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(Por Magdalena Gómez)

La Jornada, 5 de septiembre.- El quinto Informe de gobierno no ofreció sorpresas, salvo que se agrupó en cinco años y no en uno, como correspondía. Sin duda, importaban las cifras y, ante ello, opté por buscar a los pueblos indígenas; los encontré convertidos en cifras asistencialistas para personas indígenas.
Con algunas escuelas al cien en algunas de sus comunidades, becas, tal vez, apoyos para proyectos llamados productivos. Todo ello seguramente ayuda a la sobrevivencia de los beneficiarios, que no son todos.
Nada que ver con la sistemática violación de los derechos que los pueblos han logrado con sus luchas, en relación con su autonomía, libre determinación, territorios; vaya, hasta en el derecho a la consulta.
Nada que ver con los desplazamientos forzosos motivados por la violencia ni con el impacto de la política extractivista que en nombre del supuesto progreso amenaza a los pueblos indígenas.
Por fortuna, siempre tenemos a la mano espejos de la realidad, capítulos de un contrainforme nada imaginario.
Ayer presentamos uno de ellos: el más reciente libro del intelectual mixteco Francisco López Bárcenas, La vida o el mineral, en el que muestra los escenarios del despojo minero en cuatro ciclos.
Coloca la mirada en la reconstrucción histórica, para recordar que la minería en nuestro país ya existía de manera incipiente antes de la invasión española y siguió durante la Colonia y luego en la etapa del llamado México independiente hasta el Porfiriato.
El tercer ciclo lo ubica posterior al triunfo de la Revolución Mexicana donde el Estado, relativamente, aún se hacía responsable de salvaguardar la propiedad originaria de la nación sobre los recursos naturales.
Todo ello para llegar al ciclo actual y devastador de la minería a cielo abierto, en tiempos de extractivismo y de mutación del Estado en protector del capital financiero.
Con rigor se examinan las formas en que las empresas concesionarias pueden ocupar la tierra bajo la cual se encuentran los minerales y las formas de protección al ambiente, que es donde se da la confrontación con los campesinos y los pueblos indígenas.
Entre las primeras, se explica la compraventa, el arrendamiento y la expropiación, y sus implicaciones prácticas.
Desdobla, asimismo, el acceso a la tierra para poder extraer el mineral, para ubicar las modalidades para la autorización del uso del suelo, también se analiza el impacto en el ambiente. Destaco algunas de las tesis, respecto del ciclo actual:
La minería es una industria floreciente, tan sólo superada por la petrolera, la automotriz y las remesas de los migrantes.
En la década de 1990, después de la reforma al artículo 27 constitucional y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre México, Estados Unidos y Canadá se facilitó el acceso a la tierra.
Bajo la cual se encuentran los minerales, los usos del suelo, el agua necesaria para el procesamiento del mineral, la prevención o remediación de la contaminación ambiental y la inversión extranjera en este rubro.
Para 2010, 28.58 por ciento del territorio mexicano (el equivalente a 51.76 por ciento de la propiedad social y una superficie mayor a la dedicada a la producción de alimentos) se encontraba concesionado a empresas mineras, la mayoría de capital trasnacional, y en gran número canadienses, pero también australianas, estadunidenses, peruanas, rusas, sudafricanas, brasileñas, chinas y chilenas.
Esas empresas en su mayoría se dedican a la extracción de oro, plata, cobre y zinc, aunque la tendencia es que en los años siguientes migrarán a explotar otros minerales de importancia estratégica para la industria tecnológica.
Se transformó la estructura del Estado hasta convertirlo en administrador de los intereses del capital trasnacional.
Sobre las posibilidades de cambiar el modelo extractivista por otro que denomina "indispensable o sensato", concluye que, para que sea posible, se requiere transformar también el modelo económico en que se sustenta.
López Bárcenas coloca los desafíos para los pueblos indígenas, de algunas de cuyas resistencias dio cuenta y señaló que algunas, porque, obviamente, se centra en el tema del libro, el despojo minero.
Pero bien sabemos que ese despojo minero los cuatro años recientes se acompañó de la reforma energética que dio entrada a la arena de los hidrocarburos como fuente directa de despojo y cuya normativa está blindada para convertir el interés público en el interés privado.
Con el aderezo de la creación de zonas económicas especiales que constituyen la profundización de esta política.
A ese entramado se enfrentan ya los pueblos, hoy poco importa que termine un sexenio y se inicie otro, por más progresista que quiera enunciarse, se recibirá un país encadenado a concesiones pactadas a 50 años como mínimo, renovables por otro periodo similar.
Tras el destino manifiesto asistencialista que se ofrece a los pueblos indígenas, sólo nos queda decir: "del despojo casi no se habla, pero afecta mucho".
http://www.jornada.unam.mx/2017/09/05/opinion/018a1pol <>