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(El Diario.ec)

El pasado de los pueblos aborígenes asentados en lo que hoy es Manabí es objeto de estudio.
Recibido de María Victoria Eraso, corresponsal de Prensa Indígena.org – 2 de Octubre.- La historiadora manabita Libertad Regalado, en su libro 'Indigenismo e identidad en Manabí', analiza la vida aborigen a la llegada de los españoles.
 
Puntos para abastecerse. "En las relaciones de Samano, Francisco de Xerez, Estete, Girolamo Benzoni, Diego Trujillo, Vásquez Espinoza, Cieza de León, Guamán Poma de Ayala, Garcilazo de la Vega, Antonio Herrera y Pedro González Prado, en los primeros repartos hallados en el libro 'Bocetos para la nueva historia del Perú' de Rafael de Loredo.
Y en datos de fray Miguel de Santa María de 1547, se va contando lo que encuentran los españoles a su paso por las comarcas convertidas, para ellos, en puntos de abastecimiento, ya que su meta era la capital del Perú, donde según los informantes encontrarían oro en abundancia.
Por esta razón muy poco pudieron aportar sobre la verdad de estas culturas, sin embargo, estos informes ayudan a establecer un acercamiento a los primeros pueblos".
Solo pocos quedan. Más adelante, Regalado escribe que "cuando los españoles se posesionan de los mejores puertos, la necesidad de pagar las deudas de la conquista, los porcentajes a la Corona, los sueldos a todos los acompañantes y conseguir alimentos para el sustento, obligan a los repartimientos, encomiendas y reducciones.
Muchos de los pueblos aborígenes desaparecen sin dejar rastro, solo unos pocos van quedando y de estos, unos cuantos conservarán los nombres ancestrales.
De igual forma, se irán constituyendo otros como producto de ese mestizaje cultural provocado por las reducciones y a consecuencia de huir de los servicios al español: es esa especie de mita denominada (mita urbana) o del pago de tributos que los lleva a considerarlos como 'hombres de montaña', quienes serán los gestores de los pueblos montubios.
Los datos obtenidos de la relación Samano (1526), Xerez (1527), Benzoni (1547-1550), Loredo (1548), Contadurías (1563), Morales Figueroa (1591), Descripción de Guayaquil (1605) y en todas las relaciones que se suceden a lo largo de los siglos XVII y XVIII, confirman la disminución de los pueblos indígenas".
Paso de españoles. Se indica, por otra parte, que "nombres como 'Manabí', citado por Pedro Cieza de León y ubicado en el mapa del holandés Jansz Blaeu, el nombre de 'Cancebí', citado Xerez, Pedro Pizarro y Trujillo, entregados por los primeros cronistas, se desvanecen a los pocos años.
Algunos estudiosos suponen que Manabí debió ser nombre de un río o de un territorio más amplio; en el caso de Cancebí y Ciscala, de los cuales hay pequeñas descripciones, el primero como puerto y el segundo como centro de comercialización.
Es posible que desaparecieran bien en manos de los españoles o de los propios aborígenes. En la relación del paso de Alvarado, que fue el más sanguinario, se indica que fue destruyendo pueblos, asesinando mujeres, niños y hombres con una saña jamás vista.
En otra relación que muchos de los pueblos habían sido incendiados por los propios indios, antes de abandonarlos. Esta puede ser la causa de que en el momento que se hace un conteo de los tributarios de los repartos de indios realizados en los primeros años, estos ya no existían.
Los nombres de pueblos que se repiten cuatro o más veces, debieron haber estado relacionados con la jerarquía que tenían antes de la llegada de los españoles, que la sostuvieron en las reducciones que se realizaron.
Como son los casos de Coaque, Pasao/Pasado, Caráquez, Charapotó, Tosagua, Jaramijó, Xagua/Jagua/El Valle/Catarama, Picoazá, Salango, Levique (actual Legüique), Jipijapa, Camilloa, Picalanseme, Pillasagua, Apechingue.
Manta (nombre dado por los españoles), conocida como Docoa, Tocay, Jocay se repite diez veces, lo que señala la importancia que adquirió este puerto, lo que no fue gratuito, pues tuvo una ocupación ininterrumpida, como vimos en el capítulo primero, de varias culturas. Fue centro ritual en la época aborigen y puerto de avituallamiento en la Colonia".
También se dice que "merece detenernos un poco en Coaque. Este es el pueblo que dará esperanzas a Francisco Pizarro, le entregará el oro necesario para convencer a sus socios y a los reyes de que existe más en las tierras del Perú.
Lo describen como un pueblo de muchas gentes, con plazas, calles bien organizadas y un jefe. Aquí son bien atendidos, pero por los abusos los indios lo incendiarán y huirán a las montañas"•