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Venezuela: Sin justicia no habrá paz ni libertad

Recibido de Rafael Flores, 3 de noviembre.- Maduro inició el camino de rectificación de la lenidad que dio lugar a la impunidad, a la desaparición prematura de nuestros más grandes próceres y a la pérdida de su titánica obra: la Independencia.
 
 
La muerte del Comandante Chávez tiene también origen en la lenidad, pero su obra, la segunda independencia de Venezuela, no se ha perdido, Maduro no lo ha permitido.
Venezuela está a sólo un instante de solidificar esta segunda y última oportunidad de ser libre y Maduro dirige el proceso, para lograr que esa liberación sea definitiva, para no  permitir que retrocedamos a otra tragedia, como la sucedida tras el 17 de diciembre y está a punto de concretar el sueño por siglos postergado.
La arremetida actual del imperialismo y sus lacayos apunta en su caída contra esa, nuestra liberación definitiva.
Maduro no está solo, mantuvo el rumbo de justicia social que inició el Comandante Chávez y rectificó la lenidad, méritos a los ojos de Dios, que la humanidad reconoce.
No es pequeña la compañía a Maduro, frente a  un imperio que dominó sobre Venezuela durante más de un siglo, hoy en decadencia, corroído por la depravación de sus conductores, desenmascarado por sus crímenes contra la humanidad.
Quienes abandonan el buque no es que hayan olvidado la despiadada crueldad de la determinación imperial, o cómo sumergió en la pobreza al pueblo venezolano, en el atraso científico y tecnológico, o cómo destruyó su agricultura y lo obligó a depender de la importación de alimentos, a abandonar el campo y su hábitat humilde, pero digno.
No olvidaron cómo impuso el imperio mandatarios, el último Pedro Carmona y la rastrera subordinación que caracterizó a éste y a otros, no olvidaron cómo controló por separado los poderes del Estado venezolano.
No olvidaron cómo impuso líderes en los partidos políticos, jueces en la Corte Suprema de Justicia, en el actual Tribunal Supremo de Justicia y en tribunales de instancia.
No olvidaron cómo controló a poblaciones aborígenes y secuestró a sus líderes, para adoctrinarlos en el norte y dominar sus territorios y las riquezas que éstos guardan.
Tampoco olvidaron cómo ese imperio favoreció a la clase empresarial que hoy sirve a sus propósitos y priva al venezolano de alimentos y medicamentos, no olvidaron cómo sus sicarios han asesinado a nuestros patriotas, incluso a Chávez.
Ni ignoran cómo acechan a Maduro; abandonan el buque resentidos con Maduro y, como resultado de un cálculo equivocado, apuestan al imperio.
El imperialismo fue absolutamente desplazado por la Revolución Bolivariana y recurre sin éxito a todos los medios para restablecer su dominio; ahora aumentó la presión sobre sus lacayos, necesita la riqueza petrolera estratégicamente ubicada, para enfrentar a sus adversarios, en la guerra mundial a punto de iniciar.
Para detener su caída exige al liderazgo traidor que le sirve, que nos obliguen a relegar el supremo valor de la JUSTICIA, a sepultarla bajo la hermosa lápida del perdón y engañosa oferta de paz, cuando en realidad trata de demostrarle a sus sicarios un poder que ya no ostenta y de asegurarles total impunidad.
Justicia es nuestro primero y más universal deber. Ser hombre o mujer justo es el tributo que dios todopoderoso espera de nosotros. Restablecer la impunidad, tras el espejismo de la paz, decepcionaría al Creador; se perdería la credibilidad de la humanidad y diríamos adiós a la última oportunidad para la libertad•
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