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(Por León Bendesky)

Las elecciones en Cataluña no han podido aclarar el futuro inmediato de la región, lo que pone de manifiesto una división profunda y amplia entre los que están a favor y en contra de su independencia. En un periódico catalán se lee "Gana CS (Ciudadanos), pero la mayoría independentista es renovada". Foto Ap.
La Jornada, Ciudad de México, 24 de diciembre.- La situación en Cataluña luego de las elecciones del 21 de diciembre es similar a la creada por el referéndum del 1 de octubre pasado, pero también es distinta, muy distinta podría decirse.
Es similar puesto que las elecciones convocadas por Mariano Rajoy han dado el mismo resultado: una mayoría para los dos partidos independentistas Esquerra Republicana y Junts per Catalunya que unidos tienen mayoría en el parlamento para gobernar, igual que la tenían antes.
Y todavía pueden sumar los 4 diputados de la Candidatura de Unidad Popular, menguada en esta contienda electoral.
Es distinta la situación porque Ciudadanos, partido de derechas en ascenso, logró el mayor número de diputados en el parlamento, pero no puede gobernar.
En cierto sentido es una victoria pírrica que se consiguió aglutinando a votantes de otras formaciones desencantadas con sus propios partidos, como es el caso del PSC-PSOE el Partido de los Socialistas de Cataluña y del Partido Popular, el partido de Rajoy que fue fulminado literalmente en la reciente elección.
Un amigo, psicoanalista de otra parte de España pero casado con una catalana y con cuarenta años de residencia en Barcelona, me lo puso así: “Pues ya ves, estamos igual que antes pero peor”.
Y la descripción no es errónea. Si bien los resultados reproducen la situación ex ante, la condición política ex post en esta Comunidad Autónoma es de mucho mayor tensión e incertidumbre.
La tensión tiene que ver con la pésima gestión política que el gobierno central en Madrid ha hecho de la “crisis Catalana”.
Rajoy Presidente del Gobierno y Soraya Sáenz, la vicepresidenta y ministra para las Administraciones Territoriales han quedado completamente expuestos ante su total fracaso político para lidiar con la cuestión de Cataluña.
En efecto, el gobierno siguió la política del avestruz desde hace años cuando el embate independentista se expresó abiertamente.
La ausencia de trabajo político por parte del gobierno del Partido Popular, de una derecha desentonada y autoritaria, ha llevado a un expresión cada vez más sonora del independentismo catalán.
Tras la infructuosa declaración de la independencia hace algunas semanas, Rajoy reaccionó enviando a los líderes políticos y sociales a la cárcel, sin medir las consecuencias que eso provocaría en la sociedad y sin absolutamente ninguna ganancia política. Tenerlos ahí es un despropósito.
Soberbia pura a todo lo largo de la gestión del conflicto, un caso paradigmático de la negación del otro en un conflicto evidente para cualquier vecino de un barrio barceloneta o de cualquier otra ciudad y pueblo de la Comunidad.
Esos líderes siguen en la cárcel con una aplicación rigorista de la ley e, insisto, sin ningún trabajo político de por medio ni ninguna ganancia para el poder.
Otro amigo, propietario de una tienda de ropa se ha vuelto independentista con los hechos que llevaron a la votación del 21D. Durante más de tres años de conversaciones su postura había sido contra la independencia, ahora ha votado un “rotundo sí”, según me lo ha dicho. Eso debido a que no tolera la política del Partido Popular al que tacha de “facho” y de “franquista”. Ahora la cosa ha perdido cualquier matiz y se ha tornado blanco y negro.
En un restaurante la chica que sirve las mesas me dijo un par de días antes de la elección reciente, que para ella todo este asunto es un caso de egos enfrentados y posturas maximalistas de una y otra parte y con las que no está de acuerdo y que ella votaría un NO, así de grande, dijo, abriendo los brazos. Me parece que esta chica va quedando en minoría.
En cambio otro amigo, médico y ex alto funcionario del sector de la salud de Cataluña ha expresado durante mucho tiempo su convicción independentista, en su caso por cuestiones de índole fiscal:
La desequilibrada contribución de la Comunidad al presupuesto federal y las mayores tasa de impuesto que se pagan como españoles. Él estará ahora más convencido y, además, indignado por el trato que les ha dado Rajoy desde su trinchera en La Moncloa.
Así las cosas, Puigdemont está reivindicado como President legítimo y con cartas fuertes sobre la mesa para echárselo en cara a Rajoy y al Rey Felipe VI. Desde Bruselas, donde se exilió, sigue marcando el paso y sin poder poner pié en España.
La democracia tiene que ser más que todo esto. No es una camisa de fuerza. El gobierno y el Estado españoles están contra las cuerdas, hasta la derecha más dura de este país, representada por el ex presidente Aznar y su Fundación (FAES) está en contra de Rajoy y su gobierno.
Ahora ven el Ciudadanos un posible sucedáneo del mismo PP.
Pero los independentistas catalanes, que han jugado bien esta partida, tampoco pueden clamar que con un escaso 48 por ciento de los votos en las urnas estén mandatados para declarar la independencia.
Esta sociedad está indignada en su conjunto por las medidas del gobierno central y tienen toda la razón. Pero está partida en dos, cuando menos así lo dicen los votos.
Esto, más tarde que temprano va a acabar en la independencia y, con eso, el proceso pone en evidencia, primero la estructura de poder en España, con una derecha disfuncional y una izquierda oficial en la lona y sin argumentos.
En segundo lugar se exhibe la inhabilidad de la Unión Europea para crear una situación política y social que abarque a buena parte de la región y genere los cinsensos necesarios sostenidos en el bienestar social. La Unión podrá acabar en una pedacería de países aun más evidente que la que había antes de su formación.
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/12/24/cataluna-201cestamos-igual-que-antes-pero-peor201d-leon-bendesky-9911.html <>