leído el diario de Ana Frank, y no les hayan explicado sus profesores que tienen una Ana Frank más cerca de sus casas, a la “otra” Leonor, resistente antifascista, asesinada a los 24 años en un campo de exterminio nazi?.
María Leonor Rubiano Fernández fue deportada al Campo de concentración de Ravensbrück en Alemania, donde murió el 9 de febrero de 1945. Había nacido en Mieres el 3 de julio de 1920.
En otoño de 1938, se la reporta en París, manifestándose contra los Acuerdos de Munich.
En septiembre de 1941 cayó en poder de la Gestapo y fue enviada, en la primavera de 1942, a la prisión alemana de Prüm.
Más tarde, como represalia por haber festejado la fiesta nacional de Francia, el 14 de julio, a Leonor la encerraron en la fortaleza de Breslau.
Hasta que, en septiembre de 1942, la llevaron en el campo de Ravensbrück.
A través de tantas vicisitudes (lucha política, actividad sindical, interrogatorios, cárceles y el campo de exterminio) se puede comprobar la incomparable fortaleza moral de Leonor.
Pero su fuerza física era mucho más endeble. Un día la destinaron a un taller anexo donde se confeccionaban prendas militares, bajo la vigilancia de un oficial S.S., un asesino sádico que mató a varias mujeres golpeándolas con unas planchas metálicas usadas allí.
Leanor, en defensa de sus compañeras, sufrió allí lo indecible . Fue apaleada y torturada. Hambrienta y destrozada, física y moralmente, cayó enferma en diciembre de 1944 y murió en febrero de 1945, cuando ya apercibíamos cercana la libertad, sin que lográsemos arrancarla de las garras de los S.S.
Así desapareció aquella joven y valerosa muchacha. Fue una gran figura de la Resistencia francesa, una auténtica heroína española, que supo honrar las ideas que defendió y el país que la vio nacer. (Testimonio de la sobreviviente del campo nazi Angelines Martínez).
<>Datos:
Por el campo de concentración nazi de Ravensbrück pasaron alrededor de 400 republicanas españolas, la mayoría de ellas entre 1944 y 1945. Estas mujeres huyeron de España a Francia para no ser capturadas por las tropas de Franco.
En Francia, tras la ocupación alemana participaron en diversas actividades de la resistencia y fueron detenidas por los alemanes y sus colaboradores, con pruebas o meras sospechas sobre sus actividades hostiles.
Y al igual que con los prisioneros masculinos, en España no quisieron saber nada de ellas.
Durante su estancia en Ravensbrück o en lugares dependientes de este campo fueron obligadas a trabajar en la industria armamentística, siendo sometidas a duros castigos y torturas mientras estaban allí.
El campo se encontraba cerca de la localidad alemana de Fürstenburg, a unos 90 kilómetros al norte de Berlín. La parte más importante la componían unos 22 barracones en los que vivían unas trescientas mujeres, aunque originalmente estaban construidos para albergar a cien.
El conjunto lo completaban una serie de edificios administrativos, alojamientos para guardianes, enfermería y una cocina. Posteriormente se añadieron un crematorio y una cámara de gas.Todo ello estaba rodeado por una valla electrificada a la que se lanzaron las que quisieron suicidarse.
Se construyó también un pequeño campo anexo para niños y hombres y unas veinte naves industriales en las que las prisioneras hacían ropas para el ejército alemán y su industria armamentística.
Aproximadamente, más de 120.000 mujeres de 40 países fueron deportadas a este campo.
Solían llegar a Ravensbrück en trenes masificados con apenas comida y agua, por lo que muchos morían víctimas del hambre y del hacinamiento.
A su llegada, eran obligadas a bajar de los vagones a golpes por parte de las SS y las guardianas del campo, siendo azuzadas por enormes perros para que las mordieran.
A continuación, les formaban en mitad de un patio donde eran obligadas a desnudarse y eran clasificadas en varias categorías: delincuentes comunes, judías, gitanas, presas políticas, lesbianas y testigos de Jehová.
Después les daban un número y un uniforme de prisioneras con un triángulo invertido de rojo. Finalmente eran rapadas al cero y enviadas a las duchas para “ser desinfectadas”.
Estas duchas se hacían con agua helada, incluso en pleno invierno, con temperaturas de hasta -20 gados, por lo que muchas de las presas morían por culpa del frío. Las más fuertes eran seleccionadas para trabajar; las que ellos consideraban débiles eran ejecutadas.
Las condiciones de vida en Ravensbrück eran terribles. Hubo presas que fueron obligadas a prostituirse para los alemanes.
Fallecían unas 1.000 mujeres al mes por el frio, las enfermedades, la masificación de los barracones, las palizas, las torturas, y el hambre (solían comer un tipo de sopa en la que a veces les echaban mondas de patata).
Las presas republicanas fueron sometidas a experimentos médicos y psicológicos por parte de los oficiales de las SS. Las presas embarazadas duraban poco.
Muchas morían por las condiciones del parto o enloquecían porque los nazis mataban al recién nacido delante suya para ver como reaccionaban.
Había un recuento de prisioneras a diario obligándolas a formar en uno de los patios del campo, donde, independientemente del tiempo que hiciera, tenían que estar varias horas en pie sin poder moverse, girar la cabeza o hablar.
Hacer cualquiera de esas cosas se consideraba como desobediencia y era castigado con golpes, latigazos o ser ejecutadas.
Las jornadas de trabajo eran de 12 horas diarias, en dos turnos y sin apenas comida ni descanso. Se descansaba algunos domingos porque había ingenieros que se negaban a trabajar ese día. Cualquier fallo en el trabajo o hacerlo demasiado lento era castigado físicamente, incluso con la muerte.
Las condiciones de vida empeoraron por el frío y el hambre tras el invierno de 1944–1945 y se hicieron especialmente penosas en las semanas previas a la liberación del campo por el ejército soviético.
Los SS se marcharon con las presas que estaban en mejores condiciones físicas (luego serían fusiladas y abandonadas en cunetas) dejando en el campo a las que no podían valerse por sí mismas.
Con la liberación del campo de Ravensbrück el 30 de abril de 1945, la mayoría se marchó a Francia y allí permanecieron como refugiadas.
Sobrevivieron Mercedes Núñez, Concha Ramos (ambas recibieron la medalla de honor francesa), Neus Català, Lise London, Carmen Cuevas, Ángela Cabeza.
No tuvieron esa suerte Carmen Gardell, Adriana Calderón, Carmen Bartol, Sofía Limón. Y Leonor Rubiano que tenía 24 años al momento de su asesinato.
En la actualidad, en Ravensbrück hay una celda dedicada a las presas republicanas españolas.
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