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Recibido de Guillermo Marín Ruiz, Historiador, corresponsal de Prensa Indígena.org – 4 de enero de 2019.- El primero de enero de 2019, se cumplen 25 años del estallido social que ha transformado el mundo moderno.
Un cuarto de siglo en que los anahuacas más ilustres de este país (el Anáhuac hoy llamado México), llegaron a la sabia y digna conclusión, de que era preferible morir por las balas del ejército, que de hambre o de enfermedad, y dijeron un rotundo y sonoro ¡Ya basta! y se levantaron en pie de guerra.
La otra fecha significativa para las personas conscientes y descolonizadas es el 21 de febrero, cuando se cumplen 500 años del inicio de esta invasión, que llega hasta nuestros días, y que, pareciera que no termina.
La infame voracidad, insaciable y depredadora, de los extranjeros y de los hijos de sus hijos, que siguen llegando a asesinar, explotar y engañar a nuestra gente. Extranjeros que explotan y contaminan impunemente nuestros bosques, montañas, playas y aguas.
Quinientos años en que hemos sido despreciados y despojados de nuestra memoria histórica y nuestra identidad cultural ancestral.
Quinientos años que nos han forzado a olvidar, quiénes fueron nuestros gloriosos antepasados, cuáles sus grandes e impresionantes logros de organización, de educación, de salud y alimentación.
Sus impresionantes avances y descubrimientos de las matemáticas, la física, la astronomía, la ingeniería y la arquitectura.
Quinientos años de no saber quiénes en verdad somos, todos y cada uno de nosotros; de no saber, qué es lo que deseamos y qué es lo que no queremos.
Quinientos años, como dijo el poeta Octavio Paz, de "vivir en un laberinto de soledad", de ser extranjeros incultos y ajenos a nosotros mismos en nuestra propia tierra milenaria y en nuestra Madre Cultura.
Amable lector, dos fechas muy significativas. La primera nos demuestra que "Sí se puede decir: ¡Ya basta!" al capitalismo global, a la banca internacional, a las mega-empresas trasnacionales y a los gobiernos locales corruptos.
Reconocidos en los sectores de pensamiento más avanzado del planeta, los anahuacas mayas de Chiapas, son el inicio del despertar en Europa y Estados Unidos.
Y, sin embargo, por el vasallaje y la feroz colonización de los dueños de este país, la mayoría de los mexicanos no conocen la proeza del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional).
En vez de ser un ejemplo a seguir por comunidades, pueblos, colonias, ciudades, sindicatos, organizaciones sociales, etc., están en el escarnio y en la desvaloración de su valiente ejercicio de libertad y dignidad.
Todos están en contra de los "indios revoltosos de Chiapas". Tanto partidos políticos, como estudiantes, intelectuales y artistas, que sufren de la colonización cultural.
Su eurocentrismo, malinchismo y, sobre todo, su racismo e ignorancia, los hacen perder el camino y la oportunidad de liberarse de las cadenas de la esclavitud mental, material y espiritual.
Porque si algo nos enseña la digna lucha de los 250 mil anahuacas mayas de Chiapas, es que, "El futuro de este país, está en el conocimiento de la historia y la sabiduría del pasado milenario".
Este es el punto amable lector. Pareciera que las mentes más lúcidas, que pretenden "rescatar y transformar a México", no conocen la Toltecayotl.
Insistimos una vez más: "No se puede salir del calabozo de la colonización, con las ideas eurocéntricas de nuestros carceleros".
Los Zapatistas nos enseñan el camino. Nos demuestran que "el mandar obedeciendo", la comunalidad, el bien común sobre el interés personal y los valores ancestrales de la familia, son un legado vivo del Anáhuac, con el que, se puede y se debe, construir una forma de vida, justa y humana.
<>Monumental cátedra de honor y dignidad.
Entiéndase bien, son con estos valores, principios, conocimientos, con esta milenaria sabiduría con la que se puede reconstruir este país.
En esta tierra que pisamos, desde el 21 de febrero de 1519, se han creado dos bandos, dos grupos, dos formas de ver y entender al ser humano, la vida y el mundo.
"Los tradicionales", aquellos que pretenden mantener una de las formas de vida más exitosas de la humanidad, de la llamada, Civilización del Anáhuac. Y "los modernos", que a sangre y fuego han impuesto una forma externa de vivir.
La "modernidad" llegó al Anáhuac, primero de España, después de Francia y ahora de Estados Unidos. Los "modernos" imponen su lengua, sus valores, sus costumbres. Los "tradicionales" defienden la permanencia de sus milenarias lenguas, valores y costumbres.
A los "modernos" los representan en el principio: Hernán Cortés, Malinche e Ixtlilxóchitl. A los "tradicionales" los representan: Gonzalo Guerrero, Xicoténcatl y Cuauhtémoc.
Aquí y ahora, en México y a 500 años de la invasión, pareciera que se define el destino de la humanidad. Un verdadero choque de civilizaciones.
La Civilización Occidental, moderna, eurocéntrica, capitalista, racista, patriarcal, materialista, individualista y consumista.
La civilización más tóxica y necrófila que ha existido en los diez mil años de civilizaciones en el planeta, y que, con 500 años a partir de 1492, no solo está poniendo en peligro de muerte a la especie humana, sino al mismo planeta.
Por el otro lado, la Civilización del Cem-Anáhuac, la que ha alcanzado la más alta calidad de vida para todo su pueblo por más de diez siglos de esplendor y una de las seis más antiguas y con origen autónomo del planeta.
Una civilización que ha sobrevivido a su muerte histórica, y que, representa, los valores, los conocimientos y la sabiduría más decantada y eficiente para vivir en armonía, entre los seres humanos, con la "Madre Querida" y con el espacio de lo sagrado y lo divino.
Es tiempo de que cada persona con consciencia y dignidad, diga un ¡Ya basta!
Que acepte que estamos colonizados, enfermos, intoxicados y que somos adictos a una forma de vida que nos está conduciendo a la muerte.
Necesitamos cambiar nuestra idea del mundo y de la vida.
Para verdaderamente "transformar" este país, necesitamos, primero, transformarnos nosotros mismos.
Necesitamos comer sano, desintoxicarnos mental y emocionalmente, y dejar de ser adictos al consumismo.
No existe ningún camino recorrido en la vida, que antes, no se recorra hacia adentro.
Descolonizar es dignificar.
Guillermo Marín Ruiz.
www.toltecayotl.com <>