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(Por Ricardo Aricapa)

“Pepe” Mujica. A su derecha Víctor Báez, de la CSA.
Recibido de Javier Arjona, corresponsal de Prensa Indígena.org – 18 de septiembre.- José “Pepe” Mujica, ex presidente de Uruguay, dedicado ahora en su retiro a cantarle al mundo sus verdades, pisó suelo antioqueño desde la tarde del miércoles 14 de septiembre, veinticuatro horas antes del compromiso que le esperaba, y para el cual viajó desde su natal Montevideo:
 
 
Ser el orador central de la Jornada Internacional por el "Sí" en el plebiscito, convocada en Plaza Mayor de Medellín por las centrales sindicales colombianas y el movimiento sindical internacional.
A su llegada al aeropuerto José María Córdoba, “Pepe” Mujica fue recibido por un séquito en el que se encontraban los presidentes de las centrales sindicales –sus anfitriones– y la señora Ministra de Trabajo, Clara López.
Quien quiso también sumarse, a nombre del Gobierno, a la bienvenida a tan ilustre visitante, a quien todos le manifestaron agradecimientos  por su relevante gesto de respaldo al proceso de paz y al “Sí” en el próximo plebiscito.
Ya para ese momento su presencia en la ciudad había generado mucha expectativa. Las redes sociales trinaron todo el día el nombre de Mujica y el evento en Plaza Mayor, y por un momento fue tendencia nacional.
Nada de extrañar tratándose de un acto de promoción de la paz presidido precisamente por un hombre que personifica la paz, y que de a poco se ha ido convirtiendo en un símbolo mundial del pacifismo, como en su momento lo fueron Mandela, la Madre Teresa de Calcuta, Martín Luther King, figuras de esa talla.
Fue su segunda visita a Medellín en menos de un año. A finales del 2015 estuvo como expositor central de la Conferencia Latinoamericana y Caribeña de la Clacso, que tuvo como sede a Medellín, también en Plaza Mayor, con lleno apoteósico.
Esa vez fue menos la gente que alcanzó a entrar al recinto, que la que se quedó por fuera resignada a verlo en una pantalla gigante. Por eso se esperaba que en esta ocasión ocurriera lo mismo.
Se realizó en Medellín, y no en Bogotá –que era lo lógico por ser esta la capital de la república– por una razón fortuita y absolutamente ineludible: Mujica no soporta el frío y la altura de Bogotá, su médico no se lo permite. Es que no estamos hablando de una figura del rock star, sino de un venerable abuelo.
Mujica tiene 81 años, y un cuerpo que ha sufrido el desgaste de la dura vida que le tocó llevar, y que muy pocos presidentes de un país pueden contar. Para empezar, los seis balazos que le metió la policía cuando el comando guerrillero al que él pertenecía preparaba un asalto bancario; y los quince años que, sumandos, pasó en la cárcel.
Y hasta mejor fue hacerlo en Medellín, concluyeron los organizadores del evento, por el reto que implicaba.
Todo un desafío a nivel simbólico, dado que la capital de Antioquia es la capital del “No” en el plebiscito, por la gran ascendencia que aquí tiene el ex presidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez, el comandante del “No”. Un buen escenario pues para medir los alientos del “Sí”.
«»Primer acto. Encuentro con los sindicalistas.
Para la mañana del jueves las centrales sindicales organizaron una reunión privada con Mujica, a la cual asistieron dirigentes de los sindicatos más importantes, y los delegados del sindicalismo internacional que vinieron a respaldar el “Sí” en el plebiscito.
«»“Pepe” Mujica con los representantes de los trabajadores.
Unos cien sindicalistas asistieron a la reunión, exactamente el número que cupo en el auditorio del piso once del centro comercial San Diego, donde se realizó; casi de manera clandestina, para evitar que la noticia se colara a la prensa y colapsara el reciento. No valió, se alcanzaron a colar varios periodistas y dos cámaras de televisión.
