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USA: ¿Cómo votarán los hispanos?


(Por Harold Meyerson)

SinPermiso, 11 de abril.- El artículo de Richard Alba, meditado e iconoclasta, en el número de invierno de The American Prospect, [The Likely Persistence of a White Majority – How Census Bureau statistics have misled thinking about the American future – La probable persistencia de una mayoría blanca – De cómo las estadísticas de la Oficina del Censo han confundido la reflexión sobre el futuro norteamericano] nos exige repensar el cambiante perfil racial del país.
 
 
Lo que no hace, sin embargo, es disipar la tesis de que la “demografía es destino”, que la movediza paleta racial de los votantes norteamericanos contribuirá a crear una duradera mayoría demócrata.
La cuestión clave para los estrategas políticos más curtidos es cómo votarán los hispanos y los hijos de matrimonios entre hispanos y no hispanos, puesto que estos constituyen el mayor componente racial de la mayoría demócrata que está presuntamente surgiendo.
También aquí se impone mucha cautela, pues si la Oficina del Censo todavía no ha conseguido imaginar cómo clasificar a los hijos de matrimonios mixtos, como sugiere Alba, los sondeos a pie de calle ni siquiera lo han intentado. Cuando una votante le dice a un encuestador que es hispana, eso zanja la cuestión: es hispana, no importa cuál sea su ascendencia.
Pero aun cuando un votante que es medio hispano o un cuarto de hispano se llame a sí mismo blanco, eso no significa que no haya experimentado prejuicios u oído los cantos de sirena nativistas provenientes del Partido Republicano, o no haya tenido un primo indocumentado que viviera con miedo a ser deportado.
Se puede apostar con toda probabilidad a que cuando un partido se presenta como contrario a la inmigración—expresión comodín para lo anti-hispano y anti-asiático—los votantes de origen mixto asiático o hispano mirarán con menos cariño a ese partido, aunque se crean blancos.
La mejor ilustración que tenemos de esta suposición procede de California. Hasta 1994, los republicanos moderados conseguían periódicamente hasta un 40 % del voto hispano del estado.
En 1994, sin embargo, el gobernador republicano de entonces,  Pete Wilson, que iba por detrás de su rival demócrata en las encuestas, tomó una decisión fatídica:
Decidió identificarse con una medida sometida a votación conocida como Proposición 187 que denegaría todo servicio público —incluyendo el derecho a asistir a cualquier curso de las escuelas públicas— a los inmigrantes indocumentados.
Sus anuncios mostraban supuestamente a hordas de inmigrantes cruzando a raudales la frontera; “Siguen llegando”, proclamaban los anuncios. Wilson ganó la reelección y se aprobó la Proposición 187, aunque quedó rápidamente anulada en los tribunales. Y el Partido Republicano nunca se ha recuperado.
En un santiamén, el movimiento sindical del condado de Los Ángeles, dirigido por latinos, decidió llevar a cabo un enorme proyecto, aun en curso, para naturalizar, movilizar políticamente y llevar a las urnas a un contingente, que crecía velozmente, de inmigrantes, y a sus hijos ya ciudadanos.
El tema común que discurría a lo largo de las campañas sindicales era que los republicanos componían el partido dispuesto a relegar a los hispanos a una ciudadanía de segunda clase o a dejarlos sin ciudadanía alguna. A este proyecto se adhirieron los organizadores de todo el estado, con resultados que han sido políticamente transformadores.
A medida que California se ha convertido en un estado de mayoría de las minorías, no sólo hay regiones enteras que han saltado de la columna republicana a la demócrata sino que el estado en su conjunto se ha desplazado en el espectro político del rojo vivo [color de los republicanos] al más profundo azul [de los demócratas].
De las 57 contiendas electorales no especiales para cargos del estado desde 1994—lo que incluye las campañas de los gobernadores, del Senado norteamericano y de cargos menores constitucionales o del estado  —los republicanos han ganado exactamente una. Y fue cuando Arnold Schwarzenegger se agarró al sillón de gobernador en 2006.
Lo que los sondeos a pie de urna han demostrado en las últimas dos décadas es que los hispanos de California han aparecido como la demografía más progresista de la coalición de los demócratas.
Al votar sobre “bond measures [literalmente, “medidas sobre bonos” para permitir que el estado venda estos con el propósito de conseguir fondos para proyectos u obras públicas], iniciativas y referendos, su nivel de apoyo en favor de un mayor gasto en colegios, transporte e infraestructuras sobrepasa al de los afroamericanos.
Durante estos años, la derecha ha hecho campaña en favor de iniciativas destinadas a debilitar la capacidad de los sindicatos de llevar a cabo campañas políticas; pero los hispanos han rechazado estas medidas a un ritmo mayor que los afroamericanos, los afiliados de los sindicatos o cualquier otro contingente.
En las elecciones de 2012, el movimiento sindical californiano movilizó también con éxito al electorado asiático-norteamericano, que cuenta con muchos votantes de rentas altas y educación superior (en todos estos esfuerzos, el compromiso sindical se ha dirigido de forma preponderante a estas poblaciones en toda su extensión, en lugar de ir sólo a un pequeño subconjunto de afiliados sindicales).
En su compromiso con los asiáticos, el sindicalismo la emprendió con la postura contra la inmigración de los republicanos y las encuestas a pie de urna mostraron que los asiático-norteamericanos apoyaron al presidente Barack Obama por encima del candidato republicano Mitt Romney en una asombrosa proporción de tres a uno.
Tal como he hecho notar, los sondeos a pie de urna aceptan necesariamente la auto-identificación de los votantes, de modo que ninguno de estos datos nos proporciona una guía clara respecto a si los hijos de matrimonios mixtos votan de modo diferente de sus equivalentes en matrimonios que no son mixtos.
Además, la ascendencia es sólo un factor a la hora de determinar el historial como votantes del grupo étnico; la cultura política local es otro. Una de las grandes divergencias en la actual política norteamericana es el abismo entre los hábitos de voto de los hispanos en California y los de Tejas, estados con una porción casi idéntica de residentes hispanos.
Los hispanos de Tejas están a favor de los demócratas en una escala marcadamente por debajo de la de los californianos, y los funcionarios electos hispanos del estado se sitúan en conjunto algo más a la derecha que sus homólogos del Estado Dorado.
Parte de la diferencia estriba en que mientras que los sindicatos han llevado a cabo una campaña de dos décadas para socializar y movilizar inmigrantes en California, no ha habido una campaña comparable en Tejas, puesto que los sindicatos apenas existen y ninguna otra institución ha dispuesto de los recursos o de la motivación para llevar a cabo ese trabajo.
Así pues, ¿debilita el aumento de familias multirraciales que se identifican como blancas las perspectivas de surgimiento de una mayoría demócrata? No lo sabemos.
Sabemos que la guerra continua de los republicanos contra los inmigrantes compensa probablemente alguna de las consecuencias políticas que pueden derivarse del fenómeno que describe con tanta perspicacia.
* Harold Meyerson, columnista del diario The Washington Post y editor general de la revista The American Prospect, está considerado por la revista The Atlantic Monthly como uno de los cincuenta columnistas más influyentes de Norteamérica.
Meyerson es además vicepresidente del Comité Político Nacional de Democratic Socialists of America y, según propia confesión, "uno de los dos socialistas que te puedes encontrar caminando por la capital de la nación" (el otro es Bernie Sanders, combativo y legendario senador por el estado de Vermont).
«»Fuente: The American Prospect, 11 de febrero de 2016.
«»Traducción: Lucas Antón.
http://www.sinpermiso.info/textos/ee-uu-como-votaran-los-hispanos-0
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