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(Por José Diez. 1 de junio de 2018)

Se llenaron de estafilococos deslumbrantes
religiones y banderas, ciudades enloquecidas
y caminos delirantes.
Se gangrenaron sociedades con los discursos
políticos, la cultura y las relaciones humanas,
la coherencia pública y las tragedias sociales.
Intoxicaron con frenética repugnancia la tierra,
y la gangrenaron.
La inteligencia artificial está logrando destruir
la Naturalerza, mientras tanto, la inteligencia
artificial sigue el curso imparable.
El Robot de carne y hueso se persigna ante
las diabólicas hazañas del homo tenebroso,
que tiene los poderosos gigavatios
impreganados
de programas y memoria.
A la Madre tierra la preñaron de volcanes
atómicos hasta que mar y cielo se rindieran.
Se hicieron poetas de Saturno el sapo y la
lagartija, quijote y alibabá, claro de luna
y nocturno.
Las democracias se complican con toda la
libertad de expresión.
La irracionalidad es la nueva filosofía amorosa
en las olimpiadas del que nada tiene y nada vale.
El poeta que trabaja con esfuerzo es que llena
de hongos la cabeza. Por eso canto a la
realidad de esta manera.
Las universidades están llenos por fanáticos
del fútbol.
La empresas en corsarios del monopolio
hermafrodita.
Los ministerios solo ejercen funciones
de laboratorio y se convierten en protectores
del talco para los pies, abasteciendo clorhidrato
biológico y cemento de construcciones.
Que los países del mundo me enseñen sus
alucinaciones termodinámicas arrojando cielos
por los agujeros negros de la horrorosa
inmensidad.
Que acudan los abismos arrepentidos para
que ardan sobre las distancias eternas.
Que se tragen las aguas del océano los bichos
que gobierna el país de la Coca Cola con
cerebros de nylon.
Hoy mis ojos pueden abarcar las tinieblas
más quietas y absurdas del encanto.
Por eso me alejo lentamente del lugar donde
duermen los planetas.<>