Al lado de Mujica, en la mesa principal, se sentaron Jaap Wienen, Secretario General adjunto de la Confederación Sindical Internacional, organización que representa a 180 millones de trabajadores en los cinco continentes; Víctor Báez, Secretario General de la Confederación Sindical de las Américas, y los presidentes de las centrales colombianas.
Luis Alejandro Pedraza, Julio Roberto Gómez y Miguel Morantes. Y en primera fila del auditorio se sentaron los delegados de las confederaciones internacionales UGT, USO y Comisiones Obreras, de España; CUT y UGT de Brasil; CTA Auténtica de Argentina, CNT de Uruguay, CGT de Francia y CCC de Bélgica.
Y allí, con esa lenta cadencia uruguaya con la que Mujica siempre habla, y con ese tono enfático que pone en cada una de las frases que salen de su boca, que se ve pequeña en medio de su cara grande, dijo, como siempre, cosas inteligentes y sabias, y hasta divertidas por momentos.
Dijo, después de referirse brevemente a su vida guerrillera en la década de los años 60, que él no fue presidente de Uruguay por haber sido tupamaro, sino a pesar de serlo.
La gente no lo votó por su pasado, lo votó porque él se rompió el alma y gastó años recorriendo el país tratando de entender los problemas sociales. “Porque los pueblos eligen a quien creen que les conviene para el mañana, votan por lo que sueñan, no por el ayer”, aseguró.
“La paz no es un fenómeno hacia atrás, no es del ayer. Los hombres tenemos la tendencia de mirar para atrás, aunque la naturaleza nos colocó los ojos adelante, para mirar al frente no atrás”, agregó, refiriéndose concretamente al proceso de paz que se cocina en Colombia.
El mismo que el próximo 2 de octubre tendrá su meta de largada con el plebiscito, cuando el país empezará a correr la etapa más importante en muchos años: la etapa de la paz, con premio de llegada fuera de categoría, para decirlo en términos ciclísticos, hoy tan de moda.
Hoy lo que tienen que hacer  los colombianos, siguió diciendo Mujica, es pasar la página, dejar atrás el miedo, y que sea el pueblo el que decida lo que quiere en el futuro:
“En Colombia está presente el miedo, que es hijo de la historia. Hay miedo por un lado y miedo por el otro. Hay gente con miedo porque está pensado hacia atrás. Creen que las Farc se van a tomar el poder pasado mañana, que va a florecer el narcotráfico y será el apocalipsis.
Es lo mismo que decían de nosotros por haber sido guerrilleros, como si el pueblo colombiano fuera una manga de corderos que cualquiera lleva del hocico. Eso es despreciar al pueblo”, enfatizó.
Y una pregunta que al final le hicieron desde el auditorio, referida a cómo hay que considerar a los pregoneros del “No”, Mujica aconsejó tolerancia. Tolerancia de los del “Sí” hacia los del “No”, y viceversa.
Porque no es apostrofando como se convence al otro, a nadie se convence despreciándolo. A quienes están equivocados hay que entenderlos, porque la paz es una construcción colectiva, y a los del “No” también los vamos a necesitar mañana para construir la paz.
Y como para acentuar esta opinión, se echó un cuento, o mejor una parábola –por momentos  Mujica habla en parábolas, como Jesucristo– que bien pinta lo que piensa acerca del trato entre contrario. Este fue el cuento que se echó:
Cuando los españoles y portugueses llegaron a las pampas del sur de América, trajeron el caballo, y con éste el método para amansarlo, a palo, a la fuerza. Cuando esos caballos quedaron sueltos y se empezaron a reproducir en los pastizales de la pampa, los indígenas, que no conocían el caballo, tuvieron que inventarse la manera de amansarlos.
¿Y qué hicieron? Cogieron el pasto que más les gustaba, lo juntaron y se lo dieron a los caballos en sombra, para que comieran cómodos, y mientras lo hacían los acariciaban y los acariciaban hasta que así los domaban.
