(Por José Diez, poeta peruano. 14.09.2018)

Las palabras caminan bajo la lluvia devastadora para
iniciar la sesión.
Es la temporada de los dioses que vuelven desde
el fondo telúrico de esta época trayendo su mensaje.
La ferocidad es infalible antes que la torpeza mental
la ponga a prueba.
La peste infectocracia de los Estados delirantes viven
de los crímenes inmunes que se han convertido
en la metáfora arbitraria de los poderes fácticos
y también económicos.
Por la lejana montaña...se pierde una embarcación
de libros de esta historia tragicómica ante la novedad
de las empresas digitales.
La metáfora del crimen es amar las banderas de las
democracias que han infectado de palabras incestuosas
los falsos juramentos y cuyo altar es la dictadura.
Me gusta la Poesía y no puedo encontrar otra razón,
otro don que la reemplace, otra materia, otro lenguaje.
Se escuchan gritos mugidos arañazos que salen abriendo
una imponente masa de excremento, inmenso y redondo.
Es la masa del mundo que ha enloquecido, para que
triunfen las pasiones de la inmunda profecía.
Son muchos que no quieren saber nada de la verdad
porque creen que la verdad miente.
Por eso estamos así.
Hay una oferta de insultos cuando te comunicas
en multimedia con los rostros anónimos del mal.
Son los cobardes expuestos por los francotiradores
de las políticas fraude y corrupción de los nuevos
sistemas digitales.
No hay que tener miedo por esos miserables.
El único deber es ignorarlos y nunca responder.
La torpeza mental acude con las mediocres firmas
de los tratados comerciales, mientras la economía cae
por los daños multimillonarios que producen
los huracanes atómicos de la naturaleza.
Las soluciones son catastróficas por los cambios
de horario de los tribunales internacionales con
las leyes: bombardeando y castigando.
Bombardeando Yemen, castigando Siria.
Los encapuchados de facebook reafirman la posición
del achinado fujimori que mandó a degollar gente
pobre. Echó cal, roció, quemó y desapareció
campesinos ajenos a la política de los falsos posi...
montesinos, el famoso bandolero de la droga.
Bajo la órbita de las inundaciones la gente arranca
pedazos de cielo para sobrevivir.
La estupidez peligrosa de la mediocridad mercantil
es haber transformado el alma en el espíritu
colectivo que cambia de colores como el camaleón.
Es la juguetería comercial donde se pierden los años
fabricando paraísos artificiales; arrojando basura
por las ventanas del embrutecimiento, creando plagas
maliciosas en ciudades donde las neuronas son
las ratas virtuales de la fantasía.
El tiempo conocido como tiempo es otro, increíble
y fanático de la velocidad.
Es un Dios apresurado con la muerte -catastrófico
e inexpugnable- con los viajes subterráneos viajando
al más allá.
¿Será capaz el retorno del amor y de los sentimientos que
casi pulverizaron las armas de la experimentación?
Al ajedrez astrológico lo están poniendo en jaque con
este rompecabezas de la ciencia llegando a la Luna,
mientras bombardean químicamente la naturaleza.
Por llegar a Saturno y dar vueltas como un loco en Plutón.
Derribar aviones como si fuera el juego del fin del mundo.
¿Qué es la humanidad, esa multitud de seres humanos
correctos y grandiosos o un grupo de cretinos que han
comprado la voluntad y el silencio de todos?
Y por favor, que a la ciencia y a la filosofía la tiren
a los contenedores de basura, pues todo el pensamiento
occidental es el monumento más abominable
de la decadencia.
Si su Dios existe que se modernice y actualice el libro
con el: “Nunca más la crueldad de los conquistadores”.<>