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(Por José Diez)

Recibido por una gentileza el autor, 3 de agosto de 2018.- Las ideas son históricamente fieles e inherentes en la vida de los hombres. Las ideologías se inventaron para abrazar con ceguera los discursos, al llamado de la abstracta libertad.
¿Qué es la libertad y quiénes son libres en este mundo de discordias y equivocaciones? Ni el más demócrata de los políticos es libre verdaderamente.
Dependemos de una maquinaria social establecida por una religión de locos de la usura para fortalecer un fin: las leyes criminales del capitalismo.
El Capitalismo ha fracturado todas las sociedades del mundo, a tal punto, que existe un alejamiento a los valores esenciales.
Por tanto, las revoluciones ya no son creíbles por el enajenamiento intelectual de los falsos mesías de la guerra. Hasta la fecha no se ha conocido un capitalismo en divisiones ideológicas, sino, de intereses. La doctrina es cruel, los dogmas brutales.
Una revolución debe ser fruto de una adecuada y legítima interpretación de los hechos y planteamientos para poder afirmar su aceptación con objetivos claros y contundentes, firmes y necesarios.
Cuando las ideas postulan por una anquilosada negligencia política que busca una sociedad perfecta, igualitaria; en vez de una sociedad participativa, que busca una actitud violenta como proceso del pensamiento turbio y mal intencionado, con modelos extraídos a los extravagantes filósofos europeos; los pueblos sólo habrán conquistado fosas comunes y exterminios masivos de la población.
Peligrosos caminos incursionaron a finales del siglo XX, el siglo de los dictadores y de los fanáticos de la política liberación.
Las revoluciones sangrientas tuvieron líderes carismáticos, expertos en la dialéctica de la historia, teoría de los cambios y doctrinas sectarias.
Egresaron de los templos mesiánicos del cristianismo injertado como producto capitalista con las banderas de la alianza mundial: la ONU, la Corte Internacional de Justicia, el Vaticano, el Pentágono y empresas parecidas.
Todo esto, armado de antemano. Los jefes del colonialismo tenía este poder para decidir con sus proyectos militares el destino de las naciones bajo control capitalista.
Este flujo de locura tiene que ver con la moral del soldado, cosa tan sutilmente manipulada por las mafiosas conspiraciones de las mentes adversas. ¡Uf! La moral del soldado.
El poeta Cardenal en una antología de poetas norteamericanos pone como “civilizadores” culturales a los literatos de comidas rápidas, que si bien es cierto cayeron en un hoyo de contradicciones.
La antropología en el invento de Occidente se enmarca desde un punto de vista intelectual, que es el estudio radiográfico de individuos y sociedades.
Pero lo que sí sabemos desde hace mucho tiempo es que Occidente se alimenta de nuestras riquezas tentadoras y buscan por cualquier medio satánico endeudarnos como un nuevo método de saqueo en los cambios políticos de la globalización.
Ellos ya no aportan ningún sentido a la ética de ayudas ni actos de solidaridad; porque los programas distan años luz a sus ambiciones de grandeza.
Mientras la corrupción avanza en nuestras naciones de forma destructiva, las plataformas institucionales admiten las fechorías del sector no laboral que opta por la delincuencia, las drogas, el crimen y la saturación de delitos.
Razón por la cual las cárceles se convierten en un nido de la decadencia colonial, patentada por la república y las democracias actuales.
En América latina roban y empobrecen el país, en Europa roban y modernizan las ciudades. Roban, pero, al servicio de sus intereses.
Pablo Escobar reaparece en ciertos países europeos con centenares de toneladas de cocaína que decomisan durante años para fortalecer sus monedas, los gastos públicos, intervenciones militares, la inmigración, y de esta manera seguir controlando sus fracasos.
Cuando un país del Sur elige al candidato que se identifica sustancialmente con el pueblo en pos de la democracia y el desarrollo, automáticamente, todos los países occidentales se lo impiden ante la brutalidad con que actúan los dictadores de empresas multinacionales apoyando las divisiones nacionalistas y populares.
Teniendo gobernantes tan imbéciles en América latina, los viejos colonizadores se toman el derecho de agredir y seguir destruyendo la identidad del continente, avanzando para nuestro mal y negociando con sus descendientes, Macri, Temer...
La historia negra de la OEA y de las ratas mafiosas, tiene que ver directamente con los golpes de Estado en países donde la democracia por ser flexible deja un espacio para que las Fuerzas Armadas, aliadas a los intereses económicos internacionales busquen e incentiven los golpes militares.
Ellos (las FA) saben para quién trabajan. Sus agentes saben por dónde se meten. Ellos conocen los judas que venden la Patria.
¿No es un derecho humano vejar o matar al delincuente, corrupto y traidor? O seguiremos admitiendo como un privilegio el oficio de los asesinos de las dictaduras que exterminan a su pueblo.
El Capitalismo del subdesarrollo desbarata a países tan grandes como Brasil o Argentina, Méjico o Colombia, porque se han distanciado de su realidad para que se los coman vivos. Y eso no se debe esperar si no encontramos el paraíso del bienestar AQUÍ en la tierra.
Estamos en las puertas del infierno. El cambio climático es una prueba fehaciente que derrotará al más poderoso capitalismo salvaje. Mientras tanto sufrimos.
Mientras tanto sigue el banquete de la deshonra y el infortunio nacional. Pero una revolución nacida en las mismas entrañas del pueblo, donde todos los actores se identifican con el mismo problema social, donde no hayan juegos políticos ni ideologías torpes.
Es decir, la tragedia que la identifica y que la embarga; se habrá logrado lo imposible, que significa la auténtica liberación de las masas. Que significa construir una nueva economía y una firme sociedad.
Mantener en buen estado la idiosincrasia para hacer realidad las viviendas, escuelas y hospitales en todo el aspecto de modernización, con el dinero que se roban los funcionarios públicos. Que sirva para esto y no para la rapacidad de unos cuantos impostores.<>