Colombia: Una realidad de victorias chiquititas contra la injusticia

(Por Adrián Carrillo)

Recibido de Javier Arjona, internacionalista, corresponsal de Prensa Indigena.org - 1 de noviembre de 2018.- Martín Ayala es una persona con una tranquilidad contagiosa y un espíritu colectivo admirable. Éste defensor forma parte de la Junta Directiva de la Corporación Social para la Asesoría y Capacitación Comunitaria (Cos-pacc).
Ha tenido que vivir en sus propias carnes la persecución policial por su trabajo, siendo la última vez que estuvo detenido en 2016 cuando fue atado a un árbol por miembros de la fuerza pública de Bogotá[1].
Cuando le preguntamos qué es un defensor de derechos humanos para él, nos contesta sin atisbo de duda: “es alguien que se dedica a que los problemas de las comunidades se resuelvan en conjunto. Esto es lo mismo que hace un líder social.
Sin embargo, cualquiera debería querer que este trabajo de defensor no existiera, pero para ello debería desaparecer la injusticia. Es ésta, la misma injusticia que vivimos, la que nos pone en este camino.”
Este empeño insaciable por conseguir que los problemas de las comunidades encuentren una salida consensuada por ellas mismas “debería basarse en la cooperación, más que en la solidaridad.
La solidaridad no deja expresar, bajo una forma adornada, que hay dos lados de una balanza: hay uno que puede ayudar y otro que debe ser ayudado, o recibir esa ayuda desde un lugar pasivo”.
Sin embargo, para Martín, los problemas que se defienden desde el ejercicio de los derechos humanos requiere de la cooperación de todos para solucionar los problemas de todos.
En particular, el trabajo que defiende Martín es el de la “lucha por la tierra, las decisiones de la comunidad, el respeto a los derechos laborales”.
Hablando con Martín, uno se da cuenta que ser líder/a social o persona defensora de derechos humanos es, más que un trabajo, una forma de vida: “el defensor de derechos humanos está expuesto a atentados, ser detenido y que le echen de su casa.
Conciliar este trabajo con la vida familiar es también un reto, porque los asuntos familiares pasan a un segundo plano; en general, lo particular e individual pasa a un segundo plano”.
“El defensor o la defensora de derechos humanos lo arriesga todo, sin saber cuál va a ser el resultado. Y, además, las victorias son chiquititas. Y nuestra vida, después de cada victoria, se centra en esta pregunta: ¿ahora qué sigue?”
Notas de pie
[1] Trochando sin fronteras: Detenido arbitrariamente defensor de Derechos Humanos Martín Ayala, 27 de Junio de 2016.
https://pbicolombiablog.org/2018/11/01/una-realidad-de-victorias-chiquititas-contra-la-injusticia-martin-ayala/ <>

 

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