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Perú: Trance Familiar

Aunque no tuviera obligación, se quedó a las agónicas sesiones.
Recibido de Alfredo García Bonilla, 8 de noviembre de 2018.- Keiko Fujimori, detenida y encarcelada tras seis días en el banquillo de los acusados. Keiko Fujimori aguantó estoicamente las siete horas que tomó el juez Concepción Carhuancho en la lectura de su sentencia que la condenó a 36 meses de prisión preventiva el miércoles 31.
Su marido Mark Vito se apresuró en abrazarla. Keiko esbozó una sonrisa, pero se quebraría al despedirse de su abogada Giuliana Loza. Pronto se contuvo y encaró las cámaras con hierático semblante. Rodeada de personal de la INPE, se dejó conducir con la mirada clavada al frente.
El juez Richard Concepción Carhuancho tardó siete horas en sancionar draconianamente a la lideresa de Fuerza Popular.
Hace un año y cuatro meses, impuso 18 meses de prisión preventiva al expresidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia, la mitad del plazo en este caso.
En las calles aledañas al Juzgado piquetes de simpatizantes fujimoristas y antifujimoristas se fueron a las manos.
Con involuntaria crueldad, o no, Carhuancho preguntó segundos antes de dictar la sentencia si “¿está la investigada presente?”, a pesar de que estuvo sentada en el banquillo de acusados seis días y no tenía obligación de hacerlo.
Tras la guerra. Esposo Mark Vito llegó al penal con Kenji Fujimori.
Finalmente el juez dictó la máxima pena posible. Keiko Fujimori fue trasladada a la Carceleta del Poder Judicial donde pernoctó.
Al día siguiente, el 1 de noviembre, día de Todos los Muertos, Fujimori fue trasladada al Penal de Mujeres de Chorrillos Anexo 2, en las inmediaciones de los pantanos de Villa.
El único congresista de Fuerza Popular presente solidariamente en los exteriores de la Carceleta del Poder Judicial fue Héctor Becerril, un síntoma de lo mal que andan las cosas.
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