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USA: El festejo del 5 de mayo por la “puerta trasera” de la Casa Blanca


(Por J. Jaime Hernández)

Por primera vez, la celebración de un 5 de mayo en Estados Unidos no ha tenido cabida en la Casa Blanca.
La Jornada, 6 de mayo.- Más allá de disquisiciones históricas sobre la pertinencia de un festejo difícil de entender para la mayoría de los mexicanos —quizá por el craso oportunismo de las cerveceras que alentaron el jolgorio—, lo cierto es que el 5 de mayo se ha consolidado con el tiempo como la fecha elegida por la Casa Blanca para homenajear y reconocer la enorme contribución de la comunidad hispana.
 
El primer 5 de mayo que se festejó en la residencia oficial se remonta al año 2001, cuando el entonces presidente de origen texano, George W Bush, decidió concederle carta de naturaleza a un festejo que le abrió las puertas de la Casa Blanca a una comunidad que durante décadas había sido tratada como la servidumbre del hombre blanco.
Había llegado el momento de tomarse un margarita con los inmigrantes de origen mexicano o con los llamados hispanos. Con esa minoría de creciente peso e influencia para granjearse su apoyo y simpatía en las elecciones.
Eran los tiempos en que, tanto demócratas como republicanos, habían entendido la importancia y el peso específico de una comunidad. De una minoría que, según todas las proyecciones, representará a 3 de cada 10 ciudadanos de EU en 2050.
Una comunidad que ha formado parte de esa nación mucho antes de que los padres fundadores (todos ellos inmigrantes) proclamaran su existencia.
Pero hoy estamos en la era Trump, donde la apariencia cuenta más que la realidad. Y donde el presidente que se ha convertido en un magneto de extremistas y cabezas rapadas, no quiere confraternizar con los “beaners” (frijoleros); con los “browns” (los de piel morena).
Seguramente le dañarían su imagen ante ese bloque de extremistas que le encumbraron a la presidencia.
Por esta razón, Trump decidió no asistir y encomendar a su vicepresidente la tarea de celebrar a los latinos su 5 de mayo. Pero, en el patio trasero.
O, mejor dicho, a un costado de la Casa Blanca en las oficinas del vicepresidente, Mike Pence, en ese edificio gris y sombrío conocido como la residencia Eisenhower.
A diferencia de otros años, la Casa Blanca fue incapaz de confirmar la asistencia de los artistas que suelen acudir para animar el tradicional festejo. Ni a los chefs de reconocida trayectoria para encargarse de un menú alejado del tópico y el artificio.
En su lugar, sólo se pudo conseguir al “trío de Jorge Anaya” (que en su casa lo conocen) para “animar el ambiente”.
Y, en lo que toca al menú, el recital gastronómico del pasado, se vio suplantado con taquitos de pollo, empanadas de atún y tostadas.
Las clásicas margaritas tampoco hicieron acto de presencia. En su lugar, el alicaído festejo, al que asistieron no más de 150 personas, fue animado con vino y refresco.
Como comparsas de este evento desangelado, acudieron el presidente del Concejo Asesor Hispano, Mario Rodríguez; el Secretario de Trabajo de origen cubano, Alex Acosta y el embajador de México, Gerónimo Gutiérrez, entre otros.
En contraste con el desvaído festejo en el “patio trasero” de la Casa Blanca, en ciudades como Chicago o Los Ángeles, numerosas organizaciones y representaciones como la Casa de Puebla, decidieron celebrar esta fecha con los tradicionales bailes, fiestas y margaritas.
Nada de mezquindades para conmemorar una fecha que se ha convertido en un hito y en un recordatorio del legado y de la contribución de la comunidad mexicana al progreso y engrandecimiento de Estados Unidos como una nación forjada sobre los hombros de millones de inmigrantes.
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/minutoaminuto/el-festejo-del-5-de-mayo-por-la-201cpuerta-trasera201d-de-la-casa-blanca
 
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