Pero más importante que eso: los hacían sus amigos, de modo que cuando el indígena caía herido en batalla, el caballo se quedaba ahí a su lado, acompañándolo, como se acompaña a un amigo. Eso dijo.
«»Segundo acto. Cita en Plaza Mayor.
En el Pabellón Blanco de Plaza Mayor se dispusieron 4 mil sillas, de esas blancas de plástico, que se ocuparon casi en su totalidad antes de las 5 de la tarde, hora en que empezó el evento. Sólo que esta vez no hubo necesidad de poner la pantalla gigante afuera.
Todos cupieron adentro, sentados. Gente de todas las edades, de todas las condiciones y todas las razas que habitan la ciudad; gente joven en su gran mayoría, estudiantes de universidades y bachillerato; muchachos de morral al hombro y niñas en uniforme de colegio.
Prueba de que la mayoría era gente joven, fue la gran ovación que recibió Mujica cuando hizo su ingreso al Pabellón Blanco. Solo los jóvenes aclaman de  esa manera tan copiosa y desabrochada, con bríos sinceros. Y lo seguirán aclamando con ráfagas de aplausos a lo largo de los 51 minutos que duró su discurso, a razón de ráfagas cada 3 minutos, en promedio.
«»Selfie con “Pepe” Mujica en Plaza Mayor.
Lo cual no es de extrañar, habida cuenta que Mujica para los jóvenes viene siendo una especie de profeta contemporáneo, un hombre que, a sus 81 años, por alguna extraña razón tiene el poder de conectarse con ellos, decirles cosas que entienden y aceptan. El lenguaje de la paz y el amor, lo llama él.
Es más, los que menos había en el recinto eran trabajadores miembros de los sindicatos, que fueron los convocantes. Los que asistieron se perdieron en ese mar de cabecitas que se extendió a lo largo y ancho del Pabellón Blanco.
En muchos años no se registraba un evento sindical con tan masiva asistencia de personas no sindicalistas. Otro “milagro” que habrá que anotarle a Mujica a su paso por Medellín.
En este punto hay que decir que no ocurrió un impase que se temía: que el ex presidente Álvaro Uribe, megáfono en mano, apareciera en Plaza Mayor al frente de un grupo de ciudadanos promotores de la campaña por el “No” en el plebiscito. Y se temía porque en las redes sociales estuvo circulando un trino supuestamente de Uribe, en el que anunciaba ese propósito.
Nunca se supo si fue un trino legítimo o no (a estas alturas de la campaña plebiscitaria todo, o nada, se puede creer), pero lo cierto fue que Uribe no apareció en Plaza Mayor.
Sencillamente porque no estaba en Medellín, estaba en Armenia, desde donde volvió a trinar en la tarde, esta vez para descalificar por guerrillero a “Pepe” Mujica y rechazar su presencia en Medellín, acusándolo de estar haciéndole un mandado al presidente Santos.
Quienes sí atendieron el llamado de su líder y aparecieron en Plaza Mayor, fue un grupo pequeño de personas, unas 4 o 5, que con un megáfono estuvieron un rato pregonando sus consignas por el “No”, no sin cierta dosis de osadía y valentía, hay que reconocerlo, pues era claro que estaban en un lugar absolutamente equivocado.
Como nadie les paró bolas, finalmente se aburrieron y se fueron. Digamos que pusieron un toque de impertinencia que alcanzó a agitar un tris el ambiente de la tarde, que valga decirlo, estuvo preciosa, perfecta para la segunda cita de Mujica con los medellinenses.
En efecto, el aire estaba limpio y el sol brillaba arriba entre nubes de invierno. Un cielo hermoso, el mismo que en horas de la madrugada nos había entregado un espectáculo maravilloso: un arco iris como hacía muchísimo tiempo no se veía en la ciudad. No faltará quien diga que ese fue el saludo del cielo a la presencia de “Pepe” Mujica en Medellín. No faltará.
http://www.tercerainformacion.es/articulo/internacional/2016/09/18/pepe-mujica-estuvo-en-medellin-saludando-la-paz-de-colombia