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México: La sociedad civil mexicana nuevamente responde

(Por Gloria Muñoz Ramírez. Los de abajo)

 

Escuela en Juchitán, Oaxaca, afectada por el sismo del pasado 7 de septiembre. Foto Xinhua.
La Jornada, 16 de septiembre.- La sociedad civil mexicana nuevamente responde al grito de auxilio de los damnificados por los sismos de Oaxaca y Chiapas, las entidades más afectadas no sólo por la sacudida de 8.2 grados Richter, sino por la pobreza y el olvido en las que sobreviven desde siempre los municipios de estas entidades con un alto índice de población indígena.
Desde el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, llegan las imágenes de la desesperación de la gente.
El gobierno, como siempre, está rebasado no sólo por la falta de protocolos institucionales para enfrentar la catástrofe, sino por que, por si fuera poco, la emergencia se produce en época electoral y no faltan los ayuntamientos que dosifican la ayuda para llevar agua a su molino.
¿Cómo calificar al funcionario que acapara despensas en su domicilio mientras la gente duerme en la calle sin agua y sin alimentos? Sinvergüenza, pero no sólo.
Nueve días han pasado y la población del Istmo, la más afectada de todas, ha pasado de la tristeza al enojo.
Exigen el apoyo del Estado, que cumplan los tres niveles de gobierno con su obligación de atender las urgencias de más de medio millón de damnificados quienes, según el gobernador Alejandro Murat, cuentan ya con el abasto suficiente de agua, alimentación y medicamentos.
Nada más lejano, lamenta la gente que lleva más de una semana sin nada.
Cientos de centros de acopio se abren en distintas partes de México. Universitarios, artistas, amas de casa, colectivos pequeños y medianos se organizan para recabar víveres y enviarlos a sus destinatarios.
La desconfianza permea. Nadie cree en las instituciones y, aunque se les exige que cumplan, la gente de a pie se organiza sola y confía su donativo a quien le asegure que sí llega.
Manos anónimas reciben despensas de otras manos igualmente anónimas. No hay protagonismos ni facturas. La ayuda es entre iguales y el destinatario es lo importante.
Cansados están todos de los políticos que llegan a tomarse la foto repartiendo botellas de agua, y además hay que firmar de recibido.
En la Casa de Cultura de Juchitán, sumamente afectada por los sismos, para rescatar el patrimonio cultural enterrado entre los escombros se confía más en la gente que en las autoridades, a quienes se les pide que mejor se retiren.
Surgen las cocinas comunitarias por iniciativa del pintor Francisco Toledo, quien, solidario, presta su nombre para la recolecta de recursos. La gente le cree y la cuenta del Iago circula para hacer llegar los depósitos en efectivo.
Y así, abajo, va resurgiendo la vida. Mientras arriba los partidos políticos (todos) hacen cuentas alegres con los 6 mil 778 millones de pesos que recibirán para sus campañas electorales, más los 5 mil 130 millones que les serán entregados por los institutos electorales locales.
Nada hay que esperar de ellos. De la organización todo.
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