(Por José Diez)

Recibido por una gentileza del autor. 16 de octubre.- El combatiente y revolucionario se debe autocalificar así dentro del proyecto humanista, para ser consecuente del peligro devastador en sectores del capitalismo financiero. Nos atañe, porque han ido ocasionando conflictos mucho más profundos en los aspectos sociales, políticos, administrativos, comerciales y militares.
 
Este conglomerado es para estar en alerta. Las empresas internacionales que se benefician económicamente, siguen experimentando de forma ilimitada el causar deterioro en muchos países y sociedades, a las que entrega enfermedades y enajenación pública.
Es necesario destruir esos centros del mal, incluyendo hasta las formas de hacer sabotajes. No hay otras maneras de impedirlo. No funciona la diplomacia con esa gente radical y fundamentalista. La lógica se la pasa por el Banco mundial, y a la razón la ignoran.
Los conceptos que da este sistema estructural y rico se basa en ideas y doctrinas novedosas, las que perfectamente utilizaron pero en dirección contraria, robándole a los griegos la sabiduría.
Se basan también en el tratamiento religioso como un apéndice de la doctrina de la moral, para asociarla a la doctrina inmoral de la política económica.
El Humanismo tiene que resaltar sus causas únicamente viables con sus objetivos al servicio de la sociedad humana, y de toda las especies en general.
Las sociedades imperiales han sido capaces de romper el cordón umbilical con la mayoría de los pueblos que beneficiaron sus condiciones de invasor; raciales y comerciales, como grupo selectivo y aparte.
Estos rapaces tienen rostros de doble fondo. Una mirada fría como el hielo y muy macabra cuando se descongela con ferocidad; es cuando declaran la guerra.
Los mártires del suicidio en Oriente Medio, se llaman en otros términos: los repugnantes islámicos, que utilizaron hábilmente el Corán para sus fines bélicos en el negocio con los protestantes de Occidente. ¿Así despreciaban a los europeos con las leyes de la moral?
Sólo han beneficiado al caos y al terror destruyendo culturas y civilizaciones que satisfacen las enmiendas de Occidente.
La droga de la violencia ha propiciado la debacle económica. La incapacidad bancaria ha saltado por los aires ante la incursión de otros agentes capitalistas que surgen de la deplorable ideología y los prejuicios de la izquierda.
La verdadera doctrina humanista sería invertir dinero para los pueblos que trabajan y a la vez ayudar a los emprendedores de las futuras generaciones a desarrollar sus capacidades intelectivas marginadas por el prejuicio y la corrupción del sistema.
La paranoia occidental es evidente, se ha pasado de la raya descontrolando la angustiada mentalidad de empresario Walt Disney.
La humanidad puede sufrir muchos percances por injerencias y otros factores a su idiosincracia; pero la marcha de sus esfuerzos continúa.
¿Quién puede negar, refutar, contradecir, que las ideologías y las religiones generan conflictos oscuros y radicales?
El hombre es menos libre cuanto más se aferra a ideas que opresionan (oprimen) la consciencia y conducta del pensamiento.
Las deliberaciones de esos grupos ricos y asociales nos han llevado a estas consecuencias negativas de los tiempos actuales.
El desarrollo los ha convertido en monstruos espectaculares, en seres sin alma y que deciden sobre el mundo como bestias despersonificadas por la ignorancia.
El salvaje capitalismo nos aseguró con mano de verdugo un futuro de contradicciones y de ideas bonachonas y fraudulentas.
Necesario es y se necesita mano firme para transformar esta suerte de principios equivocados en realidades concretas.
En ¿Quiénes radican las fuerzas del mal, el origen de la debacle? Nada menos que en los gobernantes cuya máscara está en sintonía con las leyes de la barbarie.
Todos juran ante dios y todos mienten ante la patria.
Las democracias están degeneradas y el fundamentalismo se arropa y se aprovecha para enriquecer los bolsillos mediante la venta de drogas, armas, prostitución; utilizando la violencia como medio de su expresión inaudita.
Es tal la hidropesía en los sentidos que nadie se inmuta de las bárbaras tragedias neo-coloniales que ocurren dentro de sus países y en ciertas regiones del mundo.
¡Ah! Olvidaba señalar que la tecnología y los modernos instrumentos del capitalismo ocupa el primer lugar de los caprichos sentimentales de la comunicación digital.
¿Qué quiere decir esto, estimado lectores? Que las industrias tecnológicas convirtió a las poblaciones en bandidos en tiempo virtual.
Conversaciones como: ...eres una basura... pobre hp... cabrón, mal parido... boludo de hojalata... miserable, te...eres un santo de mierda... etc. Y cualquier cosa a través de esos impensables aparatos de la cultura virtual.
El humanismo tiene que ser una esperanza para todos los que mantenemos una consciencia clara, legítima y positiva con nuestros semejantes.
¿Qué derecho tienen los hombres de sufrir calamidades por culpa de unos cuantos miserables y gérmenes de la inconsciencia?
Todo humano es consciente de lo que hace y si lo hace sin ser un trastornado es un delito penal, judicial, teniendo como ejemplos: Peña Nieto, Álvaro Uribe, García Pérez, Toledo.
¿Y si esas leyes no combaten estas atrocidades? Quiere decir que la sociedad está enferma y si deja pasar por alto estas situaciones se tornará incurable y se hará criminal tarde o temprano.
El capitalismo no acepta la victoria de la fraternidad, de las soluciones. El capitalismo ha sido creado y diseñado para un sector racial, aunque en su nido la alberguen otras razas.
A esas razas no las podrán sacar de encima; y con toda esa amalgama de seres dentro aún siguen racistas.
¿Qué más pruebas? ¿Quiéres más? Ahí lo tienes, es, Estados Unidos de “América”.
No es difícil suponer su amor por las armas ni a ese orgullo histórico que se encuentra en sus museos coloniales. A esas deudas interminables que infringió la delincuencia de Búfalo Vil, el “Bill” asesino, y los gángsters actuales.
La acumulación de armas atómicas tiene un significado portentoso. Ese significado no está lejos de ser ejercitado un día, pero un día no lejano.
Los humanistas tienen que tomar las riendas de este mundo. Su fortaleza debe actuar con seguridad este proyecto liberador, para detener los avances de aturdidos y enajenados en los diferentes sistemas socio políticos, por su mentalidad reacia y conservadora•