(Por Baher Kamal)

El Programa de Trasnferencia de Efectivo de Zambia, a cargo del Ministerio de Desarrollo Comunitario, Salud Materna e Infantil, funciona desde 2003. Hasta diciembre de 2014, había llegado a 150.000 hogares y hay planes concretos de ampliarlo a todo el país en un futuro cercano. Crédito: FAO.
Roma, 16 de enero (IPS).- Los programas de transferencia de dinero en efectivo procuran reducir la pobreza, promover estilos de vida sostenibles y aumentar la producción en los países en desarrollo. Uno de cada cuatro estados tiene ese tipo de iniciativas, sin embargo, quedan dudas sobre su efectividad.
 
En algunos países, como Brasil, se considera que el programa Bolsa Família ha sido uno de los factores clave de los buenos resultados sociales registrados en el gigante sudamericano en los últimos años.
La innovadora iniciativa proporcionó apoyo técnico y económico a los sectores más desfavorecidos de la población, según el Banco Mundial.
El programa llega a 11 millones de familias, más de 46 millones de personas, lo que es una gran proporción de los sectores de menores ingresos de ese país. El modelo, creado hace más de una década, tuvo algunos ajustes.
Las familias pobres con hijos reciben una transferencia directa en reales equivalente a unos 35 dólares al mes, a cambio de lo cual se comprometen a que sus hijos permanezcan en la escuela y a llevarlos a controles médicos regulares.
El programa obtuvo dos resultados importantes: ayudar a reducir la pobreza y que las familias inviertan en sus hijos, con lo cual rompen el círculo la pobreza intergeneracional y disminuyen la futura pobreza.
Bolsa Familia tiene un presupuesto relativamente modesto en comparación con otras iniciativas sociales, como la Seguridad Social, pero puede llegar a ser uno de los de mayor impacto en la vida de millones de brasileños de bajos ingresos, estimó el Banco Mundial.
¿Qué pasa en otras partes del mundo?
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó el 4 de este mes que en la década pasada, cada vez más gobiernos de África subsahariana implementaron programas de transferencia de dinero en efectivo.
Para los sectores más desfavorecidos, como agricultores de subsistencia, personas con discapacidades o con VIH/sida, así como familias con adultos mayores o discapacitados a cargo.
“Las economías locales y numerosos hogares se han beneficiado de las medidas de protección social, pero los críticos siguen con dudas”, analiza la FAO, que presenta por lo menos cinco mitos asociados a los programas de transferencia de efectivo.
La agencia elaboró una lista de mitos y realidades sobre el impacto de esas iniciativas en la mejora de la nutrición y en la seguridad alimentaria y en reducir la pobreza rural según una evaluación realizada en siete países africanos: Etiopía, Ghana, Kenia, Lesotho, Malawi, Zambia y Zimbabwe, y encontró lo siguiente:

Las transferencias monetarias a los sectores más vulnerables han registrado resultados positivos. Crédito: FAO.
Mito: El dinero se gasta en alcohol y tabaco
Realidad: En seis países de África donde la FAO y sus asociados realizaron una evaluación de las iniciativas de transferencias de efectivo no se encontró evidencia de aumento de gastos.
En Lesotho, por ejemplo, los gastos en alcohol disminuyeron después de la introducción de programas de transferencias monetarias.
Mito: Las transferencias son solo “donaciones” y no contribuyen al desarrollo.
Realidad: En Zambia, las transferencias monetarias aumentaron las tierras de cultivo en 36 por ciento y, con ello, el uso de semillas, fertilizantes y mano de obra contratada, lo que dio lugar a un mayor compromiso con el mercado e impulsó el uso de más insumos agrícolas.
El país registró un aumento general de la producción de 36 por ciento. Además, la mayoría de los programas muestran un aumento significativo en la matriculación en la escuela secundaria y en el gasto en uniformes escolares y zapatos.
Mito: El efectivo causa dependencia y pereza.
Realidad: En varios países, entre ellos Malawi y Zambia, la investigación muestra una reducción del trabajo asalariado ocasional y un cambio hacia actividades más productivas y en la granja.
De hecho, en África subsahariana, las transferencias de efectivo producen efectos multiplicadores positivos en las economías locales y aumentan significativamente el crecimiento y el desarrollo en las zonas rurales.
Por lo tanto, el efectivo no crea dependencia, sino que alienta a los beneficiarios a invertir más en la agricultura y a trabajar más.
Mito: Las transferencias generan inflación y perturban las economías locales.
Realidad: Etiopía, Ghana, Kenia, Lesotho, Malawi, Zambia y Zimbabwe forman parte del proyecto Protección a la Producción (PtoP), que analiza, entre otras cosas, los efectos productivos y económicos de los programas de transferencia de efectivo en África subsahariana. Ninguno de los siete países estudiados experimentó inflación.
Los beneficiarios representan sólo una pequeña parte de la comunidad (de 15 a 20 por ciento), y al provenir de los hogares más pobres y tener un bajo poder adquisitivo, no compran lo suficiente para afectar los precios de mercado, permitiendo así a las economías locales satisfacer el aumento de la demanda.
En Etiopía, por cada dólar transferido en el marco del programa, se generan alrededor de 1,5 dólares para la economía local.
Mito: Las ayudas centradas en los niños aumentan la fecundidad.
Realidad: En Zambia, las transferencias monetarias no mostraron ningún impacto en la fecundidad. En Kenia, el embarazo adolescente incluso disminuyó en 34 por ciento, y en Sudáfrica, en más de 10 por ciento.
La FAO y sus socios, siguen aportando pruebas sobre los efectos de las intervenciones de protección social en la reducción de la pobreza y el hambre.
La agencia también utiliza los resultados de la investigación para brindar apoyo para el desarrollo de políticas y de capacidades a gobiernos y otros actores internacionales con el fin de mejorar el diseño y la implementación de programas nacionales similares.
Los resultados muestran que la implementación de esos programas conduce a un mayor consumo de alimentos, a una mejor nutrición, a un aumento de la matriculación escolar, a la reducción del trabajo infantil, al desarrollo económico y a la inversión agrícola, además de muchos otros beneficios.
Los programas de transferencia de efectivo se han convertido en una herramienta cada vez más importante para salir de la pobreza y han contribuido a generar un impacto a largo plazo en la vida de muchas familias.
Pero todavía quedan en el mundo casi 1.000 millones de personas en situación de extrema pobreza, quienes viven con 1,25 dólares al día, y 795 millones sufren hambre de forma crónica, según la FAO.
¿Cuál es la situación de las mujeres?
La postergación de las mujeres es particularmente evidente; la población femenina representa casi la mitad de los trabajadores rurales del mundo, y en algunos países en desarrollo hasta 60 por ciento, pero siempre estuvo entre los sectores más pobres.
La FAO señala que su principal objetivo es el crecimiento económico, más que el empoderamiento económico de sus beneficiarios, que suelen ser las personas más pobres, pero la evidencia de su impacto en el desarrollo contribuye a un cambio en la forma en que los dirigentes perciben a estos programas.
En lo que respecta a las mujeres, señala que en muchos países, la mayoría de los beneficiarios de transferencias monetarias son mujeres pobres y vulnerables.
“Se atribuye a la transferencia de efectivo la capacidad de empoderar a las mujeres pues se entiende, que en tanto receptoras de la transferencia, logran tener control de los recursos económicos”, precisa la agencia.
Sin embargo, “la evidencia disponible en materia de empoderamiento está lejos de ser definitiva, en particular, en lo que respecta a la posibilidad real de que mejore la capacidad de negociación y de decisión de las mujeres dentro de sus hogares”, reconoció.
Traducido por Verónica Firme.
http://www.ipsnoticias.net/2017/01/programas-de-transferencia-de-efectivo-tienen-un-impacto-positivo/