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(Por Ana Cristina Bracho)

Recibido de El Zenzontle, 18 de agosto.- En tiempos constituyentes, todos los cuestionamientos son válidos. En especial, aquellos que emanen del sentir del pueblo que se norma y que propendan a cambiar el estado de las cosas.
Con tal objeto, queremos en el día de hoy advertir el esfuerzo que significará ampliar la perspectiva de mujer y género en la norma constitucional.
Al respecto, desde el Derecho hemos de decir que la Constitución de 1999 fue la pionera mundial al entender que para la igualdad es necesario garantizar primero la existencia y para ello, que las partes que permanecían en la sombra, atropelladas por sectores que, entendiéndose mayoritarios se pretendían únicos, debían diferenciarse.
De allí, que la Constitución vigente tenga tantas "a" que demostraron que el país podría tener un Presidente o una Presidenta, un Ministro o una Ministra, etc.
El asunto de las "a" fue tan trivializado que algunos no dudaron en mostrarse descontentos, ridiculizando a los sujetos que las emplearon e incluso redactando extraños artículos para desmarcarse de aquella pauta constitucional, como se hizo por ejemplo, en la Ley Orgánica Procesal del Trabajo.
Donde literalmente se afirma "la designación de personas, en masculino, tiene en las disposiciones de esta Ley un sentido genérico, referido siempre por igual a hombres y mujeres."
Por eso, por la fuerte resistencia del machismo orgánico, fueron necesarios ocho años para que el asunto pudiera tratarse seriamente y que se dictase la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y se regularan los derechos laborales y maternales que hoy son la barrera de no retorno en la materia.
En este sistema normativo, las venezolanas tienen permisos de maternidad remunerados, derecho a amamantar, una protección integral contra la violencia y reglas procedimentales especiales reafirmadas por el máximo tribunal.
Pero ¿es esto realmente todo? ¿En qué medida es real? Bajo el polvo de la indiferencia parlamentaria se mantienen temas fundamentales para la vida de las mujeres en este país, como las propuestas para discutir anticoncepción y aborto que se han pospuesto indefinidamente por el miedo que produce que los sectores más conservadores, sonrojados, nos den la espalda.
Falta esto tanto como las políticas públicas que sean suficientes para evitar el embarazo precoz y que obliguen a una paternidad responsable. Constituyendo estos temas, sin duda, parte del estadio del derecho a alcanzar y así ha de plantearse, con seriedad.
En otro saco queda el cúmulo de temas donde no ha sido posible avanzar consistentemente, bien porque nunca hemos llegado al punto anhelado por la legislación, o, porque si nos acercamos en algún momento, ahora retrocedemos.
Pongamos un ejemplo, ¿cuál es la imagen de la mujer en la televisión venezolana? ¿En qué rol, en qué medida? ¿Cómo se ha avanzado en destruir el estereotipo que se entiende en sí mismo una forma de violencia?
La televisora estatal, VTV, en su portal web anuncia cuáles son sus principales programas, aquellos por los cuales la gente vuelve cada día a sintonizarlos.
Ninguno es conducido por una mujer, y, en los bloques horarios estelares donde abundan hombres que de manera independiente anclan un programa, las pocas mujeres que participan lo hacen acompañadas. ¿No es tiempo de fijar, de manera equitativa, la parrilla audiovisual?
En este mes de agosto que justo abrimos una nueva contienda electoral donde, un grupo de hombres y mujeres, disputarán las jefaturas estadales, las mujeres ocupan un sector muy minoritario, que tan sólo alcanza el 17,3% de las postuladas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el 4,3% de las postuladas por Acción Democrática.
Son estos números muy desalentadores a la promesa que tantas veces se ha hecho de una participación política paritaria.
La esperanza estará puesta en este tema en la conciencia que lleven las mujeres constituyentes a este foro, felizmente presidido por una mujer y en la presión que puedan los movimientos ejercer para exigir las premisas fundamentales para un mundo de iguales.
Tomado de:
http://www.alainet.org/es/articulo/187470
Coordinadora mexicana de solidaridad con Venezuela.